La evolución del cristianismo y los orígenes de la imaginería religiosa

LA IMAGINERÍA RELIGIOSA. UNA VISIÓN HISTORIOGRÁFICA SOBRE LA SEMANA SANTA

Con el Domingo de Resurrección se pone fin a una de las tradiciones más arraigadas de nuestro país: la Semana Santa.

A pesar de la lluvia, estos días hemos podido observar y recordar las tradicionales imágenes religiosas de las numerosas cofradías y hermandades que componen el acervo religioso y cultural español. Sufrimiento, calvario, pasión…

Los rostros y cuerpos de las imágenes representan la parte más dura de la condición humana: el dolor. Un dolor que, se crea o no en Dios, trasciende a toda la Humanidad. Cualquiera que mire a un cristo crucificado o a una dolorosa puede reconocer en ellos los sentimientos a los que, en mayor o menor medida y por desgracia, nuestra especie está condenada. 

A continuación, nos asomaremos brevemente a la ventana de la historia para comprender cuál es el origen de las representaciones artísticas de la Semana Santa, con objeto de comprender un poco mejor esta tradición y el sentido de sus esculturas. 




CONTEXTO HISTÓRICO: CONCILIOS, ICONODULIA Y EL ORIGEN DE LAS REPRESENTACIONES SAGRADAS

Los concilios, sínodos o juntas religiosas fueron encuentros que, desde la Edad Media, perfilaron las bases del cristianismo y, más concretamente, del catolicismo actual. Como bien saben, esta religión fue en sus inicios perseguida por el politeísmo ancestral que había dominado en las civilizaciones griega y romana hasta el siglo III.

En dicho siglo puede resaltarse un punto de inflexión en la historia de la Humanidad: el cristianismo empezó a mirarse con otros ojos. Iba a ser tolerado, primero, y lo que es más significativo: establecido, con la diferencia de tan solo cuatro décadas, como la religión oficial del Imperio de Roma, en la religión oficial del universo mediterráneo.

De Constantino (306-337 d.C.) a Teodosio (379-395 d.C.), los dogmas político religiosos de Occidente habían virado hacia el dominio de este nuevo credo. 

Se iniciaba así una larga historia para el cristianismo, no solo de facto, sino de iure: sus planteamientos fueron perfilándose y cuestionándose a lo largo de numerosas experiencias, siempre en respuesta a las versiones paralelas (“herejes”) desde los focos oficiales.

Previo al Edicto de Tesalónica (380 d.C.), el edicto de oficialización, se celebró el Concilio de Nicea, ya en el año 325 d.C.: la primera de las grandes reuniones ecuménicas que iniciaría la senda oficial en torno a la doctrina cristiana, de la que se concluyó que la naturaleza de Cristo era humana y divina (consustancialidad), acallando la herejía arriana que solo consideraba al Mesías como uno más de los mortales.

Consecuentemente, se ponía de manifiesto la doctrina de la Trinidad: Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo. 

La evolución del cristianismo y los orígenes de la imaginería religiosa
La evolución del cristianismo y los orígenes de la imaginería religiosa: El bautismo de Cristo, de Piero della Francesca (ca. 1450, Quattrocento)

En esta icónica obra de perspectiva y geometría, además de poner de manifiesto la técnica del Renacimiento, el autor refleja a la perfección la consustancialidad de Cristo.

En la imagen, Jesús recibe el primer Sacramento de los mortales, si bien la presencia de la paloma refleja el Espíritu Santo: desde el mismo momento de su concepción y nacimiento, Él es el hijo del Padre, por lo que su divinidad está impresa en su identidad. 

Saltando hasta el Séptimo Concilio Ecuménico o Segundo Concilio de Nicea (año 787), es este de especial relevancia para la Historia del arte: destituyó la iconoclasia o rechazo a la veneración de imágenes sagradas, resultando la iconodulia oficial que caracteriza al catolicismo actual, es decir, la permisibilidad de la veneración de las imágenes (que no su adoración –latreia-, para evitar fanatismos).

Ideológicamente, este hecho puede remarcarse como el punto de partida de las representaciones del arte románico que, precisamente, proliferaron en el siglo VIII. 

La evolución del cristianismo y los orígenes de la imaginería religiosa: Tímpano de la Iglesia de Santo Domingo de Soria (siglo XI, España)

Dios Padre es representado en el interior de una mandorla de formal almendrada, en posición sedente y sosteniendo sobre sus piernas a Dios Hijo. Los cuatro Evangelistas flanquean la mandorla.

La división del Imperio romano y su posterior devenir a partir del siglo III pueden considerarse un preludio del Gran Cisma religioso que culminó en el año 1054: La separación de la Iglesia cristiana de Occidente respecto a la ortodoxa de Oriente.

El Papa y el Patriarca: dos cabezas para un mismo credo, marcado por las diferencias desde el final del Imperio. Artísticamente, este fue el último siglo del románico, dando paso a los inicios del gótico en el siglo XII.

Desde el radiante al flamígero, la filosofía escolástica de Santo Tomás de Aquino (ca. 1225-1274) acompañó a las manifestaciones artísticas del gótico, que en arquitectura quedaron dominadas por la verticalidad y la luz.

