Barroco

BREVE RECORRIDO POR EL ARTE BARROCO

CONTEXTO HISTÓRICO

El Barroco fue una etapa artística que se desarrolló en la cultura occidental durante la Edad Moderna, entre las populares etapas del Renacimiento y la Ilustración en Europa occidental y también de manera notable en aquellas lejanas colonias latinoamericanas. 

Como tantas veces, debemos remitirnos a la etimología de la palabra para comprender su sentido y dirección. En este caso, Barroco en portugués significa “perla irregular”, cosa que desde luego tendrá relación con la lucidez, reflejo y pureza que posee esta etapa artística. No sólo por sus excelentes artistas y obras, sino también por la prolífera fase de progreso que supuso a escala global el propio Barroco. 




Leemos en más de un artículo o incluso en los libros físicos que el Barroco trasciende del Arte. No hay mejor manera de expresar lo que representó este tramo histórico. Periodo del florecer en el ámbito social, económico, tecnológico… Aunque quizás el ámbito cultural y artístico sea el que mejor ilustre el clima del momento. 

Y es que nos resulta algo cotidiano ver un progreso tan rápido y fructífero, pero desde luego los habitantes europeos de época barroca no acostumbraban a recibir tantas innovaciones de golpe.

De hecho es bastante gracioso leer obras de teatro propias del Barroco, pues bien reflejan autores como Jean Racine o Pedro Calderón de la Barca en España la sorpresa humana ante tales cambios. Cambios que más tarde en el género de la poesía barroca o prosa barroca serían adaptados para dejar huella también en el terreno literario.

En el ámbito artístico, refiriéndonos a las artes mayores, trataremos estas más detenidamente y focalizando nuestro ojo en todas aquellas innovaciones de técnicas y temáticas de la mano de nuevos artistas con ideas que realmente revolucionaron el Arte y cambiaron la dirección del mismo, en cierta parte. 

Pero no se quedó en arquitectura, escultura y pintura el magno nivel de obras artísticas, pues en la época Barroca suceden unas genialidades en la órbita musical, tales son los compositores Johann Sebastian Bach, George Frideric Handel y Antonio Vivaldi, que además de dejar un legado duradero e inquebrantable en la historia musical introdujeron nuevos géneros musicales como la ópera, la sonata y el concierto.

Y la mayoría de estas formas nos suenan a pesar de que lo melodioso no sea nuestro punto fuerte. Esto es debido a la magnífica vía de transmisión y la popularidad de las innovaciones que ganó todo lo relativo al Barroco. 

También en la ciencia, filosofía y tecnología surgieron adelantos, de la mano de grandes personalidades históricas como Galileo Galilei, René Descartes e Isaac Newton. Responsables indudables de una revolución del pensamiento a la hora de comprender el universo y la naturaleza connatural al ser humano.

Sus descubrimientos y obras son tan universales, que mencionarlas parece tarea ridícula. ¿Quién no conoce la anécdota de Newton y la manzana que cayó? ¿Alguien no recuerda la importancia de Galileo en la Revolución científica? ¿cogito ergo sum o ergo sum, Soy pensando?

Siguiendo con el hilo inicial, el Barroco nace en Italia, a finales del siglo XVII y llega a extenderse de tal manera que convive con el Rococó. Lo importante de la etapa que vamos a tratar es que pudieron ejecutar tales genialidades además de sufrir una de las épocas de crisis más brutales que se recuerden. 

La guerra de los treinta años será un hecho histórico que marque a aquellos humanos por encima de artistas, científicos o filósofos. Cosa similar sucederá con la crisis religiosa del siglo XVI, iniciada en Alemania. No debemos olvidar que por encima de todos aquellos genios, existía una persona humana.

Empática, capaz de sufrir y de dejar de lado su motivo u objetivo para poder comprender y palpitar. Muchos artistas se vieron obligados a dejar de lado sus obras por motivos existenciales, de pensamiento o sencillamente humanos. Por eso no se les reconoce como autores principales en este periodo. No nos olvidamos de ellos. 

Entrando en terreno más artístico, el Arte en esta época va a ser usado como propaganda por los Reyes y por el organismo de la Iglesia. La destinación y el enfoque que va a recibir el Arte siempre recaerá sobre el pueblo. Con funciones didácticas, moralizantes, a veces meramente relativas a la apreciación cultural.

