EL COLOR AZUL EN EL ARTE
Si el azul es tu color favorito estás de enhorabuena, has escogido el color con más arte.

Si nos limitamos a la vida real podríamos decir que el azul es el color del mar, del cielo y del boli bic. Sin embargo, este color tiene una historia propia en el mundo del arte, siendo uno de los tonos más valorados por los artistas a lo largo de los siglos.
Una de las razones radica en la dificultad para obtenerlo y transportarlo, lo cuál encarecía mucho su precio. Esto provocaba que los pintores, desde la Edad Media, lo reservaran para detalles muy concretos asociándolo a la pureza, la bondad o el honor.
Solo aquellos mecenas con alto poder adquisitivo podían permitirse pagar un lienzo lleno de azul. Otros con menos posibles lo reservaban para pequeños detalles que revalorizaban el lienzo.
Sabiendo esto ya no nos puede extrañar por que la realeza escogió esta tonalidad para describir su sangre ni por qué siempre han sido tan valorados los príncipes azules.
AZUL DE ULTRAMAR
Si queremos saber el por qué de toda esta historia debemos conocer primero el origen de este color. Procede un mineral muy valioso, el lapislázuli, que si bien se puede encontrar en más sitios, es originario de Afganistán.
Esta piedra ha sido muy apreciada desde tiempos remotos. En el antiguo Egipto adornaban los escarabajos sagrados con ella y también aparece en máscaras funerarias.
Otro de los usos que se le daban estaban relacionados con la medicina. Se machacaba hasta conseguir polvo y se utilizaba por sus supuestos poderes curativos. Por supuesto, también era valorada en forma de gema, como pieza de joyería.

Todo ello hacía a este pigmento muy apreciado, pero a ello se sumaba su transporte en barco. Este proceso era tan caro y complicado que le acabó por dar el nombre de “azul de ultramar”.
En ello encontramos la justificación de su alto precio, llegando incluso a ser comparado con el oro. Tanto es así que algunos pintores, como Vermeer, llegaron a endeudar a su familia para poder afrontar los gastos que suponía incorporar este mineral a su paleta.

UNA NUEVA ICONOGRAFÍA
Dado el valor de este color es natural pensar que no podía pasar desapercibido durante el Renacimiento. Este fue el periodo de la historia de la pintura occidental en la que se consolidó gran parte de la iconografía religiosa.
En este caso, y teniendo en cuenta su alto valor, el azul fue el elegido para el manto de la Virgen. Si nos fijamos, es el manto azul junto con una túnica roja, el pelo rubio y la tez pálida como seguimos concibiendo a María actualmente.

EL GRECO Y LOS MATICES
Uno de los autores que hizo del azul una parte fundamental de su obra fue el Greco. Formado en el mundo veneciano, conocía muy bien el arte religioso.
Además de los lugares habituales, el Greco lo usa para dar profundidad y corporeidad a sus pinturas, otorgándoles esa espiritualidad y misticismo que tanto le caracteriza.

LLEGADA DE LAS VANGUARDIAS
Podemos afirmar que etapa tras etapa existe una tónica común. Los artistas caen rendidos una y otra vez ante la potencia de este color. Sin embargo, con la llegada de las vanguardias se le dieron nuevos usos.
Más allá de la convención y como símbolo de poder, el azul pasó a ser un tono con el que expresar las emociones más profundas, muchas veces relacionadas con la tristeza, la intensidad o la amargura.
Algunos de los ejemplos más llamativos los encontramos en Gauguin o Van Gogh, que se valían del azul huyendo de la representación natural de la realidad. Es decir, usándolo de forma artificial como un medio de expresión para hablar de la soledad, la emoción o incluso la locura.


EL AZUL Y LA EMOCIÓN
Otro de los momentos en el que el azul ha destacado en la historia del arte es en una de las etapas más complicadas de Picasso: el periodo azul.
Para desarrollarla se inspiró en sus predecesores pero haciéndolo de forma única hasta el momento.
Más allá de su valor comercial, el malagueño escogió esta gama de colores para expresar el dolor y la tristeza que sentía tras el suicidio de su amigo Carlos Casagemas.
Los diferentes tonos fríos sumado al tema y la composición casi aislada de los personajes en los cuadros, dan como resultado una serie de pinturas en las que es fácil identificarnos lo que Picasso quería transmitirnos.

Vemos que los artistas que han recurrido en su obra a este matiz son incontables. Entre ellos destacan aquellos que son capaces de ir más allá del uso natural de los colores.
En este caso Georgia O´Keeffe es un ejemplo de cómo la presencia del azul como eje central de un cuadro puede ser motivo más que suficiente para pintarlo.
Esta artista que navega entre la abstracción y la figuración consigue, únicamente con el uso de una línea en este tono, crear poderosísimas insinuaciones y jugar con nuestra percepción.

AZUL KLEIN
Por último y aunque los nombres son cientos, no podemos hablar del azul sin citar a Yves Klein. Este artista conceptual se hizo mundialmente famoso, entre otras cosas, por sus cuadros monocolor. En concreto gracias a los azules.
Y es que Klein mezcló el azul ultramar con el aglutinante Rhodopas para dar con un nuevo tono, patentarlo y darle su propio nombre. Azul Klein.

Además, también lo usaba en performances. En ellas hacía a sus modelos teñirse de este color y caminar, enrollarse, tirarse al suelo o desparramar el azul como muestra de la fuerza de este mismo.
Y CONTINÚA HOY
Una vez realizado este recorrido solo nos queda continuar disfrutando del arte.
Apreciando cada obra que se nos presente con nuevos ojos, identificando en este caso el azul y entendiendo cómo el valor de algo tan sencillo como una tonalidad puede llenar de historia, emoción y sensibilidad una obra e incluso nuestra vida.


9 respuestas a «El poder del azul en el arte»
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