Zigurat de Ur

Ficha técnica

Título: Zigurat de Ur
Autor: Rey Ur-Nammu
Cronología: 2100 a.C.
Estilo: Arte sumerio
Materiales: ladrillo y adobe
Ubicación: Ciudad de Ur, Mesopotamia (actual Irak)
Dimensiones: 61 x 45,7 m.

COMENTARIO HISTÓRICO ARTÍSTICO DEL ZIGURAT DE UR

En el corazón del desierto iraquí, recortando el horizonte de la provincia de Diqar, se alza una de las estructuras más imponentes y magnéticas de la antigüedad: el Gran Zigurat de Ur. No se trata simplemente de un monumento arqueológico; es el testimonio físico del nacimiento de la civilización, una mole de barro y betún que desafió al tiempo para recordarnos cómo los primeros seres humanos organizados en ciudades-estado concibieron su relación con lo divino y el poder político.

Contexto Histórico-Artístico

Para comprender la magnitud del Zigurat de Ur debemos trasladarnos idealmente hacia finales del III milenio a.C. (aproximadamente entre el 2100 a.C. y el 2000 a.C.). Tras siglos de inestabilidad política marcados por el colapso del Imperio Acadio y las devastadoras invasiones de los pueblos nómadas gutis, la milenaria ciudad de Ur recuperó la hegemonía sobre el sur de Mesopotamia. Este floreciente periodo es conocido por los historiadores como el Renacimiento Sumerio o la Tercera Dinastía de Ur (Ur III).

El artífice de esta unificación y de una profunda reforma administrativa fue el rey Ur-Nammu. Para legitimar su soberanía ante sus súbditos y ante las ciudades rivales, este monarca inició un ambicioso programa de propaganda estatal a través de la arquitectura monumental. El zigurat no fue un capricho estético; fue el símbolo de la restauración del orden cósmico y político. Aunque Ur-Nammu concibió y comenzó la obra, la monumental estructura sería finalizada por su hijo y digno sucesor, el rey Shulgi, durante un periodo de paz y esplendor burocrático sin precedentes.

Desde la perspectiva artística, el zigurat representa la madurez absoluta de la arquitectura de la cuenca del Tigris y el Éufrates. A diferencia de Egipto, donde abundaba la piedra caliza y el granito, el suelo mesopotámico estaba desprovisto de canteras y grandes bosques. Ante esta escasez material, los sumerios hicieron de la necesidad una virtud virtuosa: dominaron la arcilla y el agua, convirtiendo el barro de las llanuras fluviales en el componente modular de sus colosales templos.

Análisis formal

Zigurat de Ur
Zigurat de Ur

Desde un punto de vista puramente formal y arquitectónico, el Zigurat de Ur es una torre escalonada de terrazas en declive, cuya fisonomía combina la solidez tectónica con una sorprendente sofisticación técnica.

Dimensiones y Planta

La estructura posee una planta rectangular perfecta que mide originalmente unos 64 metros de longitud en su eje mayor por 45 metros de ancho en el menor. En su época de máximo esplendor, el zigurat se elevaba majestuosamente a través de tres niveles escalonados hasta alcanzar una altura estimada de 30 metros. En la actualidad, debido al desgaste milenario, solo se conserva en pie de manera íntegra la primera terraza y secciones de la segunda.

Anatomía de los Materiales y Sistema Constructivo

El núcleo del edificio es completamente macizo, una compactación ciclópea de millones de adobes (ladrillos de barro mezclados con paja y secados al sol). Para cohesionar esta masa y evitar deslizamientos internos, los ingenieros sumerios colocaron de manera sistemática gruesas esteras de cañas trenzadas e impregnadas en barro entre las hiladas de adobes.

Sabiendo que el adobe es sumamente vulnerable a la humedad y la erosión del viento, toda la estructura fue blindada exteriormente con una monumental «coraza» de ladrillos cocidos al horno. Este revestimiento exterior tiene un espesor de 2,5 metros y sus piezas fueron ensambladas utilizando betún o asfalto natural refinado, que actuaba como un mortero elástico e impermeabilizante de primer orden.

El Triángulo de Acceso

El sistema de circulación exterior es una de las grandes genialidades del diseño. En la fachada noreste se proyectan tres majestuosas escalinatas de cien peldaños cada una. Dos de ellas se adosan de forma simétrica a los muros laterales, mientras que la tercera avanza de manera perpendicular hacia el desierto. Las tres convergen en un imponente pabellón o torre de entrada situado en el primer nivel. A partir de este punto de encuentro, una sola escalinata monumental continuaba el ascenso hacia las terrazas superiores, restringiendo el paso visual y físico a medida que se ganaba altura.

Correcciones Ópticas y Taludes

Al igual que harían los griegos siglos más tarde en el Partenón, los constructores de Ur aplicaron sutiles ilusiones ópticas. Los muros exteriores no son verticales, sino que presentan una inclinación hacia el interior en forma de talud. Además, las líneas de los muros muestran una ligerísima curvatura convexa. Estas estrategias arquitectónicas tenían un doble propósito: estructuralmente distribuían mejor el peso de la masa hacia la base, y estéticamente eliminaban la rigidez visual del bloque, dotando al edificio de una ligereza ascendente que guiaba la mirada directamente hacia el cielo.

