Alegoría a la Templanza

Ficha técnica

Título: Alegoría a la Templanza
Autor: Alonso Berruguete
Cronología: 1513-16
Estilo: Renacimiento
Materiales: Óleo sobre tabla
Ubicación: Museo Nacional del Prado
Dimensiones: 69,7 x 52,6 cm

COMENTARIO HISTÓRICO ARTÍSTICO DE ALEGORÍA A LA TEMPLANZA

ANÁLISIS DE LA OBRA

Cuando pensamos en Alonso Berruguete, nos viene a la mente una parte muy  relevante de la imaginería renacentista de nuestro país –mientras escribo estas líneas la  imagen que aparece en mi cabeza es la de su Calvario–, pero el hijo de Pedro Berruguete –pintor situado entre la transición del gótico al renacimiento–, también se formó en el arte  de la pintura, concretamente durante su estancia en Italia a principios del siglo XVI.  

Será en este viaje, mientras desarrolla su aprendizaje, cuando lleva a cabo la  creación de Alegoría de la Templanza, en ella recoge las nuevas técnicas y las referencias que va conociendo, es bastante notable la presencia del maestro Miguel Ángel en la forma  en la que representa la figura femenina: un cuerpo muy musculado, pudiéndose hacer una  comparación directa con las sibilas de la Capilla Sixtina.

En este caso, la plasmación del  cuerpo es desproporcionada, todas las carnaciones visibles –hombro, brazo, mano y  cuello– dan una sensación de monumentalidad. Esta queda reforzada con el tocado que  lleva en la cabeza, el cual recorta el volumen que podría haber ofrecido el cabello suelto de la mujer, destacando a su vez la presencia de la corona de laurel.  

Trata un tema bastante presente en la Italia renacentista, la Templanza es parte de cuatro virtudes cardinales junto a la Fortaleza, la Justicia y la Prudencia. Siendo esta una  de las virtudes moderadoras de los placeres e instintos humanos, su iconografía irá ligada  al freno, en el sentido literal de la palabra, ya que aparece sosteniendo una brida en su  mano izquierda.

Sobre el pecho apoya la mano derecha en un gesto de reconocimiento, enfatizando la sensación de introspección a la que se le suma también la mirada que se  desvía del espectador para centrarse en un punto concreto en la lejanía. En el fondo  destaca una paleta colores terrosos que componen las modestas arquitecturas, así como el  muro en el que parece cobijarse la figura, acentuando de esta manera el color verde de la  túnica y el rojo de la brida.

Alegoría a la Templanza
Alegoría a la Templanza

La procedencia de la obra se desconoce, pero cabe destacar el motivo por el que a  día de hoy está expuesta en la sala 057B del Museo Nacional del Prado, todo se debe a  Carmen Sánchez García (1929 – 2016). Esta mujer dedicó su vida a la docencia y estuvo  ligada a la institución, llegando a ser parte de la Fundación Amigos del Prado.

Entre los  documentos que recogen el recuerdo de la vida de Carmen, constan varios que alegan su  presencia en las actividades desarrolladas por el museo. Vivió este como el templo de  sabiduría que es y quiso contribuir a que su colección siguiera creciendo, dejando plasmado en su testamento el deseo de que, mediante su legado, el Museo Nacional de  Prado adquiriera nuevas pinturas.

Gracias a ello se incorporaron nuevos artistas que  todavía no estaban presentes en sus salas como es el caso de Alonso Berruguete. 

Un total de quince obras se sumaron a la colección permanente del museo: San  Francisco arrodillado en meditación de Mariana de la Cueva, la Virgen del Carmen  imponiendo el escapulario a san Simón Stock de Gabriel Antonio Corvoysier, Mujer en  el baño (¿Diana de Poitiers?) –apenas se conservan obras de François Clouet o de su  taller en nuestro país–, La boloñesa (La boulonnaise) de María Blanchard, El Retrato de  caballero de Adriaen Thomasz.

Key, Autorretrato de Pedro de Campaña, La  Estigmatización de san Francisco de José del Castillo –una de las pocas obras religiosas  de su autor–, Los Comuneros Padilla, Bravo y Maldonado en el patíbulo de Antonio  Gisbert –réplica de la conservada en el Congreso de los Diputados–.

Eduardo Rosales  destacará por el número de piezas que se adquieren: Doña Blanca de Navarra entregada al captal de Buch y la Reina doña Juana en los adarves del castillo de la Mota y Sala de Constantino en el Vaticano. También Giuseppe Maria Ferdinando Dal Pozzo de José  Aparicio, la Sagrada Familia del roble de Luis Eusebi, y por último Paisaje Napolitano de Fortuny.

El legado de Carmen Sánchez le convierte en una de las mecenas más  destacadas en la historia del Museo Nacional del Prado, su memoria siempre estará  presente en esta obra de Berruguete. 

BIBLIOGRAFÍA Y WEBGRAFÍA 

VVAA. (2021). El legado de Carmen Sánchez, «La última lección». Museo Nacional del  Prado. 

Museo Nacional del Prado. (2021). Alegoría de la Templanza. Museo Nacional del  Prado. https://www.museodelprado.es/coleccion/obra-de-arte/alegoria-de-la templanza/f03f98b3-80bb-4fde-854d-4d67c8ec50af




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