INTRODUCCIÓN
Hace dos meses, el jueves 28 de marzo, tuvo lugar un evento de petit comité en la galería Viridian, situada en el distrito de Chamartín de Madrid, a cuya directora, Amalia Tormo, tuvimos el honor de conocer en la 48ª edición de Feriarte celebrada el año pasado, sobre la cual tenéis un magnífico artículo redactado por mi querida compañera Alba, en el que contribuí con la introducción. Alguien puede estar preguntándose ahora mismo por qué nos fijamos en Viridian antes que en otras galerías, y la respuesta se encuentra en uno de los artistas que tenía expuestos: Luis Javier Gayá.
Desde el artículo que hiciéramos con motivo de FLECHA 2025, donde ganó el segundo premio, tenemos su estilo artístico muy bien integrado, así que, al ver dos de sus increíbles vistas urbanas, la atracción hacia el stand de Viridian fue inmediata, y así es como entablamos conversación con Amalia. Quienes me conocen saben de sobra que soy tímido y todo lo contrario a lo que se conoce coloquialmente como un pelota, ante todo prevalece la sinceridad en mi carácter, lo que digo es siempre de corazón, por lo que me gustaría, antes de comentar el evento que centra este escrito, expresar mi más profunda gratitud por la cercanía, integración y constante amabilidad que mostró conmigo cuando estuve en su galería hace dos meses, así como disculparme por no poder abordar el artículo previamente debido a la alta carga de trabajo que hemos tenido en La Cámara del Arte últimamente.
Como soy una persona de compromiso y di mi palabra de que sacaría adelante este artículo para cubrir lo que se celebró en su espacio el 26 de marzo, aunque sea un pelín tarde, aquí estoy para comentaros la óptima experiencia que vivimos aquel día. Oficialmente, se estimó la duración del evento entre las 18:30 y las 20:30, pero lo cierto es que hasta las 22 o así casi nadie salió de allí, tal era el buen ambiente que estaba desarrollándose en el interior de la galería, acompañado de vinos de exquisita calidad. Al pensarse para ser algo reducido, hubo que reservar plaza previamente, y previendo que podía darse una velada tan amena y feliz, como así fue, en efecto, ahí estuvimos nosotros para no quedarnos sin ir.
El motivo que nos reunió fue una propuesta de dos artistas de la galería, Belén Barbero y Déborah Abizanda, que prepararon, además de un diálogo abierto entre ellas con intervenciones posteriores de los asistentes, una actividad participativa que resultó, amén de sumamente interesante, muy bonita por el objetivo que tuvo, como luego diremos. Este evento fue el colofón de la exposición “Diálogos materiales: lo frágil, lo sólido, lo vivo” que tuvo lugar en la galería entre el 6 de febrero y el 28 de marzo, inscrito a su vez en el programa del Madrid Design Festival, y en ella pudo verse la obra de seis artistas: además de Belén y Déborah, figuraban Manuel Sánchez Algora, Lina Cofán, Isabel de la O y Pilar Ureña Escariz.

Tras una breve introducción a los primeros invitados que llegaron a la galería por parte de Amalia y, por supuesto, de las artistas que iban a protagonizar la tarde-noche, una de ellas, Belén, se paró a hablar conmigo sobre la exposición, los otros artistas representados en la misma, y de ahí la conversación fue derivando hacia nosotros, nuestras vidas y cómo el destino, debido a las decisiones tomadas por ambos, había permitido el encuentro. Fue otro soplo de aire fresco que alguien reservado como yo agradece un montón, me ayudó a sentirme aún más integrado en la atmósfera, y por ello quisiera aprovechar estas líneas para agradecerle de corazón haberme dado desde el inicio esa confianza y sensación de estar arropado.
Una vez que llegaron todos los invitados al encuentro, ya tomadas una serie de fotos y vídeos sobre las obras de los artistas de la exposición para documentarla adecuadamente, los asientos estaban preparados para ir ocupándolos de cara a la primera parte de la actividad central de aquel día: el diálogo entre Déborah y Belén sobre cómo se conocieron a través de sus respectivas obras antes de hacerlo en persona. Antes de hablar sobre ello, queremos dedicar los dos siguientes apartados a dar unas pinceladas para acercarnos a sus producciones artísticas.
DÉBORAH ABIZANDA Y LA CERÁMICA “POSNATURAL”
El nombre de Déborah Abizanda, artista nacida en Ibiza en 1982, está indisolublemente ligado al arte de la cerámica, más concretamente a la porcelana, desde hace más de quince años, como ella misma nos declara en su página web. No obstante, de formación ella no es ceramista, sino periodista, su pasión artística parte de las letras y de ahí fue derivando hacia la cerámica, la cual aprendió en la Escuela de Arte Francisco Alcántara de Madrid y la Escuela de Cerámica de la Moncloa. Aunando ambas líneas, aparte del trabajo de taller, como periodista freelance publica artículos sobre arte y cerámica en los que desenvuelve su pensamiento estético.
A nivel profesional, en 2016 abrió su galería-estudio D’A Ceramics en la calle del doctor Fourquet, un lugar de aprendizaje, trabajo y exhibición donde uno puede aprender, bajo la tutela de Déborah, los secretos de la ancestral cerámica. Su dedicación plástica se combina con su hondo interés por el coleccionismo de piezas de porcelana, sobre todo, así como con la ayuda hacia artistas nacionales e internacionales, impulsada desde febrero de 2020 a través del proyecto Espacio Cero, que convierte su citado taller en una galería de cerámica artística contemporánea.

