Joel-Peter Witkin

REVISIÓN DE LA OBRA DEL ARTISTA

Joel-Peter Witkin
Joel-Peter Witkin en 2012 (fotografía de Raphael Gaillarde).

Joel-Peter Witkin, nacido en 1939, es un artista afincado en Nuevo México, Estados Unidos. Su trabajo se basa principalmente en los cuerpos, motivo por el que en sus fotografías están muy presentes los modelos pertenecientes a colectivos marginales, como personas con enanismo y malformaciones, o personas intersexuales y transgénero, a las que suele representar con la intención de ennoblecer sus físicos a través de la representación artística.

La técnica que utiliza es principalmente la fotografía analógica, concretamente el ambrotipo, procedimiento fotográfico muy utilizado entre los años 1855 y 1865. Una vez tomada la fotografía, une el proceso mecánico y físico, experimentando directamente sobre la fotografía mediante el retoque y la alteración directa sobre la capa de colodión del negativo de la placa fotográfica. De esta forma, sus imágenes monocromas sobre un fondo negro obtienen esa estética tan característica.

Witkin es un artista que trabaja de forma directa con temas capitales como el dolor y la muerte, y es habitual encontrar en sus imágenes cuerpos fragmentados, vivos y muertos a los que, a través de su descontextualización, incorpora a bodegones, composiciones clásicas y retratos.

Cargada de desnudos y referencias a la historia del arte, en su obra es especialmente significativo el uso que hace de cadáveres para sus composiciones, fin para el que llega a conseguir acceso a un depósito de cadáveres de la ciudad de México donde se las arregló para que le concedieran permisos con el fin de usar algunos de los cuerpos para sus fotografías.

Joel-Peter Witkin
The Raft of George W. Bush, 2006

Su práctica artística se ve intensamente influenciada por sus experiencias personales y una serie de incidentes biográficos que en gran parte determinarán el carácter de su obra. Alude a menudo a referencias de la iconografía católica, interés que le viene de una profunda educación judeocristiana, ofreciendo sus propias versiones transgresoras de la piedad, el martirio o la crucifixión. 

En Still Life with Mirror (1998) aparece un pie amputado con clavos en referencia a la crucifixión de Cristo.

En la obra de Witkin nos enfrentamos a la resonancia del trabajo de los grandes maestros de la pintura como Géricault, a través de sus estudios de cadáveres y cabezas cortadas (1818), y Los desastres de la guerra de Francisco de Goya en Los Caprichos (1810). Por supuesto, también de fotográficos pictorialistas como E. J. Bellocq, Oscar Gustave Rejlander, Henry Peach Robinson, Julia Margaret Cameron y su contemporánea Diane Arbus.

Al mismo tiempo, según el propio Witkin, su particular visión y sensibilidad en torno a la búsqueda de la belleza en la deformidad y la muerte provienen de un episodio que presenció siendo pequeño, en el que fue testigo accidental de una decapitación:

«It happened on a Sunday when my mother was escorting my twin brother and me down the steps of the tenement where we lived. We were going to church. While walking down the hallway to the entrance of the building, we heard an incredible crash mixed with screaming and cries for help. The accident involved three cars, all with families in them. Somehow, in the confusion, I was no longer holding my mother’s hand. At the place where I stood at the curb, I could see something rolling from one of the overturned cars. It stopped at the curb where I stood. It was the head of a little girl. I bent down to touch the face, to speak to it—but before I could touch it someone carried me away.»

Joel-Peter Witkin
En Head of a dead man (1990), muestra una cabeza humana en un plato, evocación de la muerte de San Juan  Bautista.

El incidente de la cabeza tiene una gran conexión con la concepción de Witkin sobre la fotografía, a través de la que comparte su confusión, su falta de comprensión de la naturaleza humana, el camino hacia un estado sin distinciones donde la vida y la muerte coexisten. Los cadáveres, las cabezas decapitadas y la imagen del crucificado, fruto de sus experiencias con la religión, juegan un papel importante en su repertorio y forman parte de la razón por qué es tan conocido su trabajo. Vemos un amplio espectro de imágenes que recrean escenas enmarcadas en un estilo potente y muy personal, creando una atmósfera atrayente, donde despierta la sensación de lo siniestro.

Su forma de trabajar otorga a la muerte esa originalidad en la que sus personajes no están en el proceso de morir, sino que son difuntos que realizan acciones que pertenecen al mundo de los vivos y responde a la presión ejercida por las convenciones sociales para expresar lo que de otra manera la sociedad no expresaría. 




Recrea los motivos, colores, texturas y sombras de las fotografías post mortem del siglo XIX, cambiando los negativos e imprimiendo sus fotografías creando efectos similares a los que podemos ver en fotografías de esta época con las que definitivamente hay una conexión.

En las fotografías post mortem con frecuencia colocaban los cuerpos como si no estuvieran muertos, sino dormidos, es una teatralización del muerto como vivo o como parte de la vida; las imágenes se centran en desdibujar la frontera entre la vida y la muerte, entre el sujeto y el objeto, entre lo humano y lo no humano, mostrándonos una visión más compleja, a través de la brutalidad y la violencia que reflejan los cadáveres que se orquestan acciones que pertenecen al mundo de los vivos.

The Kiss (1982), probablemente su fotografía más difundida, en la que una mirada más cercana a lo que parece ser dos rostros besándose revela que ambos tienen una misma cara. Son dos mitades de la cabeza de un cadáver dispuesto como un bodegón, con un manojo de piel, venas y músculos donde estaría el cuello. Aunque sorprendente y horrible, la imagen adquiere simultáneamente una calidad de otro mundo, casi elegante.
Glassman (1994), representa el cuerpo cosido de un hombre muerto. Witkin niega la realidad de la muerte, la inmovilidad del cadáver en frente de la cámara. Quiere verlo moverse, incluso cuando este movimiento imposible de los dedos del hombre no puede ser capturado en una imagen fija. El resultado es más bien grotesco: una parodia de la capacidad de las manos y gestos humanos para transmitir significado.

Desde la fotografía, Joel-Peter Witkin crea multitud de representaciones en el campo artístico de la muerte, el cuerpo fragmentado, el otro  y sus construcciones visuales; podemos observar diferencias y similitudes entre ellas, pero tienen en común la intencionalidad de un nuevo vocabulario creativo en torno a un contenido de naturaleza y temática compleja. Esa tensión entre la muerte y la vida, la bestialidad y la belleza es, sin duda, la marca registrada de toda su producción artística.

BIBLIOGRAFÍA

COKE, Van Deren. Joel-Peter Witkin: Forty Photographs. San Francisco: Library of Congress Cataloging-in-Publication Data, 1985.

MARINO, Thomas. Joel-Peter Witkin: An Objective Eye. Documental, 2012.

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