ARQUITECTURA DEL BARROCO

En cuanto a la arquitectura del Barroco las novedades escasean si las comparamos con lo llamativo de otros periodos artísticos, pero vamos a encontrar diversas formas que se llegan a manifestar de maneras diferentes, de un modo que nunca había sido visto ni acaso pensado por nadie en la faz de la tierra.

Los arquitectos nos muestran unos muros girando, además de las tan características columnas estípites barrocas y las salomónicas, que giran sobre sí mismas. (Tenemos el referente más cercano en las Columnatas de Bernini en su Baldaquino de San Pedro.) 

Encontraremos las bóvedas cubiertas de yeso, los frontones partidos, el gusto de los arquitectos por las volutas pertenecientes a la orden clásica jónica y principalmente edificios ovales, elípticos. Parece que en el Barroco todo sucedía tan rápido que dejaron de normalizar lo lineal, tal fue así que los edificios dejaron de ser rectos al modo tradicional. 

Podemos observar todas estas características en la conocidísima Chiesa di San Carlo alle Quattro Fontane, tanto en el exterior como en el interior en su increíble bóveda de yeso de forma oval. Quizás Borromini, hombre atormentado y que nunca llega a recibir un encargo de los Papas, tomó referencia de la almendra mística propia del Románico, o quizás fue este efecto de movimiento temporal que logró una obra magnífica de este genio barroco.

Gian Lorenzo Bernini fue sin duda el gran arquitecto del periodo Barroco, trabajó para siete Papas, todos ellos mecenas del arte barroco y precursores de ese Arte propagandístico que caracteriza esta etapa. Ya hemos hablado de su Baldaquino de San Pedro, en el que yace subterránea la tumba del personaje bíblico. Además, está hecho sobre cúpula, que resalta a la vista en una primera ojeada a la obra. 

Destacamos también relativo al mismo apóstol, la Cátedra de San Pedro, que representa a los cuatro doctores de la iglesia. Incluyendo la paloma que representa como es tradicional al espíritu santo y ese efecto que sólo Bernini podía lograr, crear un efecto físico en el cual parece que el trono levita. 

No podemos olvidarnos de otras obras de este magnífico artista, como San Andrés del Quirinal, que reniega las fachadas rectas como es propio en este periodo y además posee un juego de luces y sombras remarcable desde cualquier punto de vista. 

Para finalizar con Bernini, arquitecto principal del ciclo Barroco no podemos dejar atrás la Plaza de San Pedro en el Vaticano, que fue hecha para ensalzar la cúpula de San Pedro del Vaticano y que los pedestales para subir a la balaustrada están decorados por 179 santos que muestran el abrazo de la magna Ciudad del Vaticano a la cristiandad. 

Como hemos hecho hincapié en la parte introductoria, hay artistas que fueron menos reconocidos por la historia del Arte, no obstante fantásticos arquitectos, tales son los casos de otros ilustres barrocos como Baltasar Longhena, Guarino Guarini o Juan Bautista Sachetti, que recibieron encargos de semejante volumen pero no ganaron tanta popularidad como nuestros dos arquitectos mencionados en detalle. 

ESCULTURA DEL BARROCO

La escultura barroca fue indudablemente expresiva. Los autores quisieron resaltar las pasiones y pretendían conmover al espectador mediante la abundancia de gesticulación en las obras, de ese característico dramatismo y mediante un fugaz movimiento presente en resultados escultóricos inertes que parecen tomar vida delante de nuestros ojos. 

Bernini decide que la arquitectura no será el único ámbito artístico que tratará, así que también enreda en la representación escultórica. Llegando a ser de nuevo el máximo exponente del espacio barroco en otra rama de las artes mayores. 

Entre sus grupos escultóricos más conocidos encontramos la sobresaliente representación de Apolo y Dafne, que nos permite poner rostro humano a los personajes mitológicos y que capta el momento exacto en el cual el contacto del divino Apolo produce la metamorfosis de Dafne.

El Éxtasis de Santa Teresa no deja atrás la inmensa habilidad de Bernini con el cincel sobre el mármol, y es que encuadrada en la hornacina correspondiente muestra de manera dinámica el momento exacto relativo a la aparición de un “Cupido” y como le propicia un flechazo a Santa Teresa.

