COMENTARIO HISTÓRICO ARTÍSTICO DE LA IMPOSIBILIDAD FÍSICA DE LA MUERTE EN LA MENTE DE ALGO VIVO
¿Sabías que esta obra se vendió por más de 12 millones de dólares? Su creación fue casi tan controversial como el autor de la misma, el británico Damien Hirst. Conocido en todo el mundo por sus trabajos llenos de provocación y en esta ocasión, de ética moral alrededor del mundo del arte, llegando a cuestionar las limitaciones del mismo. Es tal el escándalo que acumula a sus espaldas que muchos han comenzado a apodarle como La oveja negra del arte.
Para entender esta obra, primero debemos conocer a Damien Hirst, y para ello comenzaremos hablando brevemente de su vida.
Nace en 1965 en Bristol, ciudad situada en el suroeste de Inglaterra, en el Reino Unido y una ciudad con una rica historia marítima, un importante centro cultural y artístico, y hogar de universidades, museos y festivales reconocidos. Entre 1986 y 1989 estudia en el Goldsmiths College de Londres, donde comienza a destacar por su enfoque conceptual del arte.
En los años finales de la década de 1980, Londres era un hervidero de transformaciones económicas y culturales. El Reino Unido, bajo el gobierno de Margaret Thatcher, había abrazado el neoliberalismo, privatizando industrias, estimulando el consumo y consolidando el poder de las élites financieras. En ese contexto emergieron los Young British Artists, un grupo de jóvenes egresados de Goldsmiths College que irrumpieron con propuestas irreverentes, de fuerte carga conceptual y visualmente impactantes.
La exposición Freeze (1988), organizada por el propio Hirst cuando aún era estudiante, marcó el inicio de este movimiento. Entre los coleccionistas que pronto se interesaron por ellos estuvo Charles Saatchi, magnate de la publicidad, quien no solo compró sus obras sino que financió proyectos ambiciosos. Gracias a ese mecenazgo, Hirst pudo concebir su tiburón como una pieza monumental, imposible de realizar sin grandes recursos económicos.
El contexto social también es fundamental: la obsesión por el consumo, la espectacularidad de la cultura pop, la decadencia urbana y el hedonismo de la juventud británica de la época. Todo ello se cristalizó en un arte que buscaba tanto provocar como seducir.
Es en la década de 1990 cuando comienza a ganar notoriedad dentro del ámbito internacional, por ejemplo con su colaboración con la ya mencionada, galería Charles Saatchi o ganando el prestigioso Premio Turner, consolidando su posición en el mundo del arte contemporáneo. Llegando a los años 2000 se convierte en empresario, vendiendo sus obras de manera directa, hasta la actualidad.
“The Physical Impossibility of Death in the Mind of Someone Living”
Es una de las obras más icónicas y provocadoras del arte contemporáneo, creada en 1991 por el artista británico Damien Hirst. Esta pieza consiste en un enorme tiburón tigre conservado en una vitrina de cristal llena de formol, y forma parte del debate sobre los límites del arte, la vida y la muerte.
Hirst ideó la obra cuando aún era un artista emergente en Londres. Estaba interesado en explorar cómo los humanos enfrentan la idea de la muerte, y cómo esta puede presentarse de forma directa y física. Su objetivo era provocar una reacción emocional al enfrentar al espectador con un depredador real, suspendido entre la vida y la muerte.
El tiburón fue encargado específicamente para la obra. Fue capturado en Australia por un pescador contratado por Hirst, bajo la condición de que el animal fuera lo suficientemente grande y amenazante. El ejemplar elegido medía más de 4 metros de largo. Una vez capturado, el tiburón fue transportado congelado hasta el Reino Unido, donde fue preparado para su conservación. En lugar de usar solo formol líquido, que puede dañar los tejidos, el animal fue inyectado con formaldehído para preservar su estructura interna, y luego colocado en una solución de formaldehído diluido dentro de un gran tanque de vidrio hecho a medida.
La producción de la obra fue financiada por el coleccionista y publicista Charles Saatchi, quien en ese momento apoyaba a varios artistas jóvenes británicos. Gracias a su respaldo, Hirst pudo materializar la pieza a gran escala. La obra fue presentada por primera vez en la galería de Saatchi en Londres y causó un gran impacto tanto en el público como en la crítica. La imagen del tiburón flotando inmóvil, con la boca abierta, parecía congelar un momento de violencia y poder, lo que generó tanto admiración como controversia.
Con el paso del tiempo, el tiburón original comenzó a deteriorarse, lo que planteó problemas de conservación. En 2006, cuando el coleccionista estadounidense Steven A. Cohen compró la obra por una suma estimada de 8 millones de dólares, Hirst supervisó la sustitución del tiburón por uno nuevo, preservando el concepto original de la pieza. Esto desató un debate sobre la autenticidad en el arte contemporáneo: ¿es la obra el objeto físico, o la idea detrás de él? También hubo numerosas protestas por parte de los ecologistas, quienes veían la obra como un ataque hacia estos animales que eran cazados por un motivo monetario.
El título de la obra es crucial: La imposibilidad física de la muerte en la mente de alguien vivo. Hirst plantea una reflexión sobre lo inabarcable de la muerte desde la conciencia humana. Podemos pensar en la muerte, imaginarla, simbolizarla, pero nunca experimentarla de manera plena hasta que ocurre. El tiburón, depredador arquetípico, se convierte así en un recordatorio visceral de nuestra mortalidad.
