Johnson Wax Building

Ficha técnica

Título: Edificio Johnson Wax
Autor: Frank Lloyd Wright
Cronología: 1936-1939
Estilo: Arquitectura orgánica
Materiales: Piedra
Ubicación: Racine, Wisconsin (EE.UU)
Escrito por: Núria Cardona

COMENTARIO HISTÓRICO ARTÍSTICO DE JOHNSON WAX BUILDING

CONTEXTO

El crecimiento del trabajo administrativo en el mundo laboral en el siglo XX aumentó considerablemente y, por ende, la necesidad de construir oficinas se multiplicó tras la segunda revolución industrial (1870-1914), cuando los nuevos avances e inventos tecnológicos ayudaron a impulsar el crecimiento económico. Esto provocó en la arquitectura, la búsqueda de nuevas fórmulas en el diseño de unos espacios más adecuados y óptimos para el desarrollo del trabajo a los que iban a destinarse.

Primero llegó la división del espacio fomentado por el taylorismo y el fordismo, sistemas de producción en los que predominaba la jerarquización y la separación por especialización laboral dentro de una una misma empresa. Después surgió, en el periodo de entreguerras, un concepto menos separatista, más integrador, que planteaba una ambiente de trabajo más agradable y relajado donde se humanizaba a quienes trabajaban y dejaban de ser tratados como máquinas, tal y como se refleja en la película de Charles Chaplin, Tiempos modernos (1936).

Johnson Wax Building
Fotograma de la película Tiempos modernos en la que Chaplin realizó una denuncia social y una crítica explícita al trabajo mecanizado impuesto por el sistema capitalista.

En la arquitectura, con los llamados opens plans, espacios grandes y abiertos en los que se minimiza el uso de habitaciones pequeñas y cerradas, se empezó a tener en cuenta el capital humano de las empresas, que buscaron un aumento de la eficacia de la producción a través de la creación de lugares de trabajo que fomentaran las relaciones entre personas, generando zonas para el ocio y el descanso. Este concepto planteaba una distribución interior basada en el espacio diáfano y en la repetición de unidades celulares. Este concepto, Frank Lloyd Wright ya lo había empleado en el edificio Larkin unas décadas antes, en 1905, pero con el edificio que vamos a analizar, el Johnson Wax, lo llevó a su máxima expresión.

ANÁLISIS FORMAL

El proyecto total del Wax Johnson, el edificio original de 1936 junto con la torre, proyectada diez años más tarde, fue concebido por Wright como una fortaleza cerrada en sí misma. Esta falta de diálogo con el entorno fue debida a que al arquitecto nunca le gustó el emplazamiento en el que debía situarse la empresa: un suburbio a las afueras de la ciudad. Por esta causa, le costó aceptar el proyecto. Finalmente lo hizo porque, aunque la fama de F. Lloyd Wright era internacional, a nivel económico estaba pasando un mal momento.

Frente a lo que él consideró un contratiempo, decidió aislar el complejo empresarial construyendo una especie de fortaleza en la que desarrolló un mundo laboral ideal, tal y como le había encargado Herbert “Hib” Johnson, el hijo menor de la familia, que pretendía crear una empresa moderna a través de un proyecto que llevara a cabo el sueño americano; un mundo laboral basado en el concepto de familia donde primasen las relaciones humanas y que estuviera basado en la unidad de la comunidad.

Para ello, tal y como hemos dicho, Wright separó el complejo de un entorno hostil e insalubre, levantando grandes paredes de ladrillo rojo sin ventanas. Aunque esta premisa no sigue los principios de la arquitectura orgánica de integración en el entorno que define la obra de este arquitecto, los volúmenes y las formas sí que hacen que se anclen a este estilo que también busca la racionalidad y la funcionalidad.

Wright proyectó en el Johnson Wax un volumen totalmente horizontal, a pesar de que esta ya era la época de los rascacielos y primaban las construcciones en vertical. Posteriormente, con la edificación de la torre de investigación, rompió con esta horizontalidad aunque a su vez, la hizo más destacable. El desarrollo de este primer edificio lo planteó realizando un plegamiento sobre sí mismo y la entrada de luz, la solucionó colocandola de manera cenital.

Johnson Wax Building
Vista completa del complejo donde se observa el muro de ladrillo rojo que demarca claramente el perímetro de la empresa, la ausencia de ventanas y las claraboyas cenitales.

La única entrada del Johnson Wax la situó en el parking. Para Wright, el coche tenía una relevancia especial en la sociedad de la época y su importancia la reveló diseñando un aparcamiento con la misma estética del resto del edificio. También los peatones entraban por aquí, por lo que podemos pensar que le dio a este lugar una importancia clave dentro del conjunto, ya que era lo primero que se veía al llegar a la empresa. Lo diseñó con techos bajos y con una versión de columnas en forma de loto, tal y como las del interior, pero más robustas, dándole así cierto aspecto de gruta.