En cuanto a la arquitectura exenta habría que mirar detenidamente el David de Bernini, que rompe con los modelos renacentistas de Donatello y de Miguel Ángel. Esta obra, es un encargo del cardenal Borghese en la que Bernini se esmera hasta conseguir un fruto rudo.

Presenta el momento del enfrentamiento con una expresividad muy humana, que no había sido representada hasta el momento gozando de tantísima popularidad. Y es que a veces tenemos que limpiar nuestras gafas para observar esta escultura. Pues sí, el David de Bernini se está mordiendo los labios mostrando un enfado casi empático. 

Cerca del Panteón romano de Agripa, en la Plaza Navona, Bernini dejó testigo de su teatralidad barroca una vez más. La Fuente de los cuatro ríos presenta los cuatro ríos más grandes de los cuatro continentes mediante diversos personajes mitológicos. Remata en un obelisco en cuya cúspide encontramos el Espíritu Santo haciendo referencia de nuevo a la sombra cristiana detrás de este tipo de arte. 

Además del famosísimo Bernini, tendríamos en la raíz escultórica a Alessandro Algardi, que asimismo de tener mano a la hora de captar la belleza y el dinamismo también destacó por su gracia e ironía en sus intensos relieves. O Francois Girardon, que fue el escultor de corte de Luis XIV, recibiendo el encargo escultórico decorativo del Jardín de Versalles.

PINTURA DEL BARROCO

Finalizando con la pintura barroca, encontramos los nombres más redundantes cuando pensamos en este arte mayor. En la pintura barroca encontramos ese dinamismo y ese movimiento que ya hemos podido examinar en las demás ramas, de una manera más altiva. 

La pintura mural y al óleo será una de las más admiradas en estos tiempos. Gracias a autores como Michelangelo Merisi da Caravaggio ganará mucha importancia el uso del color y de la luz en las obras pictóricas. Además la novedosa técnica perspectivista, “sotto in su”, que nos enseñará un nuevo camino de observar las obras, desde lo bajo hacia lo más alto. 

Pasar por alto la violencia y la tiranía con que Caravaggio trataba sus obras es algo imposible, y es que quizás sus cuadros no sean más que un reflejo de la tenebrosidad con la cual él percibía un mundo en contra suya, en contra de los criminales. Para amenizar la lectura, omitiremos caracteres biográficos de este artista, no sin omitir la entrada propiamente relativa a la vida y objeciones personales y artísticas de Caravaggio. 

La vocación de San Mateo, en la que encontramos uno de los más fantásticos recursos técnicos, el aggiornamento, capaz de representar a San Mateo en una taberna Italiana del siglo XVII. Esto nos recuerda a la armadura renacentista en El Expolio del Greco. 

La composición y la fuente lumínica de esta magnífica obra es de las más estudiadas en los tiempos relativos al lector. Pues aunque la obra data del 1601, nadie ha dejado de sorprenderse al captar la violencia de los colores y ese regazo de luz que nos regala Caravaggio.

Claramente la obra de Caravaggio no se queda en esta obra, aunque sí únicamente conservásemos esta pintura deberíamos rendir el mismo respeto y admiración a dicho artista. 

También en sus pinturas más importantes conservamos La muerte de la Virgen. Es raro, ¿no? Una Virgen sin ningún atributo más que el propio título que nos remita a tal figura bíblica. Se dice que el modelo que Caravaggio utilizó para representar a la “Virgen” fue el de una prostituta ahogada. La Iglesia rechazó esta obra y la consideró como un insulto, llegando a imponer condena a nuestro pintor barroco, claro que este se escapó, una vez más. 

El Baco para la familia Mèdici, Santo Entierro, Judith y Holofernes. Todas estas obras de Caravaggio merecen ser comentadas en un espacio mucho más amplio y que se centre en cada detalle de tales lienzos. Suerte poder dedicar tiempo a leer cada comentario particular… 

Judith y Holofernes, Michelangelo Merisi da Caravaggio, 1599.

Es cierto que Caravaggio sería el máximo exponente del Barroco italiano. Pero no pensamos quedarnos únicamente con él para representar una de las etapas más lucrativas en cuanto a la pintura y sus autores. 

