El arteSano. Cómo mirar el arte para comprender tus emociones

El arteSano

«Ver arte no es solo una experiencia estética, también es una poderosa herramienta para comprender nuestras emociones. Si sabemos cómo mirarlo, un cuadro puede convertirse en una guía para atravesar momentos difíciles.

Pablo Ortiz de Zárate lo sabe bien, porque además de ser un periodista especializado en arte, sufrió una depresión. Durante su proceso de recuperación se dio cuenta de que los tres pilares fundamentales de la salud mental —vivir el presente, desarrollar empatía y afrontar la ansiedad— pueden trabajarse a través del arte.

Este libro nos revela cómo contemplar las obras de arte para extraer su poder terapéutico y por qué algunos cuadros son considerados auténticas obras maestras y otros, más espectaculares, no. A partir de una metodología sencilla descubriremos el mensaje oculto de las imágenes centrándonos en los objetos, las personas —sus ojos y manos— y los elementos intangibles. Aquí se esconden los secretos para cultivar una mente más sana y una vida emocional plena.»

Así nos presenta la editorial Destino el libro que es objeto del artículo que estás leyendo: El arteSano. Cómo mirar el arte para comprenderemociones. Hemos tenido el privilegio de recibir un ejemplar de este fantástico tomo que salió del horno de la imprenta el recién terminado mes de enero de 2026, así que estamos aquí para traeros una breve reseña de su contenido tras haberlo leído. Su autor, Pablo Ortiz de Zárate, es un periodista especializado en Arte que colabora en el programa Hoy por hoy de la Cadena SER, en una sección precisamente llamada “El Artesano”. Quizás ya hayáis entendido que se trata de un juego con las palabras “Arte” y “sano”, no es que literalmente hable de artesanía en sus colaboraciones radiofónicas, talleres online y visitas guiadas por museos.

Jules Breton, El canto de la alondra, 1884. Esta obra protagoniza la portada del libro y es, quizás, una de las mejores representaciones artísticas de la esperanza, una pintura que llegó a inspirar al actor Bill Murray al verla en el Art Institute de Chicago, y nos demuestra que, «Pase lo que pase, volverá a salir el sol»

El terreno en el que se mueve es muy diferente: se trata de la arteterapia, ámbito poco explorado todavía en este blog. En este punto, me permito recordar que en 2024 tuvimos la oportunidad de entrevistar a El garabato emocional, que lleva adelante una muy necesaria iniciativa de arteterapia con perro de terapia aplicada en grupos de niños en riesgo de exclusión social; os animamos a ver la entrevista completa en nuestro canal de YouTube, la cual os dejamos aquí abajo. Una forma certera de condensar los beneficios de la arteterapia en nuestras vidas sería la siguiente frase de la introducción del libro: “el arte es una inyección directa de bienestar en nuestra mente” (p. 10).

Durante quince años de su carrera, Ortiz se dedicó sobre todo a elaborar contenidos didácticos para museos, pero hubo un cambio de tornas en su vida cuando experimentó un severo brote de depresión que lo forzó a estar un año de baja laboral. Decidió entonces desempeñar actividades necesarias para dar con la raíz del problema y enfrentarlo debidamente, como pueden ser la terapia psicológica o la meditación. Se percató en ese momento de su trayectoria de que el método más terapéutico para combatir la depresión estaba más cerca de lo que creía, lo tenía delante, y no era otra cosa que la contemplación de obras de Arte, sobre todo cuadros en su caso.

De esta manera, el objetivo que persigue en su empresa literaria no es otro que condensar todos sus años de investigación sobre arteterapia y divulgarlos en un tomo de 256 páginas que nos va a enseñar a apreciar el Arte desde un punto de vista completamente diferente, uno más introspectivo que nos lleve a conocernos mejor a nosotros mismos, a ser más empáticos con los demás y a concebir cada pincelada, tonalidad y elemento compositivo como bálsamos para aliviar y curar nuestros mayores dolores. En el transcurso de once capítulos divididos en dos secciones, encuadradas por las correspondientes introducción y epílogo, nadie volverá a acudir a un museo, una galería u otra institución artística con la misma mirada que tenía antes de leer las palabras de Zárate.

Tiziano, Sísifo, 1548-1549. Para Ortiz, esta pintura del Museo del Prado es «Uno de los retratos más certeros de la depresión», una muy buena manera de transmitir a quienes no conocen la depresión el «vacío de sentimientos» que hace padecer a los que deben luchar con ella.

La lectura es muy amena, no solo porque la extensión diste mucho de ser un mamotreto que nos requeriría más tiempo y paciencia, es sobre todo por el estilo de escritura del que hace gala el autor a cada línea que recorren tus ojos: emplea una prosa accesible para todos los públicos, rica en vocabulario sin caer constantemente en tecnicismos y palabras complejas que complicaran la comprensión del texto, con toques de humor muy bien implementados y una constante llamada de atención al lector para que ponga a prueba todo lo que este mentor de arteterapia le va enseñando paso a paso. No es un libro pasivo, es uno que te hace reflexionar continuamente sobre el valor terapéutico del Arte y su poder introspectivo, sedante y sanador.

Ortiz sabe aunar a la perfección el comentario histórico-artístico con un relato bien trabado, expuesto y presentado, complementa los datos que aporta con estudios, investigaciones y sondeos venidos de diversos campos de la ciencia y salidos de prestigiosos centros como las universidades estadounidenses de Harvard, Yale y Columbia, todos ellos debidamente citados con sus correspondientes notas. Si necesita extenderse varios párrafos para desentrañar el mensaje de las obras con que va jalonando los capítulos, lo va a hacer de una manera que cuando quieras darte cuenta ya estarás en otro cuadro o, incluso, habrás terminado el capítulo.