Análisis iconográfico

Reconstrucción informática del zigurat de Ur

El significado simbólico del zigurat va mucho más allá de su imponente apariencia física. En la mentalidad sumeria, la arquitectura era el reflejo del orden divino. Esta estructura estaba dedicada por entero a Nanna (el dios Luna en sumerio, conocido posteriormente como Sin por los acadios), la deidad tutelar de Ur y señor del destino y del tiempo.

La Montaña Sagrada o Artificial

En la mitología mesopotámica, las deidades habitaban en las altas cumbres orientales, lugares inaccesibles donde la tierra tocaba el firmamento. Dado que el sur de Mesopotamia era una llanura aluvial completamente llana, los sumerios decidieron edificar sus propias montañas. El término «zigurat» proviene del verbo acadio zaqāru, que significa literalmente «construir en alto» o «elevarse». Así, el edificio era una recreación topográfica del hogar de los dioses en medio de la llanura.

El Concepto del Axis Mundi

El Zigurat de Ur funcionaba como un eje del mundo, un puente cósmico bidireccional. Era el punto exacto donde la divinidad podía descender a la Tierra para comunicarse con los hombres, y donde la humanidad —representada por sus gobernantes— podía elevar sus plegarias al firmamento.

El Templo de la Cúspide (La Cella)

En la última terraza, coronando el edificio, se erigía el Templo Alto o Cella. A diferencia de los templos modernos, este recinto no estaba diseñado para congregar a fieles o albergar ceremonias multitudinarias; las masas permanecían abajo, en el patio del complejo sagrado. La Cella era concebida textualmente como la morada terrestre del dios. En su interior solo podían entrar el monarca y el sumo sacerdote para realizar libaciones, ofrendas de alimentos y, crucialmente, el ritual del matrimonio sagrado, una ceremonia mística anual destinada a garantizar la fertilidad de los campos, la crecida de los ríos y la abundancia del reino.

El Corazón Burocrático y Económico

No debemos desligar lo sagrado de lo terrenal. El zigurat se encontraba dentro de un recinto amurallado sagrado que actuaba como el epicentro del estado. A sus pies se disponían los almacenes de grano, los establos, los archivos reales en tablillas de arcilla y los talleres. El dios Nanna era el mayor terrateniente de Ur; por lo tanto, el zigurat era también el banco central y el motor económico de la ciudad.

Curiosidades

Zigurat de Ur
Partes del zigurat de Ur
  • Los «Agujeros de Lloro» (Drenaje Milenario): Si se observa de cerca el revestimiento de ladrillo cocido, se aprecian múltiples orificios rectangulares. Lejos de ser un fallo, eran un sofisticado sistema de ventilación y drenaje. El núcleo de adobe retenía agua durante las escasas pero torrenciales lluvias invernales; estos agujeros permitían la evaporación interna del agua, evitando que la masa de barro se hinchara y reventara el blindaje exterior.
  • La Reconstrucción de Saddam Hussein: En la década de 1980, el régimen de Saddam Hussein llevó a cabo una agresiva campaña de restauración del monumento para exaltar el nacionalismo iraquí y emular las glorias de los reyes del pasado. Aunque facilitó la comprensión visual del monumento para el turismo, fue duramente criticada por la comunidad internacional debido al uso de cemento y ladrillos modernos estampados con el nombre del dictador, alterando la pátina histórica de la obra.
  • El Mito de la Torre de Babel: La tipología arquitectónica de los zigurats (siendo el de Ur el mejor conservado) es la base histórica que dio origen al mito bíblico de la Torre de Babel en el Antiguo Testamento. Los hebreos exiliados en Babilonia quedaron tan impactados por estas moles que rascaban el cielo que las interpretaron como un desafío directo de la arrogancia humana hacia Dios.
  • Cromatismo Simbólico: Aunque hoy nos llega con un color monocromático arcilloso, crónicas antiguas sugieren que las terrazas poseían un código de color: la base de betún negro (el inframundo), el cuerpo de ladrillo rojo (la tierra habitable) y el templo superior revestido de azulejos vidriados azules o blancos (el cielo).

Conclusión

El Gran Zigurat de Ur constituye una de las cimas del ingenio humano. En una época en la que la humanidad apenas abandonaba la prehistoria, los sumerios coordinaron la fuerza laboral de miles de personas, dominaron las matemáticas y la física de materiales, y levantaron una montaña allí donde la naturaleza solo dispuso llanura. Hoy en día, sus restos erosionados pero firmes siguen alzándose en el desierto como un recordatorio eterno del día en que el ser humano decidió construir un puente para tocar las estrellas.

Bibliografía

  • Woolley, C. Leonard (1939). The Ziggurat and its Surroundings. Ur Excavations, vol. V. Oxford University Press.
  • Frankfort, Henri (1996). Arte y arquitectura del Oriente Antiguo. Ediciones Cátedra.
  • Margueron, Jean-Claude (2002). Los mesopotámicos. Ediciones Cátedra.
  • Liverani, Mario (2008). El Antiguo Oriente: Historia, sociedad y economía. Editorial Crítica.

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