En el siglo XVII en Holanda y España, casi pareciendo que de acuerdo, tres de los pintores más distinguidos en la historia del Arte pintan obras dotadas de un realismo, de una profundidad y de un movimiento que difícilmente podría suceder si no hubiese sido de la mano de los siguientes mencionados. 

El color se impondrá sobre el dibujo, y la influencia lumínica de Caravaggio, anteriormente mencionada, se dejará notar en estos autores tan excelentes. 

La actitud teatral, indagando en lo académico de las obras barrocas, estará presente y el sentido poético que nosotros hemos heredado de etapa renacentista (gracias a los humanistas) nos dejará reconocerlo de manera sencilla, relativamente. 

Las composiciones variadas y abiertas, llevarán a cultivar otro estilo pictórico, como el paisaje o el bodegón, que fascinará sobre una pintura que podría hacerse repetitiva en cierto momento. 

Bodegón de cacharros, Francisco de Zurbarán, 1636.

Sin dar más rodeos, y pareciendo una entrada tosca pasaremos a hablar del laureado Pedro Pablo Rubens. Se dice que la pintura de Rubens llegó a cautivar al mayor de los insensibles. Y es que hasta los poetas flamencos de aquellos Países Bajos, realzaban la magnífica labor de Rubens en un estilo exuberante en el cual premió la sensualidad y el dinamismo. 

Fue el pintor favorito del monarca español Felipe IV, y quizás es este uno de los motivos primordiales por el que podemos visitar alrededor de noventa pinturas del artista en el Museo Nacional del Prado, Madrid. 

Poseía una amplia formación humanista, remarcada en los ensayos del historiador Peter Burke. Y mostró grandes intereses por la Antigüedad clásica. Cosa observable en las obras que conservamos. Él mismo afirmó que consideraba necesario comprender a los antiguos para lograr la mayor perfección en la pintura. 

En obras como La adoración de los magos, la influencia tradicionalista veneciana se hace notar. Una composición en diagonal estudiada al dedillo protagoniza la obra, pero Rubens se lanza más al vacío introduciendo más composiciones en diagonal que se pueden observar tras un análisis iconográfico de dicha obra.

Emerge el foco de luz del Niño Jesús, los ropajes poseen un detallismo digno de tal magna pincelada, el estudio anatómico también destaca. Casi sin avisarlo, estaríamos ante una de las obras monumentales del pintor flamenco.

Una de las maravillas que podemos visitar en el Museo Nacional del Prado son Las tres Gracias. Trata el tema mitológico, las hijas de Zeus y de la nereida Eurínome, tratándose así de Aglaya, Talia y Eufrósine.

En realidad se piensa que esta representación mitológica únicamente fue una excusa que utilizó Rubens para pintar tres academias femeninas, que resaltan por sus carnes abultadas. Sabemos que Aglaya, es un retrato vivo de la mujer de Pedro Pablo Rubens. Todo un romántico… 

Conforme nos acercamos a la obra, descubrimos que la desnudez se anula pues permanecen tapadas por un velo que se acentúa en la distancia corta. A esto se une la esplendidez de una paleta de colores plenamente cálida, brillante y luminosa cuyo fondo es un paisaje sutil y pintoresco.

No queremos despedirnos de Rubens sin destacar El jardín del amor, que presenta una de las más sobresalientes alegorías del amor conyugal, contextualizada en el jardín de la propia casa del pintor. El personaje protagonista de esta obra no es otro que la Diosa Juno, que acompañada por un angelote muestra una actitud teatral propia de la época. 

Esta obra es especial ya que representa el matrimonio de Rubens, momento tras el cual toda su vida y concepción de la misma cambió brutalmente. Fue una pintura muy apreciada por él mismo, que no se deshizo de ella hasta el final de su vida. 

El jardín del amor, Pedro Pablo Rubens, 1630-1635.

Como segundo autor de la pintura del siglo XVII en Holanda y España (Entiéndase que no nos referimos a la palabra segundo como un orden de preferencia), subrayamos la presencia de Rembrandt Harmenszoon van Rijn, siempre llamado por su nombre principal Rembrandt, que fue principalmente pintor aunque también grabador neerlandés. 

Rembrandt se hizo popular relativamente joven, claro que este no conocía su triste y austero devenir, llegando a terminar su vida en una extrema ruina y en escenas trágicas dignas de Esquilo. 

