Santiago Rusiñol y sus pinturas de jardines

Breve análisis bibliográfico

Santiago Rusiñol nació en Barcelona en 1861, en el seno de una familia adinerada perteneciente a la burguesía catalana. Su padre falleció cuando tenía 22 años y se vio obligado a trabajar en el negocio familiar de la industria textil antes de lo previsto.

Su abuelo, quien quedó a su cargo, rechazaba la idea de que su nieto fuera pintor, por lo que se vio obligado a pintar a escondidas, usando sus horas de sueño para acudir a clases de pintura nocturnas del pintor Tomás Moragas.

Santiago Rusiñol y sus pinturas de jardines

A los 25 años ganó un concurso de arte decorativo organizado por el Fomento del Trabajo Nacional, lo que le permitió independizarse económicamente de su abuelo gracias al premio obtenido. Un año después, tras el fallecimiento de este, heredó su fortuna y logró así la libertad total para dedicarse por completo a la pintura.

Junto con Ramón Casas recorrieron Cataluña, visitando los pueblos y pintando todo aquello que les llamaba la atención. En 1889 se mudaron juntos al barrio bohemio de Montmatre, en París, donde se matriculó en la Academia de la Palette, con maestros como Puvis de Chavannes y Carriere.

Santiago Rusiñol retratado por Ramón Casas

En 1890 inauguró su primera exposición en Barcelona en la Sala Parés, junto con Ramón Casas y Clarassó. Siendo cada vez más reconocido por los críticos y la sociedad.

Sus viajes eran una fuente constante de inspiración para su obra. Viajó con Zuloaga a Italia, recorrió numerosos lugares de Francia y, entre tanto, realizaba escapadas a Barcelona y a distintos puntos de la península.

Santiago Rusiñol y sus pinturas de jardines
Barcas en el Sena (1894)

Su viaje a Granada en 1897 fue clave en el origen de sus características pinturas de jardines. Allí descubrió la belleza de estos parajes naturales que habitan en la ciudad y que se convertirán en su tema predilecto.

Santiago Rusiñol y sus pinturas de jardines
Jardines del Generalife (1898)

Tan revelador fue, que los jardines se convirtieron en protagonistas recurrentes de sus lienzos en la mayoría de los lugares que visitó, entre ellos Valencia, Sevilla, Mallorca y Aranjuez.

Regresó a París con numerosas pinturas de jardines, que expuso en la Galería L’Art Nouveau. La muestra le brindó un gran éxito y lo consolidó como un referente en el ámbito artístico europeo.

Fauno viejo (1911)

Santiago Rusiñol no solo fue un pintor excelente, sino que también fue un gran novelista, dramaturgo, escritor y coleccionista.

Características de sus pinturas de jardines

Sus pinturas de jardines constituyen un gran ejemplo de la pintura modernista catalana. Con matices simbolistas, expresaba en ellas su concepción del jardín ideal: un lugar melancólico y sereno.

Santiago Rusiñol y sus pinturas de jardines
Piedras viejas (1902-1907)

Elementos como la arquitectura, el agua y la vegetación se fusionan en sus lienzos, pero siempre desde una perspectiva en la que la naturaleza queda dominada por el hombre, el cual es artífice de las modificaciones del entorno. Por ello escoge el jardín como elemento principal, lo refleja solitario, sin figuras humanas, poniendo el foco en la vegetación y aprovechando la luz para generar efectos teatrales y simbólicos.

Jardines de Monforte IV (1917)

En estas representaciones predomina el equilibrio: jardines ordenados y simétricos que reflejan la voluntad y el control del ser humano sobre la naturaleza. En un segundo plano, asoma una naturaleza más salvaje e indomable, creando un sutil contraste donde la luz y el color adquieren un papel central, dando lugar a una visión casi espiritual del paisaje. Una naturaleza ordenada y estática, como si el tiempo se hubiera detenido ante ella.

Santiago Rusiñol y sus pinturas de jardines
La fuente de Narciso (1919)

Termino este artículo con una cita del propio Rusiñol que desvela lo que para él son los jardines. Un reflejo del progreso y la prosperidad del hombre, en un momento de gran pesimismo que asola a España, y del cual nace el Modernisme, donde se genera una gran conexión por la naturaleza como vía de escape y de inspiración ante aquel auge del urbanismo y de la sociedad industrial.

“Es que los jardines son versos vivos, versos con savia y con aroma, y como el jardinero poeta, para rimar los largos senderos umbríos, para estilizar los bojes, sujetándoles a simétricas armonías, para poner en estrofas de verdor las imágenes de plantas y las teorías de figuras, para versificar la Naturaleza y hacer cantos de sombras y luces, necesita la alegría de los tiempos y la prosperidad de los hombres, y los hombres, ¡ay! ya no están para poesías, ni los tiempos para magnificencia, los versos escritos en jardín se van llenando de hierba de prosa, en el áspero terruño de España”

Santiago Rusiñol y sus pinturas de jardines
Jardín con cipreses (1911-1930)

BIBLIOGRAFÍA

  • Barbe, Genevieve. “Para una reevaluación de los jardines de Santiago Rusiñol.” Cuadernos Hispanoamericanos, no. 335 (1978): 12.
  • Sampelayo, Carlos. “Santiago Rusiñol: de su bohemia y sus obras.” Tiempo de historia, no. 83 (1981): 11.
  • Rodrigo, Antonina. “Santiago Rusiñol y “Los jardines de España””. Triunfo, no. 12 (1981): 9.

WEBGRAFÍA




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