El príncipe Baltasar Carlos a caballo

Ficha técnica

Título: El príncipe Baltasar Carlos a caballo
Autor: Diego Rodríguez de Silva y Velázquez
Cronología: En torno a 1635
Estilo: Barroco
Materiales: Óleo sobre lienzo
Ubicación: Museo Nacional del Prado
Dimensiones: 191 x 103 cm

COMENTARIO HISTÓRICO ARTÍSTICO DE EL PRÍNCIPE BALTASAR CARLOS A CABALLO

ANÁLISIS DE LA OBRA

Bien es sabido por nuestros habituales lectores la presencia en la corte española del XVII de Don Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, conocido más popularmente como Velázquez al haber adoptado el apellido de su entidad materna. 

No es sorpresa para nadie la ingente cantidad de talante retratista que el sevillano ejecutó en su periodo consolidado, presente en la más alta nobleza y llegando a cumplir su anhelo en vida; vestir un hábito y alcanzar una consideración social tan alta como pudiese, de la mano del monarca Felipe IV y como no, el conde duque de Olivares

Tal es la presencia de la más alta nobleza española que Velázquez va a ser el primer y esencial decorador de un lugar tan importante para la corte del XVII, el Palacio del Buen Retiro. En este contexto, conocemos de primera mano la voluntad del Rey de posicionar en el Salón de Reinos diversos óleos de miembros nobles y pertenecientes a su círculo en actitudes ecuestres, mostrando así el temple y la pulcritud presente en los contactos habituales y familiares de Felipe IV. 

Imaginamos una sala espléndida, propuesta para el recibimiento externo y capaz de asombrar hasta al propio Felipe IV que sin duda si algo hizo bien, fue elegir al pintor que estaría a su servicio y bajo su tutela. En ella, encontramos otros retratos ecuestres que hoy día podemos admirar en las salas principales del Museo del Prado. Retratos como el de Isabel de Borbón a caballo, el conde duque de Olivares o el del propio Felipe IV. 

Todos estos retratos, son claramente dicho de Diego Velazquez, mas conocemos los particulares y habituales encargos de Velázquez a otros aspirantes relativos a su taller de pintura para ejecutar dibujos preparatorios, pigmentos que serían utilizados, e incluso la acción de pintar sobre los propios lienzos que serían entregados a la realeza. Quizás sorprenda al lector, pero esto venía siendo una práctica más que habitual en siglos como el XVII debido al vigor laboral que requería un puesto en una corte potencial como era la española.

Los retratos ya citados obtuvieron diversas pinceladas de otros pintores adscritos al taller de Velázquez y es cierto que muchos de los lienzos de Velázquez de corte fueron sometidos a otras manos y otros modos pictóricos aunque claro, procedieron en base a la forma de actuar de Don Diego. 

El príncipe Baltasar Carlos a caballo
El príncipe Baltasar Carlos a caballo

Felipe IV encargó a Velázquez el retrato ecuestre -además de otra serie de retratos en base a esta figura- de su hijo, el príncipe Baltasar Carlos para el Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro. Así fue como Velázquez comienza uno de sus retratos más diestros a la par que apreciados, uno de los pocos retratos de corte que únicamente fueron creados bajo la pincelada del genio sevillano. En el retrato, vamos a encontrar el profundo deseo de un Rey por la continuidad dinástica, las ansias de Felipe IV representadas por Velázquez de esa pertenencia al más alto estamento reflejadas en su hijo, Baltasar Carlos. 

Este, había nacido en 1629 y tan solo con seis años de edad llega a ser frecuentemente retratado por un maestro consolidado como Velázquez. Encontramos en esta obra un claro modelo iconográfico, el modelo imperial o -llegados a este punto- cuasi monárquico del mandato montando a caballo. Modelo que encontramos claramente reflejado en la Antigüedad clásica y por ende en otros momentos pictóricos propios del siglo XVI y XVII, con más claro referente al tratarse de representaciones parentales adheridas a la figura del príncipe. 

Príncipe que se representa con insignias propiamente militares como la banda, la bengala y una espada que se corresponde con el tamaño dinámico que emplea Velázquez en un suave dibujo preparatorio que predomina ante otros factores. De igual forma, el colorido viene a ser protagonista en el lienzo. El colorido se mezcla entre unos dorados propios de la más soberana dignidad y el marrón más representativo en un caballo que se muestra fuerte, seguro y conocedor de todos los movimientos que ejecuta bajo las más lícitas órdenes de Baltasar Carlos.

El efecto de movimiento y perspectiva tan estudiado por Velázquez junto a su pincelada suelta hacen de esta obra una de las más cuidadas en la ya citada, etapa en la corte, pero esto no va a ser lo más representativo en el lienzo. 

La ubicación de la corte española en el XVII -recordemos otros proyectos ingenieriles como el Monasterio de San Lorenzo del Escorial- va a ser la Sierra de Guadarrama, en Madrid. Velázquez, que ya muy bien conocía esta zona del epicentro real, estudió con detenimiento las montañas de la sierra de Madrid y fijó con mayor firmeza que en cualquiera de sus cuadros este emblemático paisaje madrileño anexo a la corte de Felipe IV. En este caso, sitúa a Baltasar Carlos en cualquier paraje del bosque del Pardo cuyos accidentes geográficos representados a izquierda y derecha son fácilmente reconocibles para los entendidos en el tema. Esto será así hasta 1646, cuando en un tremendamente absurdo viaje a Zaragoza, Baltasar Carlos caiga enfermo en una viruela y posteriormente, fallezca. 

Velázquez vuelve a consolidarse en sus volúmenes corpóreos, en su habilidad paisajística y en sus estudios de perspectiva aérea que suficientemente dicho, son estimados por cualquier sensible o espectador. La muerte del príncipe fue sin duda significativa para la monarquía hispánica, que dejaría a Felipe IV indefenso tras una serie de desgracias familiares y una sublime tristeza producto de tantas muertes continuas. 

Baltasar Carlos se mantiene con vistas a su porvenir, esperando la esperanza prometida y la confianza depositada en su figura infantil. Eternamente infantil, esperando pacientemente en el Museo a ser transformado en otro líder de la monarquía hispánica, como su padre.

GALERÍA DE IMÁGENES

OTRAS ENTRADAS EN NUESTRA WEB QUE PUEDEN INTERESARTE




¿COMPARTIR ESTE ARTÍCULO?

Share on facebook
Compartir en Facebook
Share on twitter
Compartir en Twitter
Share on linkedin
Compartir en Linkdin
Share on pinterest
Compartir en Pinterest

Deja tu comentario

Deja una respuesta

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos y para fines de afiliación y para mostrarte publicidad relacionada con sus preferencias en base a un perfil elaborado a partir de tus hábitos de navegación. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Configurar y más información
Privacidad