Retablo Mayor de San Lorenzo de El Escorial

Ficha técnica

Título: Retablo Mayor de San Lorenzo de El Escorial
Autor: Pompeo Leoni (hacia 1533-1608), Jacome da Trezzo (1515-1589) y Juan Bautista Comane ( ?- 1582)
Cronología: Entre 1579 y 1588
Estilo: Arte renacentista
Materiales: Mármol, bronce dorado, jaspe y metal
Ubicación: Basílica de San Lorenzo de El Escorial
Dimensiones: 14 m. de ancho y 26 m. de alto

COMENTARIO HISTÓRICO ARTÍSTICO DEL RETABLO MAYOR DE SAN LORENZO DE EL ESCORIAL

ANÁLISIS FORMAL

El Retablo Mayor de San Lorenzo de El Escorial fue una de las obras más importantes que se realizó dentro de la Basílica del Monasterio. Para ello, haremos una pequeña introducción de la historia de este maravilloso proyecto arquitectónico realizado bajo la visión del monarca prudente, Felipe II. En la segunda mitad del siglo XVI, Felipe II (1527-1598), puso en marcha la construcción de uno de los edificios más importantes y más complejos –por su significado y simbolismo- de la historia de la monarquía española: El Escorial. Esta obra se construyó en un tiempo récord – aproximadamente en 21 años – debido al enorme interés que tuvo el monarca por levantar un lugar fijo de enterramiento para su linaje, la dinastía de los Austrias, tal y como deseó y ordenó su padre, el Emperador Carlos V.

El Escorial – además de ser un panteón dinástico – se proyectó como templo de culto y Monasterio de la orden de los Jerónimos a la que tanto Carlos V, como Felipe II, eran devotos. Así mismo, el Monasterio quedó bajo la advocación de San Lorenzo en agradecimiento por las victorias que se consiguieron en el día de su festividad.

Felipe II tenía claro que la construcción de El Escorial supondría el paradigma máximo de la Contrarreforma tras el Concilio de Trento (celebrado entre 1545 y 1563), en donde la difusión de la doctrina católica fue clave para vencer a la herejía (el protestantismo). Toda una serie de imágenes y de estampas circularon para dar a conocer la magnificencia y singularidad de El Escorial.

En 1562, Juan Bautista de Toledo, arquitecto real, presenta la traza de la planta del Monasterio de El Escorial, situando a la Basílica en la parte central del proyecto. De esta primera traza el rey no quedó convencido y pidió asesoría a Franceso Piaciotto, ingeniero militar, del cual toma algunas sugerencias con respecto a la planta, la cabecera y algunas acomodaciones en la fachada, y no es hasta1573 cuando el arquitecto, Juan de Herrera, realice las trazas definitivas de la Basílica para que un año después se inicie la construcción de El Escorial.

Esta magna obra no se puede entender sin la complejidad de la decoración del interior de sus estancias – concretamente en el interior de la Basílica – en donde se elaboró uno de los retablos y conjuntos escultóricos más importantes de todo el proyecto arquitectónico.

ANÁLISIS ICONOGRÁFICO

La decoración del interior de la Basílica atiende al espíritu contrarreformista de la época, por tanto, es coherente con los dogmas de la fe católica (culto de la Eucaristía, veneración a la Virgen y santos, etc.). En este espacio se colocaron cerca de cuarenta altares, todos ellos dedicados a la Virgen, santos mártires, a personajes bíblicos y religiosos. La intención del monarca se centró en la creación de un lugar en donde se pueda desarrollar la liturgia y la celebración de los santos a través de la veneración de las reliquias, según el calendario romano, y las misas en los aniversarios de la familia real.

En la capilla mayor de la Basílica se acoge el Santísimo Sacramento – máxima representación simbólica de la Eucaristía – que está resguardado en el Tabernáculo. Esta zona – que se encuentra diferenciada del resto del cuerpo basilical – está recubierta con mármoles polícromos y bronces dorados. Además, se complementa con la decoración pictórica mural y escultórica del retablo. Resalta, en especial, la iluminación que entra en el Tabernáculo «a través de la ventana del Sagrario, desempeñando un papel fundamental para resaltar la custodia, ya que cambia de color por medio de unas cortinillas, que indican los distintos tiempos eclesiásticos».

Para la elaboración del retablo se contrató en 1579 escultores como Jacopo da Trezzo quien se encargó del Tabernáculo; a Juan Baustista Comane y su hermano Pedro Castello, que trabajaron en jaspe y mármol los elementos arquitectónicos del retablo, mesas de altar y gradas; y a Leone y Pompeo Leoni que elaboraron las esculturas de bronce y elementos arquitectónicos del mismo material. Todos ellos trabajaron según las trazas realizadas por Juan de Herrera, quien estuvo al frente de toda la empresa constructiva de El Escorial.