El impacto visual proviene precisamente de ese choque entre lo sublime y lo macabro. El espectador se enfrenta a una imagen imposible: la presencia de la muerte suspendida, domesticada en un museo, pero todavía cargada de amenaza. La obra es un memento mori contemporáneo, que sustituye las calaveras barrocas por un depredador marino conservado artificialmente.
Hablar de arte contemporáneo en las últimas tres décadas es, inevitablemente, hablar de Damien Hirst. Hirst ha sido considerado tanto un genio provocador como un mero mercader del shock. Entre todas sus obras —puntiadas de colores, gabinetes de medicinas, animales diseccionados— ninguna ha alcanzado tanta resonancia mediática, simbólica y crítica como esta.
“La imposibilidad física de la muerte en la mente de alguien vivo” no solo consolidó la fama de Hirst, sino que se convirtió en un símbolo del arte británico de los años 90. Representa una reflexión poderosa sobre la mortalidad, la ciencia, el espectáculo y el valor del arte como provocación. ¿Hasta dónde llegan los límites del arte?
Opiniones de la crítica
La obra generó reacciones encontradas. Algunos críticos, como Richard Dorment del Daily Telegraph, la elogiaron por su audacia conceptual, llamándola una reflexión moderna sobre la mortalidad que conectaba con la tradición del arte vanitas. En cambio, otros como Brian Sewell la calificaron de simple “truco publicitario” sin verdadero mérito artístico, acusando a Hirst de priorizar el impacto sobre el contenido.
A pesar de las críticas, la obra fue reconocida como un hito del arte contemporáneo. En 2004, fue vendida al coleccionista estadounidense Steven A. Cohen por un precio estimado de 8 millones de dólares, lo que la convirtió en una de las obras de arte más caras de un artista vivo hasta ese momento. Antes de la venta, el tiburón original ya mostraba signos de descomposición, por lo que fue reemplazado por uno nuevo en 2006, lo que suscitó más debates sobre la autenticidad: ¿sigue siendo la misma obra si el objeto físico cambia?
El hecho de sacrificar un tiburón para fines artísticos levantó fuertes cuestionamientos. Organizaciones de protección animal denunciaron la práctica como un gesto innecesario de crueldad. En un momento histórico en que los tiburones son especies amenazadas, la obra se percibe como un símbolo del dominio humano sobre la naturaleza. El reemplazo posterior del primer tiburón por otro ejemplar en 2004 reforzó la crítica sobre la instrumentalización de la vida animal como simple “material” artístico.
Hoy, más de treinta años después de su creación, el tiburón de Hirst sigue siendo relevante. Puede interpretarse como una metáfora de nuestra relación con la naturaleza, marcada por el dominio humano y la artificialización de lo salvaje. También puede leerse como una reflexión sobre la fragilidad de la preservación, en un mundo donde incluso los intentos de congelar la vida terminan en descomposición.
Asimismo, la pieza dialoga con nuestra cultura digital actual, obsesionada con fijar imágenes y recuerdos en archivos, como si quisiéramos detener el paso del tiempo. El tiburón es, en cierto modo, el antecedente analógico de ese impulso de preservar lo efímero.
Otras obras
En Mother and Child (Divided) (1993), quizás su obra más célebre después del tiburón, una vaca y su ternero aparecen seccionados en tanques separados, permitiendo al espectador caminar entre ellos y observar el interior de sus cuerpos. Esta obra le valió el prestigioso Premio Turner y simboliza la crudeza con la que Hirst enfrenta al público a la realidad de la muerte.
En piezas como Away from the Flock (1994) y Some Comfort Gained from the Acceptance of the Inherent Lies in Everything (1996), el artista utiliza ovejas suspendidas en formol, cargadas de resonancias religiosas y existenciales: el individuo separado del grupo, el sacrificio, la vulnerabilidad. De forma más radical, This Little Piggy Went to Market, This Little Piggy Stayed at Home (1996) muestra un cerdo dividido en dos mitades, expuestas en tanques que se abren y cierran mecánicamente, revelando tanto la carne como la piel del animal.
Quizás la culminación de esta serie sea The Golden Calf (2008), un becerro con pezuñas, cuernos y una corona de oro, suspendido en formol. Aquí, la reflexión sobre la idolatría bíblica se mezcla con una crítica —o quizá ironía— hacia la adoración al dinero y al mercado del arte.
En todas estas obras, Hirst fusiona la estética del laboratorio con el aura de lo sagrado, obligando al espectador a enfrentarse a la fragilidad de la existencia y a la forma en que la sociedad convierte la muerte en espectáculo.
Bibliografía
- Archer, Michael. Art Since 1960. Thames & Hudson, 2002.
- Hirst, Damien. I Want to Spend the Rest of My Life Everywhere, with Everyone, One to One, Always, Forever, Now. Booth-Clibborn Editions, 1997.
- Stallabrass, Julian. High Art Lite: British Art in the 1990s. Verso, 1999.
- Tate Modern. «Damien Hirst: The Physical Impossibility of Death in the Mind of Someone Living.» Catálogo de exposición.
- Thornton, Sarah. Seven Days in the Art World. W. W. Norton, 2008.