Fue maestro de casi todos los magnates de la pintura neerlandesa, y destacó por su pincelada de genio sobre todo en los retratos que realizó para sus contemporáneos. Y es que muchas veces con analizar un retrato hecho por el pintor neerlandés barroco, nos basta para trazar o delimitar la biografía del protagonista, la protagonista o los protagonistas de dicho retrato. 

Algo así nos sucede al estudiar uno de sus retratos más desconocidos pero a la vez más alucinantes. 

Barroco
Retrato de un oriental, Rembrandt Harmenszoon van Rijn, No datado

La suavidad de la pincelada, la paciencia de Rembrandt con la pintura al óleo… Todo nos descifra la actitud y las emociones de este general oriental que retrató. 

Otra de sus obras que nos deja boquiabiertos es la Lección de anatomía del Dr. Pulp, que parece romper la cuarta pared y acechar al espectador con el mismo asombro con el que este observa la lección de anatomía. 

Rembrandt quiso introducirnos en el ambiente en el que él estuvo inmerso pintando la obra, encargada por la cofradía de cirujanos de Ámsterdam. Además, consigue lucirse representando un estudio anatómico exquisito que detalla en las costillas del ahorcado.

El Dr. Pulp explicó la lección allá por el 1632, pero a día de hoy sigue dándonos paso a conocer la musculatura de un brazo inerte mientras que sus alumnos son distraídos por nosotros mismos. 

Lección de anatomía del Dr. Pulp, Rembrandt Harmenszoon van Rijn, 1632.

Sería imprescindible mencionar otras de sus obras como La ronda de noche o La ronda nocturna, nombre que se debe a una equivocación propia del paso de los años. En un principio la obra estaría ubicada a plena luz del día, pero el barniz ha sido deteriorado y por esto mismo recibió un renombre. 

Se trata del gremio de los arcabuceros, palabra que deriva del arcabuz, arma utilizada en Europa durante los siglos XV y XVII. Como curiosidad de este cuadro, al igual que sucede en Las tres Gracias de Rubens, Rembrandt deja la presencia de su mujer, Saskia, en un cuadro que no recibe contexto para tal representación. 

Quizás representar a la persona que amabas en un cuadro que pasaría a la posteridad era la forma de ser romántico de estos pintores barrocos. 

La ronda de noche o La ronda nocturna, Rembrandt Harmenszoon van Rijn, 1642.

Bajo mi misceláneo criterio, una de las joyas que apenas se destacan de Rembrandt sería Los síndicos de los pañeros, que retrata a seis miembros de una comisión de la cofradía de los pañeros, en Ámsterdam. 

Otra excelentísima pintura que mira, de una manera más temeraria y casi acusando a todo aquel que se atreva a posicionarse delante de sus 191,5 x 279 metros pictóricos. Otro día escribiremos sobre ella en mayor profundidad. Mientras tanto, dejamos de mano lectora la intensa mirada de tales miembros. 

Los síndicos de los pañeros, Rembrandt Harmenszoon van Rijn, 1662.

Durante todo el artículo salvo algunos ejemplos, nos hemos centrado en la Italia barroca de siglo XVII, y es que así se desarrollaron los acontecimientos y autores destacados. Entre las orillas del mar que los romanos denominaron “mare nostrum”. 

Pero en España el Barroco también se desarrollaba, siguiendo los modelos italianos y con unas influencias notables. El siglo de Oro español en la pintura sucede en estos instantes. Época como ya sabemos de renovaciones, de reflejos, de formas… 

Barroco
La casa de Nazaret, Francisco de Zurbarán, 1645. 

Conocemos que Francisco de Zurbarán fue un pintor del Siglo de Oro español que no solo destacó en España. Natural de Fuente de Cantos, Extremadura. Su pintura nos deja un largo repertorio de índole religiosa, además de un cuidado al tratar la obra digno de admiración.

No solo hubo pintores en España, sino también grandes arquitectos y escultores barrocos, como Jusepe Leonardo, que en realidad se llamaba José, y logró ejecutar una maravilla barroca española, El palacio del Buen Retiro, en Madrid.

En la escultura barroca española tenemos una de las tradiciones más vivas y actuales. Celebrada con devoción, pasión y grandeza, la Semana Santa inunda las calles españolas de imágenes religiosas barrocas con mayor popularidad en la ciudad de Sevilla. 

