Como dijo la gran Vivienne Westwood: “La moda no es solo ropa, es una forma de expresión artística y política”
Este artículo tratará de indagar en las prácticas del vestir en la ciudad de Buenos Aires durante el segundo período de gobierno de Juan Manuel de Rosas (1835-1852) y analizar de qué modo dichas prácticas funcionaron como un vehículo de información social, económica y política. Para ello, parto de una serie de interrogantes orientadores: ¿qué se entiende por “prácticas del vestir”? ¿Cuáles fueron las que se destacaron durante el segundo mandato de Rosas? ¿Cómo se relacionaron estas prácticas con la dinámica política y con la oposición entre unitarios y federales?

Para contextualizar y favorecer una mejor comprensión de estas prácticas del vestir de Buenos Aires, es necesario introducir brevemente el rosismo y su circulación de ideas políticas a través de la cultura visual , ya que la indumentaria forma parte de ese universo simbólico.
Durante la segunda mitad del siglo XIX, la ciudad de Buenos Aires se encontraba bajo el gobierno de Juan Manuel de Rosas. El rosismo, nombre que se designa a este periodo (1829-1852), se entiende como un régimen político autocrático y federalista que buscaba la estabilidad a través de la represión de la oposición. Este gobierno se destacó por el uso de la fuerza para perseguir a sus detractores (unitarios), la consolidación del poder en manos del gobernador y el uso de la propaganda política (como la divisa punzó).

Ahora bien, el tema central de este trabajo son las prácticas del vestir en el segundo mandato de Rosas, pero la pregunta es: ¿qué se entiende por estas “prácticas del vestir”?. Son herramientas de expresión y comportamientos relacionados con la indumentaria, y cómo las personas se visten para expresar su identidad, comunicarse o cumplir funciones específicas, y a menudo implican el seguimiento de normas. A lo largo de este trabajo veremos estrategias – implementadas por Rosas– de cómo las prácticas del vestir de la aristocracia federal, adquirieron un rol político importante en la gesta de su segundo gobierno (1835-1852), y que no solo se trató de moda o costumbre, sino también de un sistemas de control ideológico y un disciplinamiento social.
El vestir de la aristocracia federal
La sociedad del siglo XIX desarrolló diversos sistemas destinados no solo a imponer una práctica de vestir considerada apropiada, sino también a regular costumbres y comportamientos en determinados espacios de reunión. A través del vestuario es posible inferir ciertas características de las personas: no solo su ocupación, sino también su nivel cultural, su estatus social y su posición de poder. En este sentido, la indumentaria funciona como un medio de información, comunicación y clasificación en todas las etapas históricas.

La moda entendida como comunicación y vestuario, son elementos utilizables para extender influencias de tipo político. Para mejor entendimiento explicaré la moda-símbolo, un concepto dado por Margarita Riviére (1977) , quien sostiene que : “[…] los propósitos de extender cualquier ideología se apoyan en algún objeto o prendas determinadas […] estas modas-símbolos trataran de diferenciar a quien la lleva de los demás y nos conducirá posteriormente a identificar prendas con la ideología de su portador […]” (pg.84). En mi caso a tratar, en el segundo gobierno rosista, lo podemos observar en las famosas divisas federales.
Cultura del vestir
Las prácticas del vestir con la política están enlazadas. Una de las estrategias de esta relación que utilizó el Restaurador, fue esta idea de que todos debían portar algún elemento distintivo, algún sello, que identificará a sus seguidores: la divisa punzó. Esto era un distintivo político en forma de cinta o lazo de color rojo punsó, usado en Argentina para demostrar lealtad al Partido Federal. La extensión de este color, inundó no solo las vestimentas, sino también otros objetos cotidianos y decorativos marcando una redención al sistema federal.