En un primer momento, Felipe II pensó que el retablo debía decorarse con pinturas de los grandes maestros venecianos, Tiziano, Veronese y Tintoretto. El gusto por La Anunciación de Veronese hizo que el monarca le propusiera una buena suma de dinero para que se trasladase a España a completar todas las pinturas del retablo, sin embargo, el artista no aceptó la propuesta. De Tintoretto fue El Nacimiento que, finalmente, no fue colocada en la obra final del retablo para mantener una coherencia estilística.

Retablo Mayor de San Lorenzo de El Escorial
Anunciación, Paolo Veronese

Fue la labor del artista español, Juan Fernández de Navarrete o también llamado Navarrete «el Mudo», la que más se acercaba al estilo de la escuela veneciana y Felipe II lo contrató para que desempeñara esta labor. Por desgracia, la temprana muerte del pintor en 1579 dio paso a que se contratara a Federico Zuccaro años más tarde, en 1587. Las pinturas realizadas por el artista no fueron del agrado para el monarca y fueron sustituidas por otras versiones del arquitecto y pintor italiano Pellegrino Tibaldi: Martirio de San Lorenzo, Adoración de los pastores, Adoración de los Reyes. Otras obras realizadas por Zuccaro fueron repintadas, como la Virgen de la Asunción, por Juan Gómez en 1596.

Adoración de los Reyes Magos, Tibaldi

El retablo se compone de tres cuerpos o niveles y su esquema arquitectónico responde al modelo romano de conjugar y alternar los diferentes órdenes clásicos: dórico, jónico y corintio. En el primer nivel observamos la representación de la Natividad, Adoración de los pastores y la Epifanía, Adoración de los Reyes Magos, mientras que en el centro se coloca el Tabernáculo, que fue diseñado por Juan de Herrera y ejecutado por Jacopo da Trezzo hacia 1579, como hemos mencionado anteriormente, el cual se encargó de elaborar la arquitectura y orfebrería; mientras que Pompeo Leoni trabajó en las esculturas de bronce.

El Tabernaculo presenta una planta centralizada con columnas corintias hechas en mármol y jaspe, diseño que nos recuerda al Templo de Jerusalén y la anástasis del Santo Sepulcro. Además, es una arquitectura ideal que rememora el templete de San Pietro in Montorio en Roma, con columnas de orden corintio y coronado con una cúpula. La decoración escultórica se encuentra en los intercolumnios del templete, donde se hallan los cuatro evangelistas y sobre la cornisa se colocan a los ocho apóstoles, rematado por la figura de El Salvador.

Tabernáculo que acogía la custodia que, según las fuentes, estaba realizado con piedras preciosas y que fue saqueado durante la invasión francesa.

Detrás del Tabernáculo nos encontramos con el Sagrario decorado con pinturas al fresco de Tibaldi, serafines y escenas con los milagros de Moisés en el desierto, que son la prefiguración de la Eucaristía. Los laterales se rematan con las esculturas de los cuatro doctores de la Iglesia en bronce dorado: San Agustín, San Jerónimo, San Gregorio y San Ambrosio.

La interpretación del nacimiento de Cristo en la tierra advierte que estamos ante la presencia de un Cristo de carne y hueso, es decir, no debe existir duda alguna sobre la transustanciación (conversión de las sustancias del pan y vino en el cuerpo y sangre de Cristo). Por ello, los reyes están de rodillas, venerando al Niño, entendido como el Dios verdadero. Este es el primer paso de fe de la religión católica que se presenta fortalecida y engrandecida ante la negación de los protestantes por la transustanciación.

El segundo cuerpo o nivel se decora con columnas jónicas y simboliza la Pasión de Cristo y el culto a los santos. En el centro aparece el Martirio de San Lorenzo de Tibaldi y a los lados La Flagelación y Jesús con la cruz a cuestas de Zuccaro. Es decir, nos encontramos con escenas de la Pasión de Cristo que interpelan al espectador pues el dolor de Cristo es el dolor que sufre también el ser humano de carne y hueso. La fe en Cristo sólo se puede conseguir si el creyente se entrega a Cristo y esto es lo que hace San Lorenzo, de ahí que sus dimensiones estén a una escala descomunal, pues debía impactar al fiel. Enmarcando este nivel se encuentran las esculturas de los cuatro Evangelistas (Mateo, Juan, Lucas y Juan el apóstol) con sus respectivos símbolos (hombre, león, buey, águila).

