COMENTARIO HISTÓRICO ARTÍSTICO DE ¡AVE CAESAR! MORITURI TE SALUTANT
CONTEXTO HISTÓRICO
El Academicismo será una de las muchas corrientes artísticas surgidas durante el siglo XIX y, dentro de esta, quizá su género más elevado sea la Pintura de Historia, a la que pertenece Gérôme, siendo su máximo exponente.
La Pintura de Historia se inspira en hechos del pasado, representándolos de una forma más o menos fiel, con la finalidad de que el monarca de turno no solo muestre sus poder, sino que lo afiance, usando escenas y episodios de un pasado glorioso.
Y no hay nada más glorioso que la Antigüedad Clásica y, de ella, Roma será el modelo más inspirador.
ANÁLISIS FORMAL E ICONOGRÁFICO
Un grupo de gladiadores permanecen en pie en la arena. Levantan sus armas hacia el palco imperial, buscando el beneplácito del emperador, que los mira impasible, aparentemente cansado de repetir una y otra vez la misma acción.
En la arena, gladiadores caídos en el combate anterior, son retirados por diversos trabajadores del anfiteatro.

Este momento es el que da el nombre al cuadro, al pronunciar ese grupo de gladiadores, que va a comenzar el combate, la frase “Ave Caesar morituri te salutant” (Ave César, los que van a morir te saludan). O eso es lo que se cree, pues nada recogen las fuentes. Al menos en ligas gladiatorias.
Nos tenemos que remontar al siglo II, época en la que Suetonio, historiador romano, escribió su obra “Vida de Claudio”. Según recoge, el emperador Claudio celebró la recreación de una batalla naval (naumaquia) en la que participaban prisioneros condenados a muerte. Estos prisioneros, a modo de saludo, dijeron la célebre frase, a lo que el emperador respondió “O no”. De hecho, Claudio perdonó la vida a muchos de ellos. Nunca más volvió a usarse esa frase. O, por lo menos, no hay rastro en las fuentes.

Volvamos a fijarnos en los gladiadores. Se pueden reconocer perfectamente a algunos de ellos, como ocurre con los dos murmillos en primer término y a cuatro retiarios. Podemos distinguirlos de otro tipo de gladiadores gracias a su vestimenta.
El murmillo o mirmillón llevaba un casco con amplios bordes y una alta cresta que recordaba a la aleta de un pez. Solía vestir un subligaculum (especie de calzón), un balteus (cinturón), una ocrea (especie de espinillera en la pierna izquierda) y una manica (protección) en su brazo derecho. Luchaba con un scutum (escudo) y un gladius (espada).

En cuanto al retiarius es reconocible, además de por el subligaculum (elemento que comparten muchos gladiadores) por los dos objetos que porta y que usa con armas: un tridente y una red, de ahí su nombre.

Todo en la escena roza el realismo más absoluto: desde los gladiadores, hasta la recreación del Anfiteatro Flavio o Anfiteatro Nuevo, más conocido como Coliseo, pues en origen tendría parte de los muros que separan las gradas de la arena de color rojo chillón, color muy acorde a la sangre vertida en las luchas de gladiadores o de animales (venationes) que, aunque Hollywood y la literatura nos lo hayan vendido, casi nunca eran a muerte.
Además, la disposición del público en las diferentes caveas (graderío) responde a la disposición real que tendría, estando más cerca de la arena (imma cavea) las clases más pudientes hasta la más alejada o summa cavea, donde se sentaba la plebe, ocupando su parte más alta esclavos y mujeres. Aunque es cierto que aquí vemos a un grupo de mujeres, vestidas completamente de blanco, junto al palco del empleador. No son mujeres normales. Se trata de vírgenes vestales, sacerdotisas de la diosa Vesta muy veneradas y respetadas en Roma que tenían un lugar privilegiado en los juegos y que, incluso, su opinión contaba bastante a la hora de dar por vencedor o no a los luchadores.

Otro elemento que cabe destacar, y que vemos en la parte superior izquierda, es el velum o velarium, que cubría parte de las gradas para protegerlas de las inclemencias del tiempo, tanto del tremendo calor veraniego, como de las lluvias en invierno. No sabemos a ciencia cierta si estaban decorados o no, pero Gérôme aquí así lo hace, dotándolo de diversos animales entre los que podemos distinguir un elefante, un león o un tigre.

También podemos observar algunas guirnaldas, elementos que se observan en el palco imperial. Palco que, por cierto, está decorado en su parte superior con doradas columnas de orden jónico o compuesto y que están coronadas, cada una de ellas, con una victoria alada, también dorada.

Por último, al fondo a la izquierda, se distingue una de las puertas de acceso a la arena, coronada por una enorme cuadriga con lo que parece ser la figura triunfante de un emperador.
Como último apunte podríamos aventurarnos a descifrar la identidad del emperador. Según la fisonomía con la que lo retrata el pintor, podría tratarse de Vitelio, un emperador muy breve, que reinó tan solo unos ocho meses del año 69. Y es que este año ha pasado a la historia como “el año de los cuatro emprendedores”. Vitelio fue el tercero de ellos, pues en el año 69 se sucedieron estos emperadores: Galba, Otón, Vitelio y Vespasiano.

CURIOSIDADES
Según el propio Gérôme, esta obra es una de sus mejores composiciones. Tanto fue así, que la presentó al Salón de París de 1859. Debió quedar fascinado por el mundo de los gladiadores pues, años después, en 1872 pintó su famoso “Pollice Verso”, obra que inspiró al mismísimo Ridley Scott para su famosa “Gladiator” del año 2000.

Gérôme se documentaba en extremo para realizar sus obras de temática histórica. De hecho viajó a Italia para poder estar en las excavaciones arqueológicas y ver las piezas de primera mano. Eso no quita que se tome algunas licencias pero, aún así, sus obras están consideradas como una de las representaciones más fieles de la Roma Imperial.
En cuanto al origen de las luchas de gladiadores, aún no está muy claro. Parece ser que nacieron en la zona de Campania, relacionadas con los duelos de los grandes héroes troyanos.
Por suerte, tenemos datada la primera lucha de gladiadores realizada en Roma. Fue en el año 264 a.C. en honor a Junio Bruto Pera durante sus exequias funerarias. A partir de aquí, este tipo de luchas se convirtieron en una constante en los funerales, naciendo los munus galdiatorios o munera gladiatoria y que, con el tiempo, pasaron a convertirse en un espectáculo propio, desvinculado del mundo funerario.

BIBLIOGRAFÍA y WEBGRAFÍA
BAZÁN DE HUERTAS, MOISÉS; Arte Neoclásico y del siglo XIX en España. Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Extremadura. Curso 2009/2010.
DE LA PEÑA GÓMEZ, MARÍA PILAR; Manual Básico de Historia del Arte. Colección Manuales UEX. Universidad de Extremadura. Cáceres, 2008.
MATYSZAK, PHILIP; 24 horas en la Antigua Roma. Un día en la vida de sus habitantes. Editorial EDAF, 2019.
ANTIGUA ROMA AL DÍA. https://antiguaroma.com
GALERÍA DE ARTE DE LA UNIVERSIDAD DE YALE.
HISTORIA-ARTE. https://historia-arte.com
