Autorretrato en un bugatti verde

Ficha técnica

Título: Autorretrato en un bugatti verde
Autor: Tamara de Lempitcka
Cronología: 1929
Estilo: Art decó
Materiales: óleo sobre tabla
Ubicación: colección particular
Dimensiones: 35 x 27 cm
Escrito por: Núria Cardona Aranda

COMENTARIO HISTÓRICO ARTÍSTICO DE AUTORRETRATO EN UN BUGATTI VERDE

CONTEXTO HISTÓRICO-ARTÍSTICO

Tamara de Lempicka probablemente es el nombre de la artista que más representa la estética de los llamados Locos años veinte. Cuando evocamos esta época, nos viene a la cabeza la obra literaria de F. Scott Fitzgerald, El Gran Gatsby en la que se refleja un mundo de lujo y diversión pero que es más aparente que real, y que está lleno de fisuras. Aunque este estilo nació en Francia, son las ciudades norteamericanas, especialmente Nueva York, las que se convirtieron en paradigma del art decó.

La sociedad de esta época estuvo marcada, entre otras cosas, por una nueva burguesía adinerada con tendencia a la opulencia y la sofisticación. Aunque fue un momento socialmente convulso, con importantes sesgos y mucha pobreza, una burbuja bursátil hizo crecer una clase social media alta que accedió a un estatus antes reservado solo para la aristocracia; nuevos ricos llenos de optimismo y con un marcado gusto, no solo por el lujo, si no también por la tecnología y el progreso.

Este grupo social rompió con la tradición para convertirse en imagen de un nuevo mundo que nacía tras las cenizas de la devastación de la Primera Guerra Mundial. Pero fue más que una realidad, un espejismo que se rompió con el crack de 1929, cuando el negocio de la Bolsa acabó quebrándose debido a un juego financiero sin escrúpulos carente de normas y de ética.

El art decó fue un estilo artístico que se desarrolló entre 1920 y 1939, alargando su influencia hasta la década de los 50, y que abarcó todas las artes, especialmente las decorativas.

El punto de inflexión, lo encontramos en la Exposición Internacional de Artes decorativas e Industria moderna celebrada en París en 1925. La premisa principal de esta Exposición fue la modernidad y el alejamiento de cualquier inspiración en la tradición o estilo del pasado.

En su propio reglamento de participación se exigía que todo lo que se presentara fuera totalmente nuevo y que no se hiciera ningún tipo de sugerencia a un tiempo pasado que se quería superar, especialmente el academicismo y el historicismo. 

Autorretrato en un bugatti verde

Las ideas fundamentales que fomentaron la exposición, se convirtieron en las premisas clave del art decó: todos los objetos debían tener un diseño, incluso los fabricados en serie y este debía ser adecuado a su función, huyendo de lo recargado y suntuoso.

El concepto del arte decorativo estaba ya en decadencia, y era rechazado por la arquitectura racionalista del movimiento moderno que apreciaba más las formas estructurales y la plasticidad de los materiales de los edificios que la posibilidad de decorarlos y taparlos. Esta concepción se enfrentaba claramente al modernismo o art noveau. 

La renovación y revalorización de las artes aplicadas ya había sido iniciada con el movimiento Arts & Crafts. La base debía ser un diseño sencillo, que en sí, también podía ser bello. Aunque esta idea no surgió en esta exposición, sí que se quedó declarada abiertamente, constituyéndose la base de un estilo refinado y exquisito que se popularizó gracias al éxito de la exposición, que fue visitada por más de 16 millones de personas, convirtiéndose así en clave del éxito del art decó.

Podemos decir que nunca antes se había montado un evento con tan clara intención de anunciar el nacimiento de un nuevo estilo francés. Y aunque se presentó como una tendencia totalmente nueva, en realidad surgió con una gran capacidad de absorción de influencias muy diversas y dispares.

Una de ellas fue el arte antiguo egipcio, debido a que fue un momento de grandes hitos arqueológicos, especialmente tuvo gran repercusión el descubrimiento de la tumba de Tutankamón por parte de Howard Carter y su equipo (1922).

También las vanguardias pictóricas que dominaban la escena artística intelectual dejaron su impronta a nivel estético pero eso sí, carente de fondo, como el cubismo y el movimiento holandés de De Stijl, de los cuales se tomó la línea recta y la geometrización de las formas así como la ausencia de perspectiva tradicional; de la Bauhaus, su concepto del diseño sencillo, geométrico y funcional, y de estilos como el futurismo o el constructivismo heredó el gusto por mostrar un mundo tecnológico representado por el movimiento y la velocidad.

En definitiva, podemos afirmar que el art decó se definió por ser un movimiento artístico que abarcó todas las artes y que alcanzó gran popularidad. Un arte que representaba el lujo y la sofisticación, que no pretendía realizar ninguna crítica social ni transmitir ideas intelectualmente complejas sino reflejar un mundo moderno, optimista y elegante para una clase media alta que se sentía privilegiada.