Tenemos magníficas tallas en capillas, que a veces se sienten museos envueltos en un ambiente extrasensorial que puede llegar a palparse a pesar de no compartir ideología católica. 

Desde Nuestro Padre Jesús de la Pasión, que muestra el momento de Jesús dirección al Calvario cargando la cruz, al Santísimo Cristo de la Expiración, en el momento de su crucifixión y de estilo neobarroco, que procesionará en las calles de Roma en el próximo Jubileo del año 2025. 

En momentos tan importantes relativos a los pasajes bíblicos, una figura materna acompañó el sufrimiento de su hijo. Vemos en la magnífica escultura de Juan Martínez Montañés el llanto de una Madre, que sufrió por su hijo y confió en sus palabras hasta la conocida Resurrección. No se trata de otra obra sino La Virgen del Valle, que nos hace sentir cosas inexplicables al acatar con detenimiento sus ojos y ver su palio marchar en el Jueves Santo por la capital andaluza.

En la misma ciudad donde tanto barroco poseemos, Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, conocido comúnmente por su apellido Velázquez, nace un 6 de junio de 1599. El sevillano es sin duda uno de los pilares fundamentales del Arte español. Y con mucho más énfasis del Barroco, en pleno Siglo de Oro. 

Muchos lo acusaron de que recibió ayudas para llegar a un puesto tan privilegiado en la pintura española, pintura que ejecutó en su mayoría para el Rey, para la corte. Más tarde sería ascendido a pintor de cámara, el cargo más importante dentro de los pintores de corte.

Velázquez goza de mucha popularidad tanto en España como en el resto del mundo, y es que no reconocer su importancia y su talento definido es un acto de locura. 

El tenebrismo de Caravaggio fue un recurso que a Velázquez llamó la atención, y esto mismo lo lleva a una de sus primeras obras, El aguador de Sevilla, que presenta tímidamente la transmisión de conocimiento entre las tres diferenciadas edades de la vida. 

Esto es polémico, ya que entre los personajes no hay ningún indicio de comunicación recíproca, aunque el detallismo, la suavidad de las texturas pictóricas y la ambientación andaluza nos deleitan sin necesidad de cuestionar la vía de correspondencia entre los personajes. 

En esta línea, la Vieja friendo huevos regresa a ese tenebrismo tan caravaggiesco y con la carencias en la comunicación. Y es que, seamos sinceros, a nosotros también nos costaría mirar a los ojos a las figuras de Velázquez. 

En esta obra podríamos destacar el uso de una paleta aún más violenta que en la pintura mencionada anteriormente, y como el astro sevillano juguetea con los bodegones, en este caso de cacharros, y entona en este lienzo al óleo un ambiente bruto. 

Barroco
Vieja friendo huevos, Diego Velázquez, 1618.

Diego Velázquez también fue un amante de la Antigüedad Clásica, y efectuó diferentes obras pictóricas relativas a los mitos. Una de las más célebres es La fragua de Vulcano, en la que el Dios Apolo metamorfoseado en un ángel le revela a Vulcano el adulterio de su esposa, Venus, con Marte. Se cuenta que tras ello, Vulcano entró en cólera perdiendo el control de sí mismo y del trabajo que realizaba en el instante que Velázquez recoge. 

Quizás la postura de Vulcano y la predisposición del gremio de los herreros nos desvela la indignación del masculino protagonista. 

La fragua de Vulcano, Diego Velázquez, 1630. 

La fragua de Vulcano estuvo expuesta en un primer momento como decoración del Palacio del Buen Retiro de Jusepe Leonardo, mencionado previamente, y hoy podemos visitarlo en el Museo Nacional del Prado, en Madrid.

Entre sus temas mitológicos, Las Hilanderas o La fábula de Aracne sería el ejemplo perfecto para explicar un movimiento y bullicio que no llega a ser violento pero que se mueve. Se está moviendo. Las pinceladas son fugaces, así como el instante de la costura. Todo en esta pintura está hilado con delicadeza y esmero… 

Las hilanderas, Diego Velázquez, 1657. 

Centrándonos más en su pintura oficial de corte, la técnica del retrato llegó a ser más que conocida por Diego Velázquez, que retrató a todos y cada uno de los personajes reales desde los más pequeños de la corte, hasta los más ancianos de la misma. 