En este periodo – 1835 – 1852 – nos encontramos con una élite social que se apropia del privilegio de vestir mejor que sus semejantes. Es lo que dentro de la historia del traje y la moda llamamos aristocracia. Además de la practicidad, el vestuario de esta élite social, cumple con otras funciones: la estética, la simbólica y la clasificatoria que veremos a continuación.
La vestimenta de la mujer en la aristocracia federal
El diálogo entre el vestuario y el personaje aporta un nivel de poder en la imagen aristocrática. Durante este periodo, estas mujeres cumplieron un rol fundamental en la sociedad de la confederación rosista dispuestas a ocupar nuevos espacios en la vida social y política que se estaba configurando. El rol de las mujeres fue que una fuera líder para poder reunirse con otras mujeres, hablar sobre temáticas de la actualidad y ser anfitriona de bailes de la aristocracia.
En eventos diurnos y nocturnos de una mujer federal de la aristocracia en público, utilizaban vestidos con escote “berthe” – cuello ancho redondo o en “v” hecho de encaje o tela fina que se coloca sobre el vestido, cayendo sobre los hombros –-, con detalles de moños y mangas un poco más arriba del antebrazo. Este vestuario contaba con una falda larga – que tenía que ganar protagonismo y ocupaba un gran espacio – ceñida a la cintura resaltando así, la figura de la mujer. Los enaguas no solo cumplían la función de ampliar el faldón , sino que también podían incorporar motivos que remitieran a la causa federal.
Un ejemplo de la vestimenta de la época , es el óleo de Prilidiano Pueyrredón que retrata a la hija del Restaurador: Manuelita Rosas. El artista retrata a su modelo de 34 años de cuerpo entero y levemente perfilada hacia la derecha. Su mirada, dirigida al espectador, nos envuelve de dulzura. Un detalle que llama la atención es la nota o carta que contiene en su mano izquierda; una carta tratando de mediar entre los pedidos de su pueblo federal y su padre.
Los encajes blancos de su falda, son discutidos por el artista con la comisión para mejorar el efecto visual y así otorgar luminosidad en la uniformidad cromática. En los accesorios podemos observar que luce joyas como una diadema sobre el peinado en bandeaux que acompaña el moño punzó, collar resaltado por el espacio abierto del escote “berthe”, caravanas y prendedor; también porta pulseras de oro con piedras preciosas y anillos en ambas manos. Los objetos como el cortinado, sillón y la alfombra de color rojo federal, contrasta con el fondo verdoso.

Durante los paseos diurnos, utilizaban en sus vestidos el interior de franela, ribeteado en los bajos con tela de crin y muselina almidonada. Pronto comenzó el mix de lo artesanal y lo industrial en los vestidos; estos contenían grandes mangas abullonadas que solo se podían hacer de manera artesanal. Los artesanos —que no desempeñaban su labor del mismo modo que en la actualidad— se dedicaban a la producción de sombreros, zapatos, vestidos y trajes elegantes.
Accesorios de una mujer federal de la aristocracia
El código de vestimenta aristocrático femenino exigía el uso de accesorios obligatorio para una dama de sociedad. Entre ellos se encontraban los guantes, peinetas y abanicos. Los guantes – diurnos y nocturnos– estaban realizados en diversas texturas, telas, encajes,tejidos o de cuero, dependiendo de la ocasión o evento. Los guantes fueron confeccionados sobre cabritilla blanca y ribeteados con cinta de seda rosa o rojo punzó , tienen un detalle curioso, la iconografía del Restaurador, impresa con la técnica de la litografía.
En el caso de la peineta, es un ornamento femenino que consta de un cuerpo convexo o curvo y un conjunto de púas que sirve para sujetar el peinado o el rodete, que a la vez sirve de adorno y que se lleva en la parte posterior de la cabeza. Podía ser utilizado solo como un elemento de elegancia o complementado para sostener una mantilla rectangular de encaje.

A diferencia de los peinetas, los peinetones llegaron a alcanzar hasta un metro veinte de altura. Esta tendencia provenía de la tradición española, aunque con el tiempo tanto su tamaño como sus formas, adquirieron características propias de nuestro país. Las peinetas se elaboraban con astas de animales y caparazones de las tortugas.;al ser de elementos orgánicos, a veces explotaban o se desintegraban. Lo particular de estos peinetones, al igual que los abanicos es que tienen tallados textos federales, como por ejemplo: “Viva la federación”, o en algunos casos el perfil de Rosas y de doña Encarnación Ezcurra, esposa del restaurador que en cierta manera la imagen de Rosas era omnipresente en la sociedad.

