Carmen Laffón: enamorarse de lo cotidiano

LA FIGURA DE CARMEN LAFFÓN

Una mirada a la pintura de Carmen Laffón, a su manera de entender la luz, el paisaje y los objetos que nos rodean. Todavía estás a tiempo de descubrir su obra en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, hasta el 27 de septiembre.

Hay exposiciones que se visitan y otras que se quedan contigo y yo me he enamorado de los cuadros de Carmen Laffón. Obras que no necesitan imponerse para conseguir que te detengas delante de ellas, que te hacen mirar un poco más despacio y descubrir algo que, hasta ese momento, no habías sabido ver. Su pintura pertenece a esa clase de experiencias. Frente a sus cuadros, lo cotidiano adquiere otra dimensión y la belleza aparece sin necesidad de levantar la voz.

Aprender a mirar con Carmen

Lo primero que me sorprendió de esta artista fue su capacidad para convertir lo aparentemente insignificante en algo que merece ser contemplado. Un cesto, una cuna, un armario, una extensión de tierra o el horizonte de las salinas. Elementos que podrían pasar desapercibidos en cualquier otro contexto y que, bajo su pincel, se transforman en motivos de estudio, memoria y emoción. Su pintura no necesita recurrir a grandes acontecimientos para hablarnos de la vida, a ella le basta y le sobra con observarla.

La cuna (1969)

El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza reúne en Carmen Laffón. Variaciones, 77 obras que recorren más de seis décadas de trayectoria, desde 1956 hasta 2021. La exposición, comisariada por Paula Luengo, propone un recorrido por los motivos que acompañaron a la artista a lo largo de su carrera, desde los objetos de sus interiores hasta los paisajes de Sevilla, Sanlúcar de Barrameda y Doñana. Óleos, carboncillos y esculturas dialogan entre sí para mostrar cómo una misma imagen puede convertirse en una investigación pictórica que nunca termina.

La belleza de lo que permanece

Hay algo especialmente atractivo en la forma en la que Laffón se aproxima a sus temas. No parece interesada en representar el mundo como una imagen cerrada, definitiva, sino en explorar sus cambios, sus matices y aquello que se escapa cuando intentamos fijarlo. Sus series y variaciones parten de elementos reconocibles, pero la repetición no los agota: cada nueva aproximación abre una posibilidad diferente de mirar.

En sus obras, la pintura adquiere un protagonismo que va más allá de lo representado. Las formas se desdibujan, las superficies se llenan de veladuras y las manchas de color construyen una atmósfera que, en ocasiones, se acerca a la abstracción. La artista comienza desde una perspectiva realista mediante el uso del óleo , pero su recorrido la lleva a interesarse cada vez más por las posibilidades del propio lenguaje pictórico asimilándose a la técnica del pastel.

Es precisamente ahí donde creo que reside una de las grandes razones para enamorarse de su obra. En esa capacidad de reconocer un paisaje sin sentir que estamos ante una simple reproducción. La artista no parece querer explicarnos lo que vemos, sino invitarnos a permanecer delante de ello hasta que empiece a decirnos algo.

El sur como forma de entender el paisaje

La relación de Carmen con Andalucía atraviesa buena parte de su producción. Sevilla y Sanlúcar de Barrameda no funcionan únicamente como escenarios, sino como lugares vividos, observados y transformados a través de la pintura. El paisaje se convierte en una experiencia íntima, vinculada a la memoria y a la percepción.

Sus vistas del Coto de Doñana, las viñas y las salinas de Bonanza muestran diferentes maneras de acercarse a un territorio. En lugar de limitarse a reproducir sus elementos, Laffón trabaja con la luz, la extensión y el silencio visual de estos espacios. Sus grandes formatos permiten que el espectador se sumerja en el paisaje y perciba sus variaciones, sus zonas de claridad y sus cambios de intensidad. 

Me gusta pensar que su pintura nos recuerda que un paisaje no es solamente aquello que tenemos delante, sino también todo lo que hemos sentido al contemplarlo. Una misma vista puede cambiar según la hora del día, la estación o el momento vital desde el que la observamos. En ese sentido, las variaciones de Laffón hablan tanto del mundo exterior como de nuestra propia manera de relacionarnos con él.

Pintar lo cotidiano, volver a descubrirlo

Los objetos ocupan un lugar fundamental en su obra. Sus cestos, armarios, cunas y otros elementos domésticos no aparecen como simples accesorios, sino como presencias que concentran una historia.

La pequeña alacena (o Armario de madera), pintada en 1973

La muñeca Marcelina, por ejemplo, forma parte de esas iconografías que la artista retoma a lo largo de su trayectoria. Lo mismo ocurre con los armarios o los cestos, motivos que aparecen en distintas etapas y técnicas. Esta insistencia no parece responder a una falta de temas, sino a la voluntad de descubrir qué puede seguir ofreciendo una imagen cuando se la vuelve a mirar.

Nos demuestra que aquello que vemos todos los días puede esconder una complejidad que no siempre nos detenemos a percibir. Hay una lección en esa forma de trabajar: no hace falta buscar constantemente algo extraordinario cuando todavía no hemos aprendido a mirar lo que ya tenemos delante.

Una pintura que no se agota en una primera mirada

A medida que avanza el recorrido por la exposición, resulta interesante observar cómo Laffón vuelve sobre sus motivos desde diferentes técnicas y momentos de su carrera. El carboncillo, el óleo y la escultura le permiten explorar las formas de maneras distintas, sin abandonar ese universo visual que construyó durante décadas.

Su incorporación a la escultura a partir de mediados de los años noventa amplía las posibilidades de su trabajo. Los objetos encontrados y las piezas vinculadas a temas como la cal o las salinas muestran una etapa de mayor libertad, en la que la artista experimenta con otros formatos y materiales.

Sus obras tienen una sensibilidad propia, una forma de detener el tiempo y de hacer que el espectador participe en esa contemplación.

Salir del Thyssen con ganas de volver a mirar

Su pintura no necesita grandes gestos para emocionar. Se construye a través de la atención, de la repetición y de una sensibilidad que encuentra en los paisajes y los objetos de su entorno motivos suficientes para seguir pintando.

Todavía estás a tiempo de descubrir a Carmen Laffón en el Thyssen. La exposición Carmen Laffón. Variaciones puede visitarse hasta el 27 de septiembre de 2026, y reúne una parte esencial de ese universo que la artista construyó a lo largo de más de sesenta años. Una oportunidad para acercarse a su obra, pero también para salir del museo con una pregunta que merece la pena llevarse a casa: ¿cuántas cosas estamos dejando de mirar?

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