Por esto, ha sido muy criticado, por ser un arte mainstream, superficial y exento de profundidad, por basarse en la estética, en lo bello, en lo excesivo, y no trasmitir ninguna lectura profunda.

Autorretrato en un bugatti verde

Se caracterizó por el uso de la línea recta y angulosa, por la geometría de las formas, que en ocasiones se inspiraban en las máquinas y creaban diseños aerodinámicos, por la relectura de culturas exóticas, reflejadas especialmente en la ornamentación, y por una paleta de colores brillantes, incluso metálicos.

Si el art nouveau se inspiró en la naturaleza para crear sus formas sinuosas, el art decó lo hizo en las líneas rectas de las máquinas. Si las vanguardias vinieron a conceptualizar el arte, el coetáneo art decó se quedó en la objetualización de la creación de diseños.

Unas creaciones que abarcaron a todas las artes; lo encontramos representado en la decoración de interiores (Eileen Gray), en el diseño de joyas (Louis Cartier) y de moda (Coco Chanel), en la ilustración (Erté), en la pintura (Aleksandra Ekster), la escultura (Cristo redentor de Paul Landowski), en la arquitectura (Edificio Chrysler de William van Alen), e incluso en el cine (Metrópolis de Fritz Lang).

Coco Chanel y uno de sus diseños de vestido de mujer sin corsé y con la falda corta.
Fotograma de la película Metrópolis de 1927.
El remate característico del edificio Crysler de Nueva York.
El Cristo redentor que preside la playa de Ipanema en Río de Janeiro.

TAMARA DE LEMPICKA

Tamara de Lempicka (1898-1968) fue una mujer con una gran personalidad que generó en su tiempo una gran fascinación en torno a su persona. Fue una figura arrolladora, que tuvo que derribar estereotipos  y salir de situaciones verdaderamente complicadas.

Nacida en Varsovia en el seno de una familia burguesa y casada con un empresario de la alta burguesía rusa, huyó de Moscú tras la revolución rusa, cuando su marido pudo salir de la cárcel. Su posición política siempre fue conservadora, incluso antisemita, lo que posiblemente le llevó a no congeniar con los movimientos de vanguardia políticamente posicionados, pero su actitud ante la vida fue moderna y avanzada.

Fue una mujer libre, que vivió su sexualidad sin condicionamientos y que se mostró independiente de cualquier yugo patriarcal. Tomó sus decisiones y fue consecuente con sus creaciones que le dieron un gran éxito, no solo como pintora si no también como diseñadora, tanto en Francia como en EE.UU, durante las décadas de los veinte y los treinta del pasado siglo.

Tamara de Lempicka en su estudio en 1927.

Fue criticada de superficial por realizar una obra decorativa exenta de expresividad y emoción. Este argumento todavía hoy pesa sobre su arte. Pero si una artista debe representar el mundo que le rodea, manifestar la realidad en la que nacen sus creaciones, Tamara de Lempicka esto lo hizo de manera extraordinaria. Nadie como ella ha representado el lujo y la sofisticación de los locos años 20, retratando a hombres y mujeres de la época, caracterizados por un volumen rotundo, unas formas sensuales y un colorido brillante.

Retrato de una hombre, 1928.

Su gusto por la representación humana es heredada del estudio de los clásicos. Especialmente, le influyeron los artistas del quattrocento italiano, y del pintor francés, Ingres. Pero en su formación, las vanguardias tuvieron peso. Como gran creadora que fue, absorbió influencias cubistas, de hecho en sus primeras obras encontramos cuadros realizados totalmente en este estilo. Del fauvismo y del expresionismo aprendió la importancia del color.

Una calle de noche (1923)

Los colores planos y brillantes de sus obras son unos de los aspectos que hacen reconocible su trabajo. También sus encuadres, donde las figuras ocupan todo el formato del lienzo, y por supuesto, el punto de vista con el que mira a sus personajes, que incluye a quien observa hasta el límite donde empieza el cuerpo.

Kizette (su hija) en el balcón, 1927.

La presencia del desnudo femenino en sus cuadros es constante; una reivindicación del cuerpo de la mujer desde un punto de vista nuevo, en la que este se muestra libre, rotundo y sin complejos. Su gran modelo fue una prostituta parisina, a la cual convirtió, además de en su amante, en su ideal de belleza . 

La bella Rafaela, 1927 de Lempitka y
Odalisca con esclava de Ingres, 1839. Clara influencia en la postura de la mujer en la obra de Tamara.

Lejos de los círculos intelectuales, toda la alta sociedad quería ser retratada por Lempicka; a ellos los pintaba fríos y elegantes, y a las mujeres las retrataba como la nueva mujer, un concepto socialmente revolucionario que mostraba mujeres con una nueva feminidad contraria a la estructura de dama victoriana vigente hasta hora. La propia Tamara de Lempicka fue representante de este nuevo paradigma.

La cultura patriarcal del siglo XIX definía a la mujer perfecta como aquella que seguía las consignas religiosas de decencia y se ceñía a ocupar el ámbito doméstico; así eran las llamadas the true woman.