Y no únicamente personajes de la realeza, pues los retratos en serie de los enanos de la corte son graciosos de observar y curiosos de elaboración. Claro que aunque fueron fruto de risas, Velázquez como pintor se limitó a retratarlos, pero en ningún momento quiso reírse de ellos. El más conocido es El bufón el Primo, aunque luego conociéramos el dato dudoso de que no es el enano “El primo”.

Barroco
El bufón el Primo, Diego Velázquez, hacia 1645.

Aunque nos hemos resistido, aquí dedicaremos un espacio a subrayar la importancia de la que para muchos es la obra más importante jamás hecha de mano española.

Comenzando con las obras de autoría de Velázquez, el lector puede haber sentido inquietud por la no primerísima mención de esta obra. Lo mejor siempre viene al final, y así lo dejó también el pintor sevillano, que hacia el final de su vida termina su obra culmen, Las meninas o La familia de Felipe IV. Una de las obras más analizadas y comentadas en el mundo del Arte. 

Las Meninas, Diego Velázquez, 1656.

La obra gozó de la popularidad otorgada a partir de 1819, cuando a partir de la apertura del Museo Nacional del Prado pudo ser contemplada por más personas. 

El tema central es el retrato de la Infanta Margarita rodeada por sus sirvientas personales, las “meninas” Aunque la obra no se queda ahí, pues también aparece al fondo (Documento gráfico 47) el retrato de Felipe IV y Mariana de Austria, que están fuera de escena observando el trabajo del pintor. Velázquez se autorretrata trabajando el mismo lienzo que podemos analizar. 

El cuadro está repleto de simbología, tales como la Cruz de Santiago que Velázquez pintó en su pecho tiempo después de la versión definitiva. Así como la lealtad de las meninas con la Infanta Margarita que deducimos a través del perro. 

Un cuadro que ha dado tanto que hablar es complicado de ser tratado en unas pequeñas líneas, pero ya sin conocer a fondo la estricta composición, las diversas teorías acerca del cuadro y la maravillosa luminosidad que conseguimos gracias a la imposible de valorar restauración por parte del equipo de restauración del Museo Nacional del Prado, hace 40 años y pocos días. 

Barroco
Autorretrato, Diego Velázquez, hacia 1640.

Está claro que Diego Velázquez supone una fibra intensa en la rama pictórica barroca, y su reconocimiento es tan amplio que sin mencionar sus pinturas ya aparecen las mismas por nuestra mente. 

Concluimos un artículo extenso pasando por los nombres principales en la etapa Barroca italiana, holandesa y española. Claro está que la universalidad del Barroco fue correcta en su definición, y llegó a desarrollarse este estilo artístico en todos los rincones del mundo. 

Tratar con todos los autores internacionales que se afligieron a este movimiento o periodo histórico sería una tarea pesada, y aunque no sea el contexto, pues el principal objetivo es introducir a nuestros lectores a la etapa citada, valoramos de igual forma a cualquier autor y obras respectivas. Siendo el Barroco una de las etapas más prolíficas de la historia del Arte. 

Barroco
Baco, Michelangelo Merisi da Caravaggio, 1598.

BILIOGRAFÍA Y WEBGRAFÍA

GOMBRICH JOSEF, Ernest Hans: La Historia del Arte, Nueva York, 1995. (Diferentes consultas) 

LAMBERT, Gilles: Caravaggio, Madrid, 2007. 

ARGELICH, María Antonia, Caravaggio, luces y sombras, Canarias, 2024. BURKE, Peter. El Renacimiento: Europa, 1480-1520. Madrid, 2015. 

HAUSER, Arnold. Historia social de la literatura y el arte, Vol. 3: El Barroco. Madrid, 2007. 

MARAVALL, José Antonio. La cultura del Barroco: análisis de una estructura histórica. Barcelona, 2016. 

PAZ, Octavio. Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe. México, 1982. SCHAMA, Simon. El ojo de la historia: El barroco y el nacimiento del espectador. Barcelona, 1996. 

The Metropolitan Museum of Art. «Baroque Art.» https://www.metmuseum.org/toah/hd/baro/hd_baro.htm 

The J. Paul Getty Museum. «Baroque.» https://www.gettyimages.es/

The British Library. «Baroque and English literature.» https://www.bl.uk/

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