DELOS, EL HOGAR DEL DIVINO APOLO

Delos fue un lugar clave en la antigüedad clásica. No sólo debido a la mitología, pues en esta isla se sitúa el nacimiento de Apolo y Artemisa, sino también en lo concerniente al comercio.

Habitada desde tiempos inmemoriales, por ella han pasado micénicos, fenicios, egipcios… y todos dejaron su impronta. 

Entre los siglos VIII-I a.C. fue una ciudad repleta de actividad y de vida pero, sobre todo debido al cambio de las rutas comerciales que volvieron sus ojos hacia Italia, empezó a despoblarse hasta quedar casi desierta.

Mapa del área arqueológica de Delos.

De ella se tienen noticias en las cartas náuticas y libros de navegación de los siglos XV-XVI y gracias al humanista y viajero Ciríaco de Ancona, conocemos cómo era la ciudad en 1445. A partir de aquí, eruditos, anticuarios e historiadores viajaron para conocer las ruinas de la antigua y poderosa Delos, apuntando todos ellos que sufría un expolio constante por parte de griegos y turcos, usando los restos tanto para engrosar sus colecciones como para reutilizarlos en otras construcciones, como el caso del mármol, tan abundante en las construcciones que allí se levantaron.

Su excavación comenzó a principios del siglo XX y aún hoy continúa revelando en cada campaña algún tesoro que no sólo amplía la colección de bellas obras del museo de la ciudad, sino que aporta mayor conocimiento sobre la sociedad helénica de la época y su arte.

De entre todas las construcciones de la isla de Delos, sin duda lo más importante es el santuario de Apolo, un recinto repleto de templos dedicados a las divinidades más diversas, pues Delos acogía cualquier culto que los viajeros trajeran hasta sus orillas.

Vamos a hacer un amplio recorrido por cada uno de estos edificios que forman el santuario, conocer los diversos cultos y las festividades religiosas que allí tenían lugar. Pero antes, tenemos que conocer el vínculo entre Apolo y Delos.

Mito del nacimiento de Apolo

De la unión de Zeus y Leto nacieron dos mellizos: Artemisa y Apolo. 

Pero su parto no fue nada sencillo.

Hera, furiosa por otra infidelidad de su esposo, la maldijo para que no encontrara ningún lugar donde dar a luz. Otras versiones cuentan que prohibió a todos los habitantes de Grecia que acogieran a la parturienta.

Latona y sus hijos, Apolo y Artemisa de William Henry Rinehart.

Pero Zeus pidió ayuda a Poseidón dios de los mares, quien hizo emerger una isla, anclándola al fondo del mar, para que Leto pudiese parir en ella. Era la isla de Delos, la errante.

Otras versiones cuentan que esa isla era en realidad una hermana de Leto y, que al estar desierta, nada ni nadie allí podía prohibirle nada, quedando anclada al fondo del mar por Zeus.

Sea como fuere, Hera aún tenía una última opción para evitar el nacimiento: impedir a Ilitía, diosa de los partos y nacimientos, que acudiese en ayuda de Leto. Así, Leto, pasó nueve días con grandes dolores, sin lograr alumbrar a sus hijos. Los dioses, conmovidos, sobornaron a Ilitía para que acudiese a ayudar a la pobre Leto.

Y así, vino primero al mundo Artemisa y, después Apolo, que cuentan fue ayudado a nacer por su hermana.

Santuario de Apolo

Poco sabemos sobre el nacimiento y la evolución del santuario. Gracias a las excavaciones, se han documentado los restos de una población micénica en el área del santuario pero no se ha podido determinar si en esa época Apolo ya era la divinidad principal o si su culto fue posterior.

Se empezaron a levantar construcciones que hicieron crecer el recinto poco a poco hasta llegar a su configuración definitiva a mediados del siglo III a.C. Además de venerar a Apolo, se levantó un templo para Artemis, su hermana, y otros para Leto, su madre, creándose así lo que se conoce como tríada apolonia de Delos, siendo Apolo el dios principal pero siempre venerado junto a su madre y su hermana.

Ruinas del templo de Artemisa.

Así, el santuario quedó formado por estas partes: la vía sacra, el oikos de Naxos, el gran templo de Delos, el templo de los atenienses, el Porinos Naos, el Artemision, el neorion y el pórtico de Antígono.

Además de estos edificios principales, a lo largo del santuario se situaban altares, estatuas y estelas votivas de diversas épocas, lugares donde se colocaban ofrendas.

