JOSEPH CORNELL
Joseph Cornell nació el 24 de diciembre de 1903 en Nyack, a cuarenta y siete kilómetros de Nueva York. Ya desde pequeño recibió las inclinaciones artísticas de sus padres, quienes, interesados en el entretenimiento de fin de siglo, llevaban a sus hijos a Manhattan para ver música, teatro e ir al cine emergente.

Joseph Cornell papers, Archives of American Art, Smithsonian Institution
Su crecimiento se vio marcado por el temprano fallecimiento de su padre en 1917, lo cual llevó a la familia a mudarse a una serie de casas alquiladas en Bayside, Queens, hasta que en 1929 se establecieron en el 37-08 de Utopia Parkway en Flushing, donde Cornell viviría por el resto de su vida, junto con su madre y su hermano con discapacidad motriz.
En 1921, Cornell comenzó a trabajar como vendedor para el mayorista textil William Whitman en la parte baja de Madison Avenue. Durante esos años, se involucró profundamente en la vida y la cultura de Nueva York, escuchando música clásica, asistiendo a la ópera y comenzando a coleccionar a pequeña escala.
Además, a lo largo de esa década, cultivó un interés por el arte moderno, pero también seguirá los movimientos neoyorquinos en desarrollo, influenciados por los movimientos de vanguardia europeos de la época, como el dadá, el cubismo y el expresionismo alemán; una etapa formativa que complementó visitando museos y exposiciones, y leyendo crítica de arte y revistas especializadas en música, teatro y artes visuales.

Hasta su encuentro en la galería de Julien Levy, que abrió en 1931, donde Cornell conoció a la mayoría de los artistas surrealistas, y de modo muy particular, los collages de Max Ernst, no encontramos en su biografía nada que permita suponer una dedicación artística más allá de su gran curiosidad de autodidacta.

Tras ese encuentro, Cornell presentó a Julien Levy sus primeros collages elaborados sobre cartón y al estilo de Ernst. Levy los incluyó en la histórica exposición de 1932 que introdujo el surrealismo en Nueva York, donde Cornell compartió espacio con figuras como Dalí, Picasso y Man Ray, encargándose además del diseño del cartel.


Cornell había estado coleccionando objetos encontrados antes de su introducción a los surrealistas en la Levy Gallery. Vagaba por la ciudad recolectando y guardando cada pieza, y con ellas empezó a elaborar ensamblajes tridimensionales.

Así surgieron sus obras más características: cajas tridimensionales en las que integraba diversos objetos, collages y materiales. Estas composiciones incluían desde dedales sobre agujas y pequeñas bolas de plata bajo campanas de cristal, hasta lentejuelas, arena de colores y grabados recortados de múltiples temas. Tanto los objetos como los contenedores apenas variaban de su estado original, pues Cornell los «transformaba» mediante leves alteraciones, siguiendo la estela de Duchamp.

Una de sus primeras cajas fue “sin título (Soap Bubble Set)”, realizada en 1936. Dentro de una caja de sombras que funciona como contenedor, vemos una serie de elementos que parecen flotar en sus espacios designados. Muchos de los símbolos que serán una constante en su obra, aparecen aquí por primera vez: pipas de arcilla, vasos, grabados, mapas o espejos.

Sus cajas se convierten en microcosmos temáticos donde se entrelazan obsesiones personales y saberes universales. Sus composiciones abordan recurrentemente la infancia y la nostalgia, evocadas a través de juguetes, pompas de jabón y objetos cotidianos transformados en reliquias. Asimismo, la cosmología y la ciencia ocupan un lugar central, con mapas estelares y esferas que aluden a planetas y mareas, dialogando con su fascinación por la naturaleza, visible en sus aviarios, arenas y elementos marinos. No menos importante es su devoción por las artes escénicas, rindiendo tributo al ballet, la ópera y el cine mediante «teatros poéticos» dedicados a bailarinas y actrices.

Estas construcciones a menudo hacían referencia a espacios arquitectónicos como hoteles, farmacias, palacios, aviarios, observatorios y teatros.
Por ejemplo, en A Pantry Ballet (For Jacques Offenbach), de 1942, Cornell representa una suerte de teatro con cortinas hechas de tapetes y bailarinas vistiendo tutús de malla.

Las cajas de madera no eran las únicas estructuras que Cornell usaba en sus obras. También transformaba contenedores de almacenamiento, cofres, maletas o gabinetes en contenedores de objetos.
Por ejemplo, en Untitled (Pharmacy), elaborada en 1943, partió de un botiquín de madera con estantes de vidrio, en los cuales incluyó unos botes de cristal que contenían diferentes objetos encontrados.

Cornell pretendía que el espectador pudiera explorar las cajas, que animaban al espectador a interactuar a través de otros sentidos además de la vista. Incluyendo elementos como cajones, viales para manipular o bolas para rodar.
En cajas como Untitled (Penny Arcade Portrait of Lauren Bacall) (1945-46), o la serie de cajas Medici incorporó juegos inspirados en los de los salones recreativos como el pinball y las máquinas tragaperras.


En definitiva, las cajas de Cornell funcionan como escenarios para la imaginación, invitando al espectador a conectar sus elementos y construir narrativas propias. Su mayor atractivo está en el misterio que proyectan: al adoptar una disposición teatral, estas obras habitan la frontera entre lo real y lo ficticio. Son, contenedores físicos tangibles a la vez que espacios escenográficos ilusorios que transforman nuestra percepción de la realidad.

“Las cajas de sombras se convierten en teatros poéticos o escenarios donde se metamorfosean los elementos de un pasatiempo de la infancia.” (Joseph Cornell, 1948)
