COMENTARIO HISTÓRICO ARTÍSTICO DE LOS JARDINES DE ARTIGAS, UNA OBRA ÚNICA DE GAUDÍ
Antoni Gaudí, el arquitecto modernista por excelencia. Nacido, según señalan algunos, en Reus, mientras que otros defienden que, en Riudoms. Lo que es seguro es que fue en el año 1852. Este hecho es bastante habitual, podemos revisar siglos atrás como es prácticamente imposible fijar la fecha de nacimiento de los artistas del Siglo del Oro como pueden ser Murillo o Velázquez de los que si se conserva la partida de bautismo, como en el caso de Gaudí, del que se sabe que se bautizó en la iglesia prioral de San Pedro de Reus, aunque él de mayor en muchas ocasiones dejó constancia de haber nacido en Riudoms.
Fuera de donde fuese, empezamos a conocer el perfil de este artista que desde niño tuvo una salud un tanto frágil, vivió siempre vinculado a la naturaleza en el entorno de Reus donde inició su formación con su familia, que estaba muy vinculada a la calderería. Es decir, al trabajo manual y artesanal del cobre. De aquí, sin duda, el joven Antoni se fijó y exploró las distintas formas que podían generar tanto su padre como sus abuelos a la hora de crear, por ejemplo, toneles para destilar el alcohol, estructuras muy maleables que empezaron a abrir la mente del futuro arte que desarrollaría.

En 1868 se trasladó a Barcelona para finalizar sus estudios de Bachillerato y en 1874 ingresó en la Escuela de Arquitectura de la ciudad condal. A partir de aquí, empezó a colaborar con artistas de renombre como Josep Fonserè, Francisco de Paula del Villar y, sobre todo, con una figura fundamental en su vida laboral, como fue Joan Martorell. Este último será su gran valedor para trabajar en la Sagrada Familia de Barcelona.
Pero hoy no estamos para escribir sobre lo que todos, en mayor o menor medida, conocemos de Gaudí, la casa Vicens, la casa Batlló, la Pedrera (casa Milà), la Sagrada Familia o el Parque Güell…, bueno, quizás de este último algo hablemos para ubicarnos. Pero vamos a intentar dar a conocer una de las obras más desconocidas del artista reusense y que, como suele pasar en el arte, nada desmerece a su parque más famoso y al estar fuera del foco mediático y de la capital de Cataluña, poca difusión ha llegado a recibir.
Para ello, tenemos que situarnos en el contexto del momento que se estaba viviendo en la Cataluña de finales del siglo XIX. Todo ello, muy resumidamente, vino dado desde el siglo XVIII de la mano de un crecimiento demográfico y económico, apoyado en la especialización agraria, la creación de una industria algodonera y su exportación.
En esta situación podemos ya cuadrar el nombre de Joan Artigas Alart (1844-1903). Nacido en la localidad de La Pobla de Lillet, se trata de un industrial textil que se benefició del impulso que el sector estaba viviendo en Cataluña y que, al final, invirtió y confió en Antoni Gaudí para la creación del espacio que vamos a conocer a continuación.

Nos ubicamos en los primeros años del siglo XX y aquí aparece una personalidad destacada en nuestra historia, Eusebi Güell. Industrial, político y gran mecenas. Por esta época ya estaba invirtiendo en la figura de Gaudí, ya que el famoso Parque Güell se había iniciado en el año 1900. Güell también se movía por la zona de La Pobla de Lillet, ya que uno de sus negocios era la Compañía General de Asfaltos y Portland, conocida como Asland. Una empresa dedicada a explotaciones mineras de carbón para la fábrica de cemento.
Eusebi encarga a Gaudí la construcción del que se conoce como Chalet de Catllaràs, un edificio modernista que se realizó entre 1901 y 1903 con el fin de dar vivienda a los trabajadores de las minas de carbón. No hay ningún documento que certifique la autoría de Gaudí, pero si la confesión escrita de Domènec Sugrañes i Gras, quien fuera colaborador suyo y que aseguró que la construyó él.