Dios estaba presente a través del conocimiento, y la Iglesia era el lugar idóneo para conectar con su presencia. La escultura gótica inicia en este contexto la senda de las representaciones naturalistas de los personajes sagrados, ya no solo en las portadas de las catedrales, sino también con ejemplos de bulto redondo, caso de la icónica Virgen Blanca de Toledo.

Se trata de una representación de María con el niño, una iconografía que ya había tenido su práctica pictórica a finales del siglo XIII en la Maestà, la representación de María como reina de los cielos y madre del salvador. 

La evolución del cristianismo y los orígenes de la imaginería religiosa: Virgen Blanca de Toledo

El Manierismo, el estilo particular bisagra entre el Renacimiento y el Barroco, dio un paso más en la representación de las imágenes sagradas en Occidente (a pesar de que los artistas manieristas, como hijos del Renacimiento y personajes transversales a él, practicaron también las temáticas paganas).

Cabe mencionar aquí a Miguel Ángel Buonarroti, quien muestra en su primera Piedad, la Piedad Bandini o Florentina (1553) una primera imagen en movimiento de Cristo descendiendo muerto en los brazos de su madre. 

La evolución del cristianismo y los orígenes de la imaginería religiosa
La evolución del cristianismo y los orígenes de la imaginería religiosa: Piedad Bandini o Florentina (1553)

Miguel Ángel comprendió la dinámica serpenteante de los cuerpos barrocos antes de que se iniciara oficialmente el estilo. Como bien conocedor de San Pedro del Vaticano y de la cristiandad oficial de Roma, en esta primera escultura sobre la Piedad representó el cuerpo yacente de Cristo con una logradísima expresión del pathos de la mortandad.

Si bien María no parece del todo acabada ni es la protagonista de la escena, la figura principal de esta estructura triangular ya anuncia el dramatismo de la Pasión. 

EL CONCILIO DE TRENTO (1545-1663): LA CONTRARREFORMA Y UN NUEVO ESTILO DEARTE. EL BARROCO

La imaginería religiosa procesionaria, la que se conoce popularmente y la que observamos en las calles de nuestro país, halla su sentido historiográfico en los preceptos del Decimonoveno Concilio Ecuménico o Concilio de Trento, lugar de acogida de la Contrarreforma.

Tres dieciocho años de sínodo y en respuesta a la reforma protestante de Martín Lutero (1483-1546), que azotó las bases del catolicismo occidental tradicional, la Iglesia oficial de Roma se perpetuó como única garante del catolicismo, planteando una serie de preceptos encaminados a fortalecer su presencia y a desestimar las críticas planteadas por el protestantismo. 

Entre otras medidas, se proclamó que se podía rendir culto a los saltos, ya que “no hay cosa que vaya disponiendo con más constancia los fieles a la piedad y culto divino que la vida y ejemplo de los que se han dedicado a los sagrados misterios (…) de donde toman ejemplos que imitar” (Sesión XXII del Concilio de Trento, septiembre de 1562).

Esta afirmación, junto con las demás disposiciones, inauguraron la tendencia a unas prácticas pastorales basadas en la comprensión y reproducción del sacrificio cristiano como modo de vida, de tal manera que halla su sentido, aquí, la escultura barroca.

Los escultores vieron en la reproducción de las pasiones de los santos y del relato bíblico un nicho concordante con las demandas de la iglesia: había que llevar a las calles la Pasión, los fieles debían conocer de primera mano el sufrimiento de sus mártires y, lo que es más relevante: todos los mortales debían comprender que la Humanidad está aquejada por los mismos sentimientos que marcaron la vida de Cristo, la de sus discípulos y la de los santos. 

Así como el gótico pretendió acercar los mortales al cielo, elevando su espíritu a través de la luz y la verticalidad, el barroco puso a pie de calle a los mártires del cristianismo, bajó de los cielos las vicisitudes narradas por las sagradas escrituras y las ofreció a la altura de la visión de los espectadores. San Juan, los Cristos de la Pasión, de la Sangre, del Rescate; los Nazarenos, las Dolorosas, las Verónicas, las Magdalenas, las Inmaculadas; la Oración en el Huerto, las Caídas, los Azotes, el Crucificado muerto, el Santo Sepulcro…

En orden, las etapas de la pasión comenzaron a ser esculpidas por las manos de Nicolás de Bussy, Gregorio Fernández, Luisa Roldán, Francisco Salzillo, Roque López, Juan de Mesa, Alonso Cano, Martínez Montañés

La evolución del cristianismo y los orígenes de la imaginería religiosa
La evolución del cristianismo y los orígenes de la imaginería religiosa: El Santísimo Cristo de la Sangre en el museo del mismo nombre, ciudad de Murcia. Nicolás de Bussy, 1693.

El barroco nació para sostener la Semana Santa. El catolicismo occidental llegó a su máxima expresión y recreación a través de sus esculturas, concebidas en la mayoría de los casos para recorrer las calles de sus lugares de origen.

El barroco sacó la religión de los templos; lanzó a la calle el credo católico desde un punto de vista humanístico, así como teatral: la Humanidad admiraba y condenaba los designios de su Salvador, sin cuestionamiento, sin credibilidad hacia la reforma, sin miedo a identificar sus pasiones. 

BIBLIOGRAFÍA

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