Johnson Wax Building
Aparcamiento del Johnson Wax Building con originales columnas que guardan la estética del conjunto.

Al acceder al interior, lo primero que nos encontramos es el vestíbulo, abierto y sencillo, que se expande hacia el lugar de trabajo, presidido por un mostrador y con una pasarela que atraviesa el espacio principal.

Johnson Wax Building
Vestíbulo de acceso a lo que Wright llamó la catedral del trabajo.

«El Edificio Johnson es una gran construcción que estimulará a trabajar, al igual que una catedral inspira adorar a Dios», con estas palabras Frank Lloyd Wright definió este espacio interior destinado a las oficinas: un rectángulo cuadrado de 45 por 65 metros totalmente diáfano destinado a que doscientas personas trabajen juntas. En él no hay ningún tipo de compartimentación que delimite áreas, sino que existe libertad de circulación. En este concepto de open plans no hay jerarquía espacial, si no que todos los departamentos están en la misma línea de importancia.

En este gran espacio, donde todo está diseñado por el arquitecto, incluso el mobiliario, destaca el elemento definitorio de este estilo, los elementos sustentantes: sesenta columnas de seis metros y medio de altura que, a partir de una base de tan solo veintidós centímetros, va aumentado su grosor a medida que se eleva, hasta que al llegar al techo donde se expande haciendo un gran círculo. De esta manera, los capiteles se van tocando unos con otros cubriendo toda la superficie. Esta sala hipóstila, igual que ocurría en el Edificio Larkin, recibe una luz cenital y uniforme.

Johnson Wax Building
Espacio principal del Johson Wax definido por las originales columnas y basado en un concepto de diseño racional y funcional.
Wright diseñó incluso el mobiliario creando unidad estilística con el conjunto arquitectónico.
Diseño y funcionalidad van de la mano en este concepto de espacio de trabajo.

Estas originales y estética columnas de capiteles tipo flor de loto aunque mucho más expandidos y estilizados, crearon ciertos recelos durante su construcción en la Comisión administrativa que debía aprobar el proyecto. Por ello, estas estructuras tuvieron que someterse a pruebas de carga de entre seis y doce toneladas. Tras la ofensa recibida, que para Wright supuso poner en duda su capacidad, pidió que la carga de prueba fuera aumentando hasta que los soportes colapsaron al llegar a un peso sostenido de sesenta toneladas.

Johnson Wax Building
Fotografía del momento en el que se realizó la prueba de carga sobre las columnas.

Estos singulares soportes, además de ser elementos estéticos y generadores de espacio, también tienen una practicidad constructiva no solo por ser soportes arquitectónicos, sino también de ser los encargados de albergar en su interior, todo el cableado de electricidad y de teléfono, incluso contienen las bajantes pluviales y sanitarias del edificio, ya que su fuste está hueco. Para conseguir que columnas de sección tan finas pudieran estar vacías en su interior, Wright tuvo que idear un nuevo sistema de hormigón armado; una coraza compuesta por una malla de acero fue lo que permitió reducir su espesor y así utilizar su interior para poder despojar el techo de cableado y tubos, ya que lo necesitaba despejado para iluminar el espacio.

Johnson Wax Building
Los remates tan característicos han sido definidos como capiteles de loto expandido o capiteles tipo nenúfar.

El siguiente piso es un entresuelo destinado a la zona de administración y se dispone a lo largo de una pasarela que rodea la sala principal. Aquí sí que encontramos oficinas pero sin jerarquía entre ellas, sino que siguen un motivo funcional. Las divisiones entre ellas se reallizan a través de paredes de vídrio y por tanto, no se rompe la sensación de espacio unitario y de trabajo conjunto. Aquí también se ubican los espacios de descanso como la cafetería y una pequeña sala con entarimado desde la que hablar al personal.

Johnson Wax Building
El piso superior se desarrolla a modo de pasillo que da a la sala principal quedando el espacio abierto también en la vertical.

En el tercer piso del Johnson Wax se ubica el despacho del jefe, una sala de juntas y una terraza que siguen las características del resto de la construcción.

Este perfecto espacio de trabajo dio sus frutos, ya que el dueño de la compañía confirmó el aumento de la productividad y de las ventas tras la inauguración del nuevo edificio.

Despacho del director, también iluminado cenitalmente.

En esta fortaleza cerrada sobre sí misma, la luz juega un papel fundamental. Wright ideó una manera para iluminarla en su interior de manera uniforme valiéndose de dos recursos: uno fue no construir cornisas al exterior que entorpecieran la entrada de luz natural, y el otro fue aprovechar los espacios residuales que quedaban entre las circunferencias de las columnas en el techo.