Con el inicio del siglo XX aparece en la contracultura americana la new woman, una mujer libre e independiente, con estudios, que no tiene como objetivo vital el matrimonio y que no se va a limitar al papel de madre. Autores como Sara Grand (The new aspect of the women questions de 1894) o Hernry James (Las bostonianas,  de 1886) a finales del XIX ya mostraron cómo las ideas progresistas iban a redefinir los roles femeninos.

La nueva mujer que representaba la propia Lempicka y que ayudó a difundir, estaba asociada con la juventud, la libertad y la modernidad, por tanto también, con la cultura de masas, el consumismo y la libertad sexual. Las actrices del momento como Josephine Baker o Sara Bow representaron este ideal, que tuvo su reflejo en un personaje de dibujos animados, Betty Boop.

Apareció en 1926 en una serie de dibujos, como una chica flapper, moderna y sexi.

El modelo de mujer evoluciona desde las Gibson Girls de la década de los 90 del XIX hasta las Flappers girls de la década de los 20 del XX. El liberalismo social tras la Primera Guerra Mundial  trajo un deseo femenino de romper con lo establecido y superar la opresión machista. En lo estético, las mujeres se quitaron el corsé, se maquillaron de manera llamativa, se cortaron el pelo, se acortaron las faldas, se enjoyaron y llevaron un vestuario vistoso lleno de plumas y lentejuelas.

Grupo de jóvenes flapper girls , ca. 1925 (Photo by Kirn Vintage Stock/Corbis via Getty Images)

Los retratos femeninos de Tamara de Lempicka muestran a estas mujeres modernas, bellas y seguras de sí mismas.

Retrato de Romana della Salle de 1928.

Cuando muestra grupos de chicas las presenta en ocasiones en momentos con un alto contenido sensual; algo que no denota voyeurismo ni fantasía al venir de una mujer; muestra un erotismo sin contrapunto machista.

Autorretrato en un bugatti verde
Mujeres bañándose de 1929.

Tamara de Lempicka en su Autorretrato en un bugatti verde de 1929 se muestra como una nueva mujer, una mujer de su época.

Autorretrato en un bugatti verde fue una obra de encargo para ser portada de la revista feminista alemana Die dame, que pretendía mostrar a una mujer liberada del mundo doméstico y autosuficiente.

Autorretrato en un bugatti verde
Autorretrato en un bugatti verde

En Autorretrato en un bugatti verde aparece representada conduciendo un coche moderno, una actividad antes solo reservada para los hombres, en la que también hace un homenaje a la bailarina Isadora Dunkan, fallecida en un accidente de tráfico. La sofisticación marca la imagen en la que, desde un punto de vista diagonal, se nos muestra a una mujer decidida.

El coche que aparece en Autorretrato en un bugatti verde está incompleto, tan solo muestra los elementos suficientes para reconocerlo, y en el centro el bello rostro de la artista, enmarcado en un casco de piel, con los párpados sensualmente caídos, y unos labios rojos seductores. ¿Quién se puede resistir a este carisma?

Tamara de Lempicka siempre se mostró con una imagen estética perfecta, consciente de la importancia de lo que proyectaba y que lo reflejó no solo en su vestimenta, su maquillaje y sus joyas, si no también en la decoración de su casa. Su personalidad caprichosa e incluso descarada, tenía tendencia a la depresión, y cuando cayó en el olvido, se autoexilió en México, donde vivió hasta su muerte.

Autorretrato en un bugatti verde
Casa de la artista en París, una casa “ultramoderna” donde todo era funcional y donde no había el menor detalle sentimental.

Durante la década de los 70 su figura se recuperó, y personajes de Hollywood invirtieron comprando su obra. Verdaderos apasionados de su estética son Barbara Streisand, Jack Nicholson y Madona, que incluye obras de ella en varios de sus videoclips.

Autorretrato en un bugatti verde
Video clip del tema Open your heart en la que se ven retratos masculinos de la artista.

La influencia posterior de Tamara de Lempicka es innegable, aunque es menospreciada por ciertas esferas porque su legado es más cercano a la cultura de masas que a ideales políticos, no se puede olvidar que como icono de la modernidad desafió los roles de género en una época llena de jazz, descontrol y lujo.

Posiblemente, esta artista es de los pocos nombres femeninos que se han rescatado de la historia, y se comienza a revalorizar y a exponer, aunque mucha de su obra está en colecciones privadas. Se hace necesario un estudio global sobre su obra y su persona que de momento, todavía sigue pendiente.

«Vivo en los márgenes de la sociedad y, las reglas de la sociedad normal, no se pueden aplicar a aquello que vive al límite»

BIBLIOGRAFÍA

. PEREZ ROJAS, FRANCISCO JAVIER (2008), La exposición internacional de artes decorativas e industriales modernas de parís de 1925 y la crítica española. Universidad de Valencia, España.

. ANDREU, JESÚS (2005), Tamara de Lempicka. Barcelona

. CLARIDGE, LAURA (1999) Tamara de Lempicka.

. WOLF, N. (2016) Art decó.

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