La vía sacra

Orientada de sur a norte, era la vía procesional que conducía al interior del santuario y estaba flanqueada por el pórtico de Filipo V a la izquierda y el pórtico sur a la derecha. Tanto delante de los pórticos como a lo largo de toda la avenida se podían observar numerosas estatuas votivas.

El pórtico de Filipo V se levantó entre el 221-201 a.C. y contaba con dieciséis columnas dóricas, creando un espacio porticado y elevado ideal para que los visitantes pudiesen contemplar desde allí las procesiones.

Vía sacra.

En cuanto al pórtico sur, se levantó entre el 250-230 a.C., realizado en mármol blanco y con veintiocho columnas dóricas. Además de cerrar el espacio, tenía un claro sentido comercial, pues una de sus partes estaba ocupada por almacenes y tiendas. Además, se empezaron a instalar monumentos votivos, como la imponente estatua ecuestre de Epígenes, general de Átalo I o un grupo escultórico que conmemoraba la victoria de Átalo sobre los gálatas.

El templo de los atenienses

Desde la vía sacra se llegaba a los tres templos de Apolo. El templo de los atenienses se levantó entre el Porinos Naos y otro templo construido por los habitantes de Delos. Este templo, erigido en el 425 a.C., durante el dominio de Atenas sobre la isla, se conoce como templo de los atenienses o templo de las siete estatuas, aludiendo a las imágenes que en su interior había.

Restos del templo de los atenienses.

En mármol y de estilo dórico, seguía el tipo arquitectónico del Partenón. Así, se configuró un templo dórico anfipróstilo (con pórtico pero sin columnas a los lados), con seis columnas en los lados cortos y elevado con cuatro escalones. Los frontones y metopas no presentan decoración pero si se conservan restos de una filigrana de bronce situada entre el friso y la cornisa.

En cuanto a las estatuas interiores, nada ha llegado hasta nosotros. Gracias a las fuentes sabemos que hubo una estatua colosal de Apolo que portaba una corona de oro, un arco en su mano derecha y a las Tres Gracias en su mano izquierda. Además, está bastante bien documentado como se reubicó en el templo de los delios en el 280 a.C.

Pero, sin duda, lo más destacado que ha aportado este templo son los restos de los dos grupos escultóricos que formaban parte de las acróteras (ornamento que remata los vértices de un frontón)

Ambos representan raptos mitológicos en la parte más alta y central, mientras que en los ángulos se ubican figuras de mujeres que huían asustadas.

Acrótera oeste: a pesar de estar muy mal conservada, podemos conocer la escena, pues ha sido bastante representada. Se trata de Eos raptando al joven héroe ateniense Céfalo, junto al que también aparece su perro. Eos había sido castigada por Afrodita a estar constantemente enamorada de mortales. ¿El motivo del castigo? Haber yacido con Ares, su amante. Así, Eos rapta a Céfalo y se lo lleva a su palacio.

Acrótera este: en mucho mejor estado de conservación, muestra como Boreas, el viento del norte, rapta a Oritía, hija de Erecteo, rey mítico de Atenas, mientras un animal, posiblemente un perro, huye.

Rapto de Oritía a manos de Boreas.


Existen dos teorías del porqué se eligieron estos temas: una es para resaltar la fortaleza y virtud ateniense, tanto de muchachos como de doncellas; y otra es que persigue legitimar el férreo imperialismo ateniense.

El oikos de Naxos

Los oikos (hogar en griego) o también tesoros, no eran lugares de culto en sí, sino construcciones realizadas, tanto por ciudades como por particulares, donde se depositaban las ofrendas. Ofrendas como objetos de bronce, túnicas de cuero, armas o partes de armaduras, como se ha podido averiguar por las inscripciones que se conservan.

Junto a este edificio, se ubicó la estatua monumental de Apolo.

Durante las excavaciones de 1966 se hallaron diferentes restos de este edificio, que fueron colocados en su lugar original para intentar reconstruir su aspecto inicial.

Restos del oikos.

El edificio fue levantado en la segunda mitad del siglo VII a.C. o principios del siglo VI a.C. y contaba con una fachada construida con bloques de mármol y dos columnas centrales. Fue una donación del pueblo naxio en honor a Apolo, tardando su contrucción casi un siglo.

Sin duda lo más impresionante de este edificio era el coloso del dios Apolo que se ubicaba en su exterior. Aún se conserva la base sobre la que se levantaba, donde se pueden leer dos inscripciones:

“De los naxios a Apolo”.

“De la misma piedra están hechas la estatua y la base”.

Base en la que se colocó el coloso de Apolo.