Pero claro, Antoni fue a construir la vivienda de los mineros, pero, ¿dónde estuvo viviendo mientras realizaba estos trabajos? Pues fue acogido por el industrial Joan Artigas i Alart, que tenía una gran amistad con Eusebi Güell, por lo que se quedó casa de los Artigas mientras construía el Chalet mencionado anteriormente. Todo quedaba en familia.
Gaudí no tuvo otra idea mejor para agradecer la hospitalidad que la de diseñarle a Joan Artigas unos jardines, basándose en los trabajos que estaba haciendo en el Parque Güell, para la zona que había entre la propia casa y la fábrica textil. De aquí surgen los Jardines Artigas.
Como podemos ver en toda la trayectoria de Gaudí es un ejemplo magnífico de fusión entre naturaleza y arquitectura. A diferencia del Parque Güell, el colorido aquí queda en un segundo plano, prefiere hacer uso de la materia prima y hacer un vínculo más natural y auténtico de todas las estructuras con el propio entorno natural. Y otro elemento diferencial con el parque barcelonés, es que es un parque húmedo, cuenta e incluye el río entre los elementos que unifican su obra.

Sólo proyectó una entrada, una portada sencilla que está flanqueada por serpientes, realizadas con conglomerado, para evitar que entre cualquier mal en los jardines. Tras acceder podemos contemplar varios espacios destacados como son la glorieta que preside todo el conjunto y que hace la función de mirador, o el merendero, ideado para que la familia Artigas disfrutara de los paseos por la tarde.
Otro de los elementos destacados en sus obras es el fuerte conocimiento religioso y devocional de Gaudí. Queda reflejado en la fuente de la cascada por donde el agua fluye entre piedras toscas procedentes del mismo río. En uno de los huecos que dejaban estas rocas aparecía la figura, hoy perdida, de un ángel, uno de los símbolos del evangelista San Mateo. Haciendo uso del cemento, elemento destacado en la zona por la fábrica de Güell, crea a través de estructuras de hierro una falsa naturaleza a modo de ramas.

Siguiendo con la temática religiosa, contemplamos la cabeza de un toro o buey con función de fuente. También veremos en una pérgola el león y el del águila posada en el puente que, junto al desaparecido ángel, formaban un conjunto queriendo representar el tetramorfos. Es decir, los cuatros evangelistas del Nuevo Testamento, Lucas, Marcos, Juan y Mateo. Desde la mencionada pérgola se centra la visión en la fábrica textil e interesante es el uso del arco cojo a modo de puente, que nos permite salvar el río y llegar hasta la glorieta-mirador.
Avanzando en el recorrido de estos jardines llegamos a la gruta, una cueva artificial en la que podemos ver uno de los elementos arquitectónicos y estructurales marca de la casa Gaudí, como es el arco catenario. Aparte de la estética, este tipo de arcos son especialmente aptos para soportar su propio peso sin colapsar y se han utilizado desde la Antigüedad, aunque el arquitecto catalán los elevó a categoría de símbolo en su obra.

Artigas no llegó a conocer la obra que Antoni Gaudí le diseñó, ya que falleció en 1903 y el parque se finalizó en 1910. La muerte de su heredero en 1934, el incendio de la fábrica en 1939 y el traslado de la familia a Barcelona provocó el abandono y olvido de este maravilloso espacio arquitectónico, que por fortuna fue restaurado en 1992 y se puede disfrutar en nuestros días.
Por cierto, que se puede visitar a través de un precioso tren, conocido como el Tren del Cemento, una locomotora diésel de cuatro vagones con capacidad para 25 pasajeros con un recorrido de poco menos de 4 km con cuatro paradas en La Pobla de Lillet, en la Pobla Centre, los Jardines Artigas y el Museo del Cemento. No deja de ser hasta poético, un poema dramático, que para redescubrir esta obra de Gaudí se pueda llegar en tren con el final que tuvo el arquitecto modernista el 10 de junio de 1926, cuando falleció atropellado por un tranvía en plena Gran Vía de Barcelona.

Anécdotas aparte, hay que revalorizar las obras que no aparecen en los libros de Arte y en las primeras líneas de las ofertas turísticas. Tenemos que salir de las capitales y excavar para descubrir que, por ejemplo, en este caso, tenemos un «Parque Güell» en la provincia de Lleida, de Antoni Gaudí y que hay que darle la misma categoría, pues no ejecutó ningún otro parque húmedo con estas características. Un enclave único y que sólo por ello tiene valor por sí mismo.
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