La primera sección del libro, titulada “El método. Qué mirar en los cuadros”, nos proporciona las herramientas necesarias para el ejercicio de observación que permita al espectador entender los secretos de la técnica, la composición y el estilo de cada artista, para así hallar las claves que redunden no solo en la adquisición de fabulosas dotes analíticas, sino en el conocimiento de uno mismo utilizando el Arte como espejo de sus preocupaciones, problemas y dudas, y aprendiendo a extraer de su vasto corpus los remedios necesarios para afrontar nuestra propia situación. Contemplar una pintura, una escultura o un edificio va a redundar en un mayor bienestar para la salud mental, afirmación avalada por la propia Organización Mundial de la Salud (OMS), por ello muchas clínicas apuestan cada vez más por exponer obras artísticas que contrarresten la asepsia de sus estancias y pasillos.

Ortiz nos invita a centrarnos más en el presente, en el hoy, y que no sobrepensemos tanto las decisiones tomadas en el pasado ni los asuntos del futuro, perdemos el tiempo inútilmente, ya que son eventos que no podemos cambiar, no dependen de nosotros. Los detalles del aquí y ahora, nuestro entorno cotidiano, ese que tan poco apreciamos muchas veces, son los que inspiraron El espárrago (1880) de Manet o los Zapatos (1888) de Van Gogh, que compartieron esa visión del artista que sabe ver en cada objeto y en cada persona el espacio que los rodea, la luz que constituye “El alma de un cuadro” (p. 76), las líneas y formas que marcan su sentido y la paleta de color que actúa de infalible termómetro emocional.

Édouard Manet, El espárrago, 1880. En este simple espárrago del Museo de Orsay, nada más, condensa el artista «La increíble belleza de lo ordinario».

“¿Cómo distraerte si vives rodeado de tanto arte?” (p. 22), se pregunta el autor en las primeras páginas, y teniendo en cuenta que vivimos inmersos en espacios y elementos cargados de valor artístico si sabemos leerlos adecuadamente, es más que lógica una pregunta así en medio de una sociedad presa de la aceleración que no ve que el aquí y ahora es lo más importante de la existencia. El papel del Arte en este contexto parece claro:

“El arte nos ayuda a ver más, a valorar intensamente lo que nos rodea, a empatizar mejor con los demás y a reflexionar con cuidado. En definitiva, nos enseña a exprimir mejor lo bueno de la vida.” (p. 108)

Conocido el método, resta poner lo aprendido a prueba, y eso se traduce en una segunda sección intitulada “La práctica. Un cuadro para cada dolor”. Ortiz, sin perder su faceta didáctica de profesor de arteterapia, se convierte ahora también en nuestro psicólogo artístico particular, ofreciéndonos “recetas” en forma de cuadros (y alguna que otra escultura) para diversos problemas y dolorosos trances por los que pasamos todos alguna vez en nuestras vidas. Es comprensible que empiece por el capítulo de la depresión, dado que lleva lidiando con ella toda su vida, y a partir de ahí dedica sendos espacios al desamor, a la enfermedad y el dolor físico, al duelo por la muerte de alguien querido, al estrés y la ansiedad, al miedo a tomar decisiones y, aunque suene harto extraño, a la esperanza.

Poniéndonos delante imágenes de altísima calidad el texto queda perfectamente respaldado por el relato del escritor, que muestra cómo luce la depresión en el Sísifo (1548-1549) de Tiziano, el corazón roto por el desamor en La edad madura (1899) de Camille Claudel o Las dos Fridas (1939) de Frida Kahlo, o el modo en que Claude Monet asimiló de frente el fallecimiento de su esposa hasta el punto de retratarla en su féretro en el lienzo Camille en su lecho de muerte (1879). ¿Por qué incluir la esperanza en una lista así? Porque es un arma de doble filo que alivia el corazón y la mente, pero que puede devenir en una dejada calma que redunde en un futuro incierto; con trabajo activo y esfuerzo, la esperanza toma cuerpo, y con el Arte de por medio su fortaleza puede tornarse inmensa:

“Quienes poseen mayores cotas de esperanza tienen menos problemas de salud mental, una mejor salud física y menor probabilidad de sufrir enfermedades crónicas.  Y tengo una buenísima noticia: el arte es la mejor herramienta para generar esa confianza e ilusión por el futuro.” (p. 218)

Claude Monet, Camille en su lecho de muerte, 1879. El famoso pintor francés, padre del Impresionismo, nos da una lección en este lienzo sobre «Aprender a mirar la muerte»

El Arte en todas sus facetas puede rebosar luz o hundirse en penumbras, dar un mensaje positivo o arrastrar una carga de pesimismo que nos habla de una traumática vivencia, puede ser más complejo en su entendimiento o sencillo en sus aspiraciones, cálido en sus gamas, afilado en sus líneas, abierto en su composición o cerrado en su mensaje… Lo que está claro es que saber leer un cuadro, una escultura, un edificio o la disciplina que haya adoptado su artífice, el Arte siempre va a estar ahí observando nuestros pesares y ofreciéndonos un compañero que siempre nos va a escuchar cuando lo único que necesitemos sea soltar lo que llevamos dentro:

“Rodéate de arte. Intenta tener a la vista obras que te resulten agradables o te inspiren, estés donde estés. Te servirán de pequeños oasis visuales para hacer más soportables los problemas del día a día.” (p. 237)

Si te identificas con lo que venimos diciendo, si has pasado o estás en estos momentos sufriendo alguno de los problemas para los que Pablo Ortiz de Zárate ofrece su recetario artístico particular, El arteSano. Cómo mirar el arte para comprender tus emociones, es la lectura que necesitas, y el Arte el amigo que está siempre ahí para escucharte, apoyarte e impulsarte.




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