Retablo Mayor de San Lorenzo de El Escorial
Martirio de san Lorenzo, Tibaldi, 1592.
El segundo cuerpo se compone de las escenas de La Flagelación (Zuccaro), Martirio de san Lorenzo (Tibaldi) y Jesús con la cruz a cuestas (Zuccaro). En el tercer nivel encontramos las representaciones de La Resurrección y Pentecostés y en el centro la Ascensión de La Virgen María de Zuccaro.

El tercer cuerpo o nivel se compone del orden corintio y simboliza la ascensión hacia la Gloria divina, es decir, hacia el cielo. Podemos observar las representaciones de La Resurrección y Pentecostés y en el centro la Ascensión de la Virgen María de Zuccaro. El conjunto se complementa con las esculturas de los apóstoles Santiago, patrón de España, y San Andrés, patrón de la orden del Toisón de Oro. Esto quiere decir que la iglesia católica que llevará al fiel al cielo es la Iglesia española, la de Felipe II.

El último cuerpo se cierra con el orden compuesto y la representación escultórica de El Calvario: Cristo en la Cruz, entre la Virgen María y San Juan. Es una representación de enormes dimensiones que nos recuerda que estamos ante un entorno funerario, está hecho en bronce por Pompeo Leoni y es el conjunto más hermoso de escultura italiana del siglo XVI, comparable sólo con el Santuario de la Santa Casa de Loreto y las esculturas del Vaticano.

El Calvario, Leoni, ca. 1598-1599.

En la bóveda del presbiterio podemos observar la Coronación de la Virgen pintada por Luca Cambiaso, entre figuras de profetas. La devoción de la Santísima Trinidad en el catolicismo es muy importante y fue uno de los dogmas que los protestantes rechazaron de la iglesia católica. La Virgen María es el símbolo de la Iglesia católica y ella está en posición de adoración, recibiendo la corona. Esta representación se relaciona con las esculturas de bronce de los monarcas que están debajo, como veremos a continuación, puesto que ellos son reyes por la gracia de Dios.

Coronación de la Virgen, Luca Cambiaso, 1584.

Las esculturas de la Familia Real realizadas en bronce por Pompeo Leoni en 1590 para las tribunas laterales de la capilla mayor completan el programa iconográfico de toda la Basílica. Es la representación de los monarcas de las familias de Carlos V y Felipe II, cuyos cuerpos estaban enterrados anteriormente en el Panteón bajo el altar mayor, «en actitud de perpetua adoración del Santísimo Sacramento, orando por su salvación y por la de la dinastía habsbúrgica». El grupo escultórico de Felipe II se concretó en 1600, dos años después de su muerte.

Se trata de crear una línea genealógica de retratos vivos, este mecanismo es importante pues es un sitio dedicado únicamente para los reyes de la casa de Austria. Las figuras tienen complementos que se pueden quitar y poner, son vestimentas heráldicas y están decoradas con imágenes de santos, con capa pluvial, como las del cura cuando hace una misa solemne. La figura de Carlos V se representa como rey y sacerdote, tal y como se representaba a los antiguos reyes de Jerusalén. Felipe II juega constantemente con esa asimilación, ya lo hemos visto con la arquitectura del Templete.  El bronce se ha trabajado de distinta manera en los grupos escultóricos, con sus mates, sus brillos y bordados, también vemos el Escudo Imperial en la parte superior, inscripciones en latín, etc. La capa de Felipe II es de piedras duras y es de diseño más complejo, aparece junto a su esposa, Juana de Austria.

Estamos asistiendo, por tanto, ante figuras solemnes, que aluden a la vida activa de los monarcas, y que llegarán a ser retratadas posteriormente por diversos artistas, como Pantoja de la Cruz. El simbolismo de estos grupos escultóricos es el de un árbol genealógico, en donde aparecen algunas ramas que recuerda al árbol de Jesé. Nuevamente, en alusión a la consigna de que son monarcas por la gracia de Dios.

Retablo Mayor de San Lorenzo de El Escorial
Felipe II y su familia, Pompeo y Leon Leoni, 1590-1600.
Emperador Carlos V y su familia, Pompeo y Leon Leoni, 1590.

BIBLIOGRAFÍA

Fray José de Sigüenza, La Fundación del Monasterio de El Escorial, Madrid, 1988.

Rosemarie Mulcahy, “A la mayor gloria de Dios y el Rey”: La decoración de la Real Basílica del Monasterio de El Escorial, Madrid, Editorial Patrimonio Nacional, 1992.

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