Durante años se ha repetido aquello de que la abstracción y las vanguardias son “para quienes no saben pintar”. Una afirmación que, de haberla escuchado, Pablo Picasso probablemente habría respondido con ironía. Porque si algo demostró el artista malagueño es que para romper las reglas primero hay que dominarlas. Esta no es solo una historia sobre arte, sino sobre cómo una serie de litografías de Picasso terminó conectando con la mentalidad creativa de uno de los grandes genios tecnológicos del siglo XX: Steve Jobs.
Abstracción, cubismo y litografía
La abstracción es un enfoque artístico que favorece la originalidad y la libertad absoluta en la composición. Forma parte esencial de la cultura visual contemporánea y propone una realidad distinta a la natural, prescindiendo de la figuración para expresar emociones, ideas o conceptos. En este contexto, Picasso se consolida como el máximo exponente y pionero del cubismo, movimiento que desarrolló junto a Georges Braque y que transformó radicalmente la manera de representar el mundo.
Dentro de esta búsqueda constante de nuevas formas de expresión, Picasso trabajó con múltiples técnicas, entre ellas la litografía. Esta técnica, originaria del siglo XVIII, se basa en la estampación de un dibujo realizado sobre una piedra calcárea con lápices o tintas especiales. Al aplicar la tinta, esta solo se adhiere a las zonas previamente tratadas, permitiendo una reproducción precisa y altamente expresiva. Para Picasso, la litografía fue un campo de pruebas ideal para explorar la reducción formal y el poder de la línea.
De pintar como Rafael a dibujar como un niño
El propio artista resumía su evolución creativa con una frase ya célebre: «Tardé cuatro años en pintar como Rafael, pero me llevó toda una vida aprender a pintar como un niño». A lo largo de su trayectoria transitó desde el clasicismo académico —regido por normas, proporciones y cánones— hasta las vanguardias más radicales. Este recorrido no fue arbitrario, sino fruto de un proceso consciente de depuración visual y conceptual.
Uno de los ejemplos más claros de este proceso es la serie de litografías del toro. En ella, Picasso representa al animal a través de once estados distintos, pasando progresivamente de una figuración detallada y volumétrica a una abstracción extrema. En las primeras imágenes, el toro es robusto y anatómicamente preciso; a medida que avanza la serie, las formas se deconstruyen y las líneas se simplifican hasta quedar reducidas a unos pocos trazos. En el último estado, Picasso alcanza la esencia del animal.

La esencia como obsesión moderna
Esta obsesión por lo esencial no fue exclusiva de Picasso. Piet Mondrian desarrolló un proceso similar en su conocida descomposición de los árboles, reduciendo progresivamente la forma hasta alcanzar su estructura fundamental. Como fundador del neoplasticismo, Mondrian sostenía que el arte no debía reproducir la realidad visible, sino expresar lo absoluto y universal que se oculta tras ella mediante formas planas y colores primarios.

En esta misma línea se sitúa Theo van Doesburg, uno de los artistas vinculados al movimiento De Stijl, quien años antes había experimentado con la abstracción progresiva de una vaca. Aunque su aproximación era más geométrica, el objetivo era el mismo: despojar la forma de cualquier elemento innecesario.

¿Picasso inspiró el diseño de Apple?
Esta idea de reducir hasta lo esencial conecta directamente el arte de las vanguardias con el diseño contemporáneo. Cuando Apple comenzó a comercializar sus primeros ordenadores, los directores de arte Tom Hughes y John Casado diseñaron un logotipo a todo color que acabaría siendo conocido popularmente como el “logo Picasso”. El Macintosh original, lanzado en 1984, incluía en su empaque un dibujo lineal, minimalista y colorido, que parecía realizado con movimientos ligeros de crayón.

Sin embargo, esta asociación con Picasso no fue del todo correcta. Aunque algunos periodistas afirmaron que el diseño estaba inspirado directamente en el artista malagueño, John Casado desmintió posteriormente esta idea y aclaró que la inspiración real procedía de Henri Matisse. El apodo, no obstante, quedó instalado en el imaginario colectivo.

Arte, genio y legado
Aun así, la relación entre Picasso y Apple existe, aunque no sea literal ni gráfica. Steve Jobs admiraba profundamente al pintor y llegó a citarlo en varias conferencias con una de sus frases más conocidas: «Los buenos artistas copian, los grandes artistas roban». Más allá del logotipo, la influencia de Picasso se percibe en la filosofía de diseño de Apple: simplicidad, abstracción y eliminación de lo innecesario.
Porque, tanto en el arte como en la tecnología, cuando se elimina todo lo superfluo, lo que permanece es lo verdaderamente importante. Ese es el verdadero legado compartido entre Picasso, las vanguardias y el diseño contemporáneo.
