José Pérez Ocaña. Símbolo de provocación y libertad

JOSÉ PEREZ OCAÑA

José Pérez Ocaña (Cantillana, Sevilla, 1947 – 1983) fue uno de los grandes iconos de la Transición española. Artista interdisciplinar, performer, pintor y agitador cultural, encarnó con su vida y su obra la necesidad de romper con las normas sociales impuestas, reivindicando la libertad de ser uno mismo en un periodo de profundas tensiones y cambios.

JOSÉ PEREZ OCAÑA
Colita. (1977). Ocaña. Sesión de estudio

Nacido en una familia humilde, su padre albañil y su madre costurera, creció en un entorno marcado por la represión franquista. Desde niño descubrió sus inclinaciones y deseos, pero en una sociedad que los prohibía se vio obligado a vivir un papel impostado durante el día, reservando las noches para encontrarse consigo mismo. La pérdida temprana de su padre y el acoso que sufrió en su pueblo reforzaron su carácter inconformista. Muy vinculado a sus raíces, siempre reivindicó la cultura popular andaluza: las fiestas, la religiosidad, las tradiciones y el folclore que luego trasladaría a su mundo plástico.

Ocaña nunca aceptó las etiquetas. Se travestía, pero insistía en que no era un travesti, sino “un teatrero”. Sus paseos por Las Ramblas de Barcelona, vestido de mujer, fueron auténticas performances que desafiaban la rigidez moral de la época, convertidas en actos de provocación, libertad y reivindicación. Con amigos como Nazario o Camilo participó en una Barcelona que hervía de creatividad y transgresión, y que le ofrecía una libertad relativa que nunca había sentido en su pueblo natal.

JOSÉ PEREZ OCAÑA
Ocaña y Camilo paseando por Las Ramblas. Fotograma de Ocaña, retrato intermitente. Ventura Pons, 1978

El artista buscaba, sobre todo, vivir de la pintura. Aunque muchas veces su faceta performática y sus escándalos mediáticos opacaron su producción plástica, Ocaña defendía que su obra pictórica era el núcleo de su universo creativo. Autodidacta, comenzó copiando estampas religiosas y escenas tradicionales.

Su estilo inicial era academicista y aún sin rasgos propios, pero su llegada a Barcelona abrió un horizonte nuevo. Allí entró en contacto con el arte contemporáneo que la ciudad ofrecía, un ambiente que le permitió ampliar sus horizontes y comprender nuevas formas de creación. Sin embargo, en lugar de seguir esas corrientes, eligió mirar hacia las tendencias artísticas del siglo XX, especialmente el fauvismo y el expresionismo, que marcaron la evolución de su pintura y le permitieron dotar a sus obras de un lenguaje moderno, con una estética más contemporánea.

Autorretrato con bombín. Óleo sobre lienzo

Ocaña se mantuvo fiel a la figuración, que le permitía crear cuadros con un carácter narrativo y simbólico. Como temas recurrentes encontramos la religiosidad, los recuerdos de su infancia en Cantillana, el folklore andaluz, la iconografía festiva, la mujer o la homosexualidad, entre otros.

JOSÉ PEREZ OCAÑA
Homenaje a don Antonio. 1982

Usaba colores intensos, casi violentos, como una alegoría de la felicidad y como declaración de vitalidad frente a una sociedad que intentaba domesticar la diferencia. Sus exposiciones eran, además, verdaderos escenarios: instalaciones llenas de decorados efímeros que expandían la pintura hacia la acción y la performance.

En los últimos años de su vida, a partir de 1982, encontró en el acrílico y los grandes formatos una vía definitiva para desarrollar un estilo propio, vibrante y personal. Entre sus obras más conocidas destaca El velatorio (1982), una pintura premonitoria en la que el artista representa su propia muerte.

En ella aparece duplicado: como un niño monaguillo coronado con flores y, a la vez, como una figura travestida y festiva. A su alrededor, ángeles con los rostros de sus amigos lo acompañan en la despedida. La obra se cierra con un detalle conmovedor: el espacio se ubica en su habitación de Barcelona, mientras que la ventana muestra la Torre del Reloj y el campanario de Cantillana, el mismo lugar donde un año más tarde sería velado tras su fallecimiento.

JOSÉ PEREZ OCAÑA
El velatorio. 1982

Ocaña murió en 1983, pero su figura sigue siendo un símbolo de libertad. Su vida y su obra forman un todo inseparable, reflejo de un tiempo de lucha y de apertura, de contradicciones y de rebeldía. En él convivieron lo rural y lo urbano, lo popular y lo tradicional, lo masculino y lo femenino. Revisitar su trayectoria hoy es recordar que vivir conforme a uno mismo y defender la libertad personal son gestos profundamente revolucionarios, y un ejemplo a seguir.

JOSÉ PEREZ OCAÑA
Colita. (1977). Ocaña. Sesión de estudio

BIBLIOGRAFÍA Y WEBGRAFÍA




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