Apolo está representado como un kuros, un joven atlético, desnudo y de pelo largo. Su pie izquierdo está ligeramente adelantado y sus brazos doblados por el codo. Su estado de conservación actual es bastante malo. De hecho, sus restos están repartidos. Parte del torso y la cadera se encontraron en el Artemision y están bastante dañados pues, durante siglos, la escultura se quiso sacar de la isla.

Partes del torso.

En 1636 fue cortada por la mitad por un grupo de británicos, que querían llevarse el torso, pero no lo lograron. En 1675, el gobernador de Venecia (o un capitán británico, depende de las versiones), al ver que no podían llevarse una parte amplia de la escultura, cortaron la cabeza y se la llevaron. Desgraciadamente, hoy está desaparecida.

Una pierna y un pie se exhiben en el Museo Británico de Londres, una mano está en el Museo de Delos, pero el resto de partes de Apolo se han perdido.

Mano perteneciente al coloso.

Por suerte, gracias a los dibujos que Ciríaco de Ancona realizó en el siglo XV, podemos conocer cómo era esta inmensa estatua de Apolo.

El neorion

O monumento a los toros por las dos cabezas de toro que decoraban sus pilares interiores, en realidad se trata de una dársena votiva que albergaba un barco de guerra, entregado como ofrenda tras una victoria naval.

Sin duda es uno de los edificios más originales. A pesar de las dudas surgidas durante las primeras excavaciones, el descubrimiento de la decoración y las inscripciones lograron conocer que se trataba de un neorion, nombre dado a este tipo de edificios.

Restos del neorion.

En su interior, colocado sobre unos travesaños de granito, se situaba el barco, que estaba ubicado a un nivel inferior. Así, el visitante, al entrar, tenía la ilusión de que el barco estaba flotando en el agua.

A pesar de no conservarse la decoración del frontón, sabemos que estaba coronado por una acrótera con una victoria, cuyo torso se conserva en el Museo de Delos.

Algunas teorías apuntan a que el edificio fue encargado por Demetrio Poliorcetes para conmemorar su victoria sobre los egipcios en la batalla de Salamina, ocurrida en el año 306 a. C., aunque otras teorías apuntan a que fue una donación por parte de los atenienses en una época anterior.

Las festividades religiosas y los cultos en Delos

Gracias a Calímaco, poeta del siglo III a.C., y su obra “Himno a Delos” podemos conocer algunas de las festividades y rituales que se realizaban en el santuario.

Por ejemplo, habla de unos bailes rituales para conmemorar como Teseo huyó del laberinto del Minotauro; o también los bailes de las delíades, danzarinas jóvenes que cantaban y bailaban en los diferentes festivales.

Los esposos delios, el día de su matrimonio, llevaban a cabo un ceremonial donde depositaban un mechón de pelo en la tumba de las vírgenes hiperbóreas, situada en el Artemision.

No solo a Apolo se le rendía culto. Además de a deidades asociadas al dios, en Delos se rendía culto a divinidades extranjeras.

En cuanto a las deidades asociadas a Apolo, son las que están presente en el mito de su nacimiento: su hermana Artemisa, su madre Leto o Ilitía, la diosa de los partos, que ayudó a Leto. También se ha encontrado un templo dedicado a Hera, pero lejos de la zona sagrada de Apolo. Templo levantado para aplacar la ira de la diosa por haber acogido en la isla a Leto.

Ánfora griega con Apolo, Ártemis y Leto (470-460 a.C.)

También, alejado del santuario, se encuentra una zona de culto a Heracles y a Zeus.

Gracias a Alejandro Magno y su conquista de oriente, los griegos empezaron a apreciar a las divinidades extranjeras. Así, egipcios, fenicios o sirios trajeron a la isla a sus dioses, creando templos y santuarios para ellos. Por ejemplo, encontramos culto a divinidades egipcias de Isis, Serapis y Anubis; a sirias como Hadad o a fenicias como Astarté.

Templo y altar de Isis.

BIBLIOGRAFÍA Y WEBGRAFÍA

  • BORRÁS, GONZALO M.; FATÁS, GUILLERMO; Diccionario de términos de arte y elementos de Arqueología, Heráldica y Numismática. Alianza Editorial. Madrid, 2006.
  • DIKU-ADUERA, VICKI; Mitología Griega. Editorial Hermanos Marmataki.
  • VV.AA. Delos. Colección Arqueología de National Geographic. 2018.
  • POR LA GRACIA DE ZEUS. https://porlagraciadezeus.es
  • IRENE GONZÁLEZ, La Mitóloga.




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