Los abanicos fueron de gran importancia. No solo cumplía la función de dar aire, sino también de un arma de seducción , feminidad y elegancia. Este accesorio fue muy popular en Europa hacia el siglo XIV y se extendió en la época de conquista al Nuevo Mundo. Durante la época del rosismo se realizaron abanicos con la efigie del Restaurador.
La vestimenta masculina en la aristocracia federal
El vestuario civil del dia durante el gobierno de Rosas, solían usar trajes sastres formales, que incluían chaqueta, chaleco y pantalón; también utilizaban sombreros y bastón que era para complementar el atuendo con sombrero de copa y bastón en ocasiones formales y así dar a entender que pertenecían a la aristocracia. El chaleco, prenda de vestir más importante de una caballero, por lo común sin mangas, se abotona al cuerpo, llega hasta la cintura, cubriendo el pecho y la espalda, y se coloca encima de la camisa. El material del chaleco podemos dividirlas en telas de seda, de lana y de algodón.
La vestimenta para alguna gala o evento de sociedad era una combinación de la moda europea de la época; es decir el frac – utilizado para galas y más en el romanticismo – y el chaqué — eventos diurnos– , con elementos distintivos como la divisa punzó.
El atuendo militar de gala debían usar obligatoriamente la divisa punzó como signo de identificación federal al igual que el uso del bigote que también fue obligatorio para las tropas. La vestimenta de ellos constaba de una Casaca – azul, con cuello y puños– ,botones – de metal, a menudo con la frase «¡Viva la Confederación Argentina!– , pantalones Azules ,chaleco y sombrero Negro, adornado con una escarapela azul y blanca y una pluma de los mismos colores, a menudo con forro punzó en su interior.
El uniforme de campaña militar del dia a dia conto de camiseta – de bayeta colorada (roja) o de popelina blanca – , pantalones, calzoncillo – de manta delgada–, chaqueta –de bayeta colorada (roja) – ,Gorra o sombrero –catalana punzó, o gorra de manga granas – Botas– de potro o zapatos negros y Abrigo – Chaquetón y poncho de bayeta colorada para el frío.

A su vez durante el rosismo se buscó enaltecer la vestimenta masculina del hombre de campo, -el poncho, la camisa y el chiripá-, adaptándola incluso como uniforme militar para algunos cuerpos, como se observa en la representación del Soldado de la guardia de Rosas.

En el óleo de Raymond Monvoisin, el personaje se supone que es un miembro de “La mazorca” (1842) que monta guardia en la casa de Rosas. Su vestimenta es de una camisa blanca, gorro de manga, el chiripá cubriendo el calzoncillo y en sus pies botas de potro. Está reclinado sobre un muro de ladrillos, apoyado sobre los aperos del caballo y ligeramente en escorzo. La mano derecha sostiene el mate, calza botas de potro y aún lleva puestas las espuelas. La rastra de cuero muestra el lujo de cuatro monedas de plata, lo que nos da la idea de que su rango no es el de un gaucho cualquiera.
Para cerrar este artículo , La imposición y difusión de la divisa punzó, accesorios, modos de presentarse públicamente, así como la vigilancia sobre la apariencia de los ciudadanos, revelan el esfuerzo del régimen rosista por construir un orden político que se expresara también a través de la vestimenta. En este sentido, las prácticas del vestir operaron como un mecanismo de control ideológico que permitía identificar lealtades, reforzar la presencia del poder y delimitar el espacio social entre federales y unitarios.
Asimismo, la adopción de determinados códigos de vestimenta por parte de la aristocracia federal demuestra cómo las élites porteñas participaron activamente en esta construcción simbólica, utilizando la moda para legitimar su posición y reforzar la identidad política promovida por el régimen. Esto confirma que la indumentaria no solo reflejaba tendencias culturales, sino que también actuaba como un instrumento de disciplinamiento social y como una herramienta para la circulación de mensajes políticos en la vida cotidiana.
En definitiva, las prácticas del vestir durante el rosismo evidencian la profunda interrelación entre apariencia, poder y política en la Buenos Aires del siglo XIX. De este modo, comprender el rol de la indumentaria en este período no solo ilumina las formas de sociabilidad y representación de la época, sino que también aporta claves para pensar cómo, aún hoy, el vestir opera como un medio privilegiado de comunicación y construcción política.
Bibliografía
- Aguero, A., Bermejo, T., Bovisio, M., & Marino, M. (2011). Travesías de la imagen: Historias de las artes visuales en la Argentina (Vol. 1). Editorial de la Universidad Nacional de Tres de Febrero.
- Capasso, V. (2012). El discurso visual durante el régimen rosista: Imbricaciones entre lo público político y lo privado. En las IV Jornadas de Investigación en Disciplinas Artísticas y Proyectuales (La Plata, 2012). Facultad de Bellas Artes, Universidad Nacional de La Plata. https://sedici.unlp.edu.ar/handle/10915/40943
- Fermín, C. (1970). Juan Manuel de Rosas: Su iconografía (Tomo 1). Editorial Oriente.
- Fermín, C. (1970). Juan Manuel de Rosas: Su iconografía (Tomo 2). Editorial Oriente.
- Garrido, M. (2006). Cuerpos, moda y representación en el siglo XIX argentino. Editorial del Zorzal.
- Malosetti Costa, L., & Gené, M. (2013). Atrapados por la imagen: Arte y política en la cultura impresa argentina. Editorial Edhasa.
- Museo Histórico Nacional. (s.f.). Abriendo el ropero del Museo Histórico Nacional
- Riviére, M. (1977). La moda, ¿comunicación o incomunicación?. Editorial Gustavo Gili, S.