Wright generó dos estructura independientes, las de la fachada y las del forjado, y entre estas dejó un espacio que cubrió con un saliente construido a base de tubos de Pyrex (vidrio borosilicato templado de gran resistencia a golpes y a temperaturas extremas) colocados sobre bastidores triangulares. Reforzó la entrada de luz natural, con luz elecéctrica insertada en el exterior.

Johnson Wax Building
Composición de tubos originalmente de Pyrex que además de una función estructural y lumínica, aporta estética al espacio.

Hoy en día, los tubos de Pyrex han sido sustituidos por otros de Plexiglás, más resistentes y adaptables a los cambios térmicos.

Diez años después del proyecto inicial del Johnson Wax, a Wright se le encargó la Torre de Investigación; elemento vertical del conjunto realizado a base de estructuras horizontales que alternan dos secciones, unas cuadradas y otra circulares, no llegando esta últimas a cubrir el perímetro de las cuadrangulares. Al ser más pequeñas, el espacio resultante entremedias, también lo cubrió con Pyrex, de manera que en el interior se genera un espacio totalmente novedoso.

Johnson Wax Building
Dibujo del perfil del esqueleto y del conjunto finalizado.

Para el arquitecto y divulgador Fernández Galiano, esta torre se inspirada claramente a las pagodas japonesas, arquitectura de la que Wright era gran admirador, y se alza como un gran árbol en este enclave definiendo la línea del conjunto.

Este original diseño, le da al edificio una sensación de ser más bajo de lo que realmente es, ya que mide 50 metros y por tanto, fue el primer rascacielos que Wright construyó.

Un edificio totalmente innovador por su concepción y construcción
Interior donde se aprecia la estructura circular y la cubrición de Pyrex.

EL ARQUITECTO

Frank Lloyd Wright es uno de los arquitectos más importantes no solo del siglo XX, sino de toda la Historia, y junto a Richardson y Sullivan, uno de los padres de la arquitectura americana contemporánea. Fue discípulo destacado de Sullivan durante la época de la Escuela de Chicago. Y aunque nunca obtuvo el título de arquitecto, su genialidad intuitiva y su confianza en sí mismo, lo convirtieron pronto en uno de los arquitectos clave de los EE.UU de la primera mitad del siglo XX.

De finales del siglo XIX, destacan sus Prarie Houses en Illinois, donde ya mostró su ideario conceptual basado en la búsqueda de la integración de la arquitectura con su entorno y con quienes la habitan. Construyó un nuevo concepto de hogar; espacios de libre circulación con áreas diferenciadas a través de elementos como chimeneas o colocándolos a diferentes alturas. Al exterior, se caracterizó por crear volúmenes horizontales con grandes voladizos de inspiración japonesa y ventanas corridas y apaisadas.

La Casa Robbie construida entre 1908 y 1910 es el ejemplo más destacable de prarie house.

Este deseo de integración con el entorno y su funcionalidad, hizo que su arquitectura aunque de una personalidad rotunda, se haya definido como orgánica. Y a partir de los principios de este estilo construyó toda su obra a pesar de las grandes diferencias entre los proyectos que llevó a cabo en su larga trayectoria.

En su productiva obra siempre encontramos proyectos originales en los que usó nuevos y avanzados criterios constructivos como en la Casa Barnsdall o la casa de la Cascada.

Casa de la Cascada o Fallingwater House construida entre 1935 y 1939.

Wright dejó también obra escrita e incluso creó en su propia casa de invierno en Arizona, la casa Taliesin West, una escuela taller donde se realizaban proyectos y se mantenían tertulias intelectuales. Por aquí pasaron algunos de los grandes arquitectos del siglo XX.

Frank Lloyd Wright en el centro mientras explica unos planos a jóvenes arquitectos en 1955.

El Johnson Wax fue, una vez terminada la torre, uno de sus últimas obra, cuando ya tenía 70 años. A pesar de su edad, de ser reconocido internacioanlmente pero cuando ya no se le encargaban proyectos, Wright volvió a demostrar su capacidad de creación e innovación al construir algo totalmente nuevo. Pero ni tan si quiera paró aquí. En 1959, pocos meses antes de morir a los 91 años, finalizó una de sus grandes obras, el Museo Guggenheim de Nueva York. Aunque ya no le quedaba nada por demostrar, lo volvió hacer: levantó uno de los hitos de la arquitectura universal.

Johnson Wax

BIBLIOGRAFÍA

Zevi, B (1980): Historia de la arquitectura moderna.

Hitchcock, H.R (1989): Arquitectura de los siglos XIX y XX.

Frampton, K. (2009): Historia crítica de la arquitectura moderna.

Siro Baborsky, M. (2001): Arquitectura del siglo XX.

Beltrán Fernández, María de los Ángeles (2017). Análisis constructivo de la obra de Frank Lloyd Wright como referencia de arquitectura bioclimática; transposición a la arquitectura actual. Tesis (Doctoral). E.T.S. Arquitectura (UPM). Archivo Digital UPM.

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