Red Boat (Imaginary Boys)

Ficha técnica

Título: Red Boat (Imaginary Boys)/ Barco Rojo (Chicos Imaginarios)
Autor: Peter Doig
Cronología: 2004
Estilo: Arte figurativo
Materiales: Óleo sobre lienzo
Ubicación: Colección particular
Dimensiones: 199 x 186.4 cm
Escrito por: CuDiosa

COMENTARIO HISTÓRICO ARTÍSTICO DE ‘RED BOAT (IMAGINARY BOYS)’ / ‘BARCO ROJO (CHICOS IMAGINARIOS)

CONTEXTO HISTÓRICO ARTÍSTICO

Ser contemporáneo y al mismo tiempo figurativo, no es del todo fácil. Así que, Peter Doig (Edimburgo, 1959) es uno de los estandartes de la reivindicación de la figura reconocible en contra de la abstracción extrema del arte conceptual. Sin embargo, eso no significa que no sea moderno. Al contrario, el Sir Scotland es muy trendy.

De hecho, es uno de los artistas más seguidos, valorados y pagados de la escena actual. Sus pinturas, además de inverosímiles colores, mezclan recuerdos, lugares y experiencias. Sobre todo, eso, lugares y escenas de exterior que reinventan los paisajes llenándolos de sentido y carga emocional. Peter pasó su infancia entre Canadá y Trinidad y Tobago. De la primera, recuerda y pinta sus lagos y bosques nevados; de la segunda rememora la exuberancia tropical, la música, el color. Parece que de de gustarle, le gustó más la antigua colonia inglesa porque volvió en 2002 y vivió allí más de 20 años para terminar volviendo a Londres y a la tradición pictórica europeísta.

‘Milky way’ (‘Vía láctea’), 1990.

Digamos que las obras de Peter Doig se parecen a esas pelis en las que no termina de pasar nada pero nos embaucan con ensoñaciones y misticismo. O, quién no disfruta curioseando en albúmenes de fotos ajenos imaginando historias. Fantaseando recuerdos. Dicho de otro modo, los paisajes de Doig no explican ni detallan. Evocan, sugieren. Y las personas que los ocupan actúan como esa presencia latente que hace posible que existan y que sean transmitidos. Como ese material heredado pasado de generación en generación: antiguos casetes, viejas cintas VHS.

Y, más mérito aún, dentro de un mundo en el que nos movemos rápido, sin pausa y con excitación constante. Contra esa inmediatez exigida, la obra del pintor escocés nos ofrece la oportunidad de parar. De observar. De mirar, pero despacio. De, por qué no, buscar entre nuestras propias instantáneas almacenadas en la memoria y encontrar un lugar común en el que encontrarnos. Son escenas que transmiten quietud a cambio de gritos o seducciones extremas pero efímeras.

ANÁLISIS FORMAL E ICONOGRÁFICO

Siguiendo con lo anterior, si nos tomamos el momento necesario para observar a los chicos que ocupan esta pequeña barca, podremos percibir como, al contrario de una foto que refleja el instante real, la escena evoca la distancia entre el momento vivido y el momento recordado. Los colores, muy probablemente, serían otros. La perspectiva es inestable y la percepción de realidad no ejerce la presencia necesaria. Es el dibujo que haces el primer día de clase para compartir con tus compañeros/as qué has hecho en vacaciones.

‘100 years ago’ (‘Hace 100 años’), 1990

Las embarcaciones son uno de los motivos más presentes en su obra artística. Y siempre flotan, no hay movimiento, parecen dejarse llevar. Desde luego, no es William Turner y su ‘Odisea de Homero’, por ejemplo.

En este cuadro, la barquita roja se convierte en el centro emocional de la escena y, pausadamente, la observamos desde fuera. A pesar de su llamada de atención, está suspendida en un entorno exuberante que resulta abrumador a la vez que impreciso. Por eso, quizá, el rojo del bote (que ya ha utilizado en obras como ‘100 years ago’) no busca armonizar sino interrumpir.

Los chicos que ocupan la barca visten de blanco, algo muy habitual en los habitantes autóctonos de las colonias. Diría que parecen apesadumbrados pero puede que sea a causa de la poca continuidad de la pincelada y que, en realidad, disfruten de una salida entre amigos. Incluso uno de ellos parece darse la vuelta para mirarnos.

Pero, interpretaciones a parte, no existe detalle que abra la posibilidad de crear un relato cerrado. La escena se sitúa en un tiempo suspendido, como si perteneciera a una edad intermedia: ni infancia ni madurez, ni partida ni llegada. E, igual, es eso, una representación del tránsito vital, espacial que él mismo experimentó y del que se enriqueció sobre manera.

Recordemos el título de la obra. no cuenta una historia. Deja palpable que los chicos son imaginarios. Aún así, nos ofrece algo más raro y valioso: una sensación de estar ante una imagen que nos reconoce, incluso cuando no sabemos exactamente por qué.

CURIOSIDADES

Ahondando en lo dicho hasta ahora, resultará lógico saber que Peter Doig no vuelve a reencontrase con sus obras una vez terminadas. Su argumento es que no quiere corregirlos desde el plano racional sino que queden «mal explicados o incompletos».

Aunque no se escuche, sus cuadros transmiten música, compases caribeños y ritmos con sabor a reggae. Prueba de su conexión con la música es su actual proyecto: House of Music, una exposición‑instalación en la Serpentine Galleries (Londres) que marca la primera vez que el artista integra sonido de forma estructural en su práctica pictórica.

Conviene remarcar que, tanta es su importancia, que no se trata de una colaboración puntual ni de un acompañamiento sonoro, sino de un proyecto expositivo híbrido en el que pintura, música y experiencia colectiva se entrelazan.

¿COMPARTIR ESTE ARTÍCULO?

Share on facebook
Compartir en Facebook
Share on twitter
Compartir en Twitter
Share on linkedin
Compartir en Linkdin
Share on pinterest
Compartir en Pinterest

Deja tu comentario

Deja una respuesta

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos y para fines de afiliación y para mostrarte publicidad relacionada con sus preferencias en base a un perfil elaborado a partir de tus hábitos de navegación. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Configurar y más información
Privacidad