El beso de Constantin Brancusi

Ficha técnica

Título: El beso
Autor: Constantin Brancusi
Cronología: 1916
Estilo: Arte abstracto
Materiales: Piedra caliza
Ubicación: Museo de arte de Filadelfia (EEUU)
Dimensiones: 58,4 × 33,7 × 25,4 cm

COMENTARIO HISTÓRICO ARTÍSTICO DE EL BESO DE CONSTANTIN BRANCUSI

CONTEXTO HISTÓRICO ARTÍSTICO

A lo largo de la historia del arte el beso ha sido un tema recurrente al que volver constantemente. Tanto es así que nuestro imaginario colectivo está plagado de imágenes que nos recuerdan la intensidad que puede suponer besarse como forma de expresión de cariño, deseo o incluso reivindicación. 

A través de las diferentes técnicas y movimientos artísticos se nos ha presentado infinidad de veces el momento en el que los amantes se funden en este acto en el que, de alguna manera, todos nos sentimos identificados. Aunque son muchas las opciones, algunas versiones de este momento han calado profundamente en la sociedad.

Un ejemplo de ello lo encontramos en el cuadro Los Amantes, de Magritte. Es una de las obras, dentro del surrealismo, que muestra el beso de forma más evidente, como acto sin dobleces. El artista esconde la cara de los personajes tras una sábana, de forma que podamos ser cualquiera de nosotros los protagonistas de dicho momento.

El beso
Los amantes, René Magritte, 1928

Sin embargo, probablemente el cuadro más reconocible sea el beso de Klimt que a través del oro y las flores plasma el maravilloso momento en el que el beso nos conquista por enteros. A día de hoy aparece en posters, camisetas, llaveros y carpetas, tal vez en un intento por demostrar, aquellos que la eligen, que el amor, el arte y la pasión están presente en sus vidas.

El beso de Constantin Brancusi
El beso, Klimt 1907-1908

Por otro lado, es evidente que esta representación no es cosa del pasado. Como hemos dicho antes, el beso puede seguir siendo subversivo cuando los que se besan no interpelan e inspiran nuevos mundos.

Dios mío, ayúdame a sobrevivir a este amor mortal, 1990

Por lo tanto vemos y aunque es algo que ya sabíamos, hemos visto que el arte no es ajeno al amor y la pasión. En este caso el beso es la mejor manera de mostrar estas emociones universales, y puede hacerse mediante la pintura, la fotografía e incluso el cine, cuando el beso tiene el poder de romper un hechizo fatal.

Aunque normalmente recurrimos a las imágenes para ver ejemplos de este y otros momentos, esta no es la única expresión de arte en la que podemos ver este acto. La escultura también posibilita el acercamiento a la historia, las pasiones y los anhelos.

El beso de Constantin Brancusi
El Beso, Auguste Rodin, 1881.

Si nos centramos en la obra que realizó Constantin Brancusi (Rumanía 1876), vemos que recorre el mismo camino que otros artistas hicieron antes y después de él.

Dado que el beso es un punto recurrente al que diversidad de artistas han llegado, en este caso lo importante no es la originalidad del momento elegido, sino encontrar un estilo, una voz propia en las reproducciones que rompan con lo anterior en las formas y no en el contenido. De lo contrario, tan solo estaríamos hablando de copias de los mismos cuadros que ya conocemos, más o menos versionadas, repetidas una y otra vez.

En el caso de Brancusi, empapado por el estilo rompedor del cual él era contemporáneo, la abstracción, decide trasladarla del plano pictórico y reproducirla en un nuevo contexto: la escultura, con el objetivo de encontrar una línea en este arte que fuera reconocible, que llevase su sello personal.

Por supuesto, y aunque a veces no nos los planteemos, esto es posible. Si la pintura evoluciona y cambia sus normas, el resto de artes no lo son menos y en ellas también encontramos una evolución. En esta ocasión un paso de la figuración o el realismo, al expresionismo y la abstracción. 

Uno de los autores que contribuyó a esto fue Brancusi, un pastor con pocos recursos, que tallaba madera. Llamó la atención y logró entrar en la Escuela Nacional de Bellas Artes de Bucarest. Pronto se trasladó a París donde pudo conocer el impresionismo y las vanguardias que en ese momento se desarrollaban, así como artistas como Duchamp, Picasso, y especialmente a Rodin y Modigliani que le inspiraron en el trabajo de las formas simples. 

Inspirado por el arte africano y prehistórico, Brancusi va dejando poco a poco la figuración y el reconocimiento de las formas, puliendo las ideas para deshacerse de lo superfluo y llegar a lo esencial adentrándose así en la abstracción.

ANÁLISIS FORMAL E ICONOGRÁFICO

El beso de Constantin Brancusi
El beso de Constantin Brancusi

Si analizamos la escultura de El Beso, podemos observar que aunque se intuyen dos formas independientes, en realidad se trata de un mismo bloque.

A simple vista es un cubo, no muy grande y bastante sencillo. De piedra caliza, el artista respeta la geometría y decide incluso prescindir del color o el ensamblaje. Sin embargo, gracias a algunas particularidades podemos distinguir lo que podrían ser dos personas.

Esos detalles se expresan a través de un óvalo que sirve para marcar dos ojos, unas líneas que delimitan una doble textura en la piedra y sirven para intuir lo que sería el cabello y por tanto la cabeza, una protuberancia muy superficial que marcaría la zona de los labios y por supuesto, dos lazadas que simulan unos brazos y que rodean toda la escultura.

De esta forma, y a pesar de suponer dos personas en ella, la escultura queda como un todo, unificado y completo. Tanto es así que el artista no quiso que se agregara nada más y pidió que la obra fuera expuesta sobre su propia base, manteniendo la convicción de que no necesitaba ningún añadido, pues el resultado final ya lo incluía todo. Al igual que los amantes cuando están juntos, se define un conjunto que no precisa de nada más.

Por lo tanto, en El Beso encontramos un ejemplo de cómo un tema aparentemente sencillo puede incluir toda la fuerza de unas convicciones no sólo artísticas, sino incluso filosóficas. El poder del arte es mostrar, a través de una imagen, una forma concreta de entender el mundo. 

En este caso, la figura se reduce a la mínima expresión, jugando con los volúmenes, la forma y la textura. Nos recuerda a las formas toscas prehistóricas, que podemos ver en los ídolos que han llegado hasta nosotros, en donde el esquema y el concepto priman desbancando incluso la realidad.  El mundo de las ideas por delante del mundo sensible.

En definitiva, Brancusi se convierte en un pionero en la escultura, adquiriendo las tendencias contemporáneas de su época. Vemos cómo, a pesar de usar un tema manido, da una vuelta a lo que ya se ha hecho hasta el momento y profundiza en los movimientos de vanguardia para lograr un estilo personal, único y reconocible convirtiéndose en uno de los grandes escultores del siglo XX.




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