Sus inicios se basaron en buena medida en la experimentación y el azar, con los que intentaba emular la naturaleza, fenómenos como el choque de las olas contra las rocas o las cavernas, sin llegar a ser como ella, sino evocando esas sensaciones en el alma del espectador. Sus composiciones cerámicas son piezas “extraterrenales”, forman un universo onírico “posnatural” que, si bien acude a la tradición en lo referido a la técnica, es producto de un procedimiento bien diferente y personal. Los resultados formales obtenidos de este particular proceso multiplican esa sugerencia orgánica de formaciones naturales mediante el uso de pigmentos naturales como cobre, cobalto u óxido de hierro, con los que obtiene inspiradoras coloraciones. Así describe la propia Déborah su estilo:
Me gusta imaginar mis trabajos formando parte del espacio, dialogando con él, siendo vacío y materia a la vez. Por ello mis piezas son muy livianas, a menudo semi transparentes o translucidas, dejando que el entorno habitado se cuele a través de ellas, generando asimismo curiosidad en el observador, para habitarlas.

Explora esa tensión entre fragilidad y resistencia a través del medio de la porcelana, que requiere un nivel de conocimiento y control del proceso muy delicado, el cual combina con otros materiales, como la tela o el papel. Así, el azar ya no tiene tanta cabida, mas la experimentación, si bien deja de predominar, sigue estando ahí, en el fondo toda manifestación artística parte de ella y continúa latiendo, con más o menos fuerza, en las etapas más avanzadas de la vida de un creador. Experimentando con diferentes resultados es como un artista va renovando su expresión sin perder su esencia identitaria, busca nuevas vías de desarrollo dentro de su estilo, y por ello la Déborah de mañana puede que esté más alejada de la porcelana y centrada en otro material, pero su mano seguirá siendo reconocible.
BELÉN BARBERO Y LAS CAPAS DEL (RE)ENCUENTRO
La historia de Belén Barbero es tan digna de aparecer en un libro de Arte contemporáneo español como la de Déborah, pues antes de dedicarse al arte dedicó quince años de su vida a la moda, concretamente a la confección de trajes de boda desde la marca BEBA’S, una línea de trabajo mucho más orientada a lo funcional. Dejando de lado aquel camino, en 2022 tomó la decisión de dedicar sus esfuerzos a la investigación sobre la materia, naciendo series que destilan su más puro toque, como las “Cellulas” o los “Layers”, literalmente capas mixtas de resina, cemento, escayola y otros materiales que toman formas poliédricas, sobre todo cubos de diferentes formatos, con el peso suficiente para hacer series de fuerza.

A través de esta superposición de capas que plantea en la susodicha serie “Layers”, Belén indaga en los diversos valores de las texturas, los volúmenes y la manera en que estos se relacionan en la pieza resultante, todo a través de una cuidada labor artesanal que atiende a cada parte del proceso por igual. Todas las sustancias utilizadas comparten importancia, cuentan con su propia personalidad, y el espectador, ante las obras de Belén, inevitablemente debe detenerse el tiempo que estime necesario para perder su mirada en esas veladuras tridimensionales, en el microcosmos que generan por sí mismas, en relación con las adyacentes y en su unión total, lo transparente y lo opaco se dan la mano en una sinfonía donde el color emerge con fuerza.
El mensaje que quiere transmitir a través de estos “Layers” lo resume en una frase extraída del libro La personalidad creadora, publicado en 1983 por el psicólogo Abraham H. Maslow:
Descubrir quién es uno […] significa desenmascarar la psicopatología. Quiere decir identificar las defensas, y después de haberlas identificado, significa encontrar coraje para renunciar a ellas.

En el pensamiento estético de Belén, la “Belleza” con mayúscula constituye “una vía para trascender a otro plano de comprensión de la realidad”, aquel que, precisamente, nos permite descubrir en nosotros mismos esas defensas de las que hablaba Maslow, hallar capas, velos y corazas para, acto seguido, iniciar un acto de desvestirse para poder descubrirnos “en nuestra Humanidad compartida”. Es por ello que su arte se concibe como un espacio que invita al (re)encuentro “desde una escala humana y por tanto vulnerable y potencialmente bella” (las cursivas no son mías, sino de la propia artista, que así las indica en su web). Por tanto, el arte de Belén aspira a desafiar el miedo a lo desconocido, a redescubrir nuestros yos y a buscar la calma en los pequeños encuentros del camino.
EL ENCUENTRO ARTÍSTICO ENTRE DÉBORAH Y BELÉN
Hemos apuntado que Déborah y Belén no tuvieron un conocimiento al uso la una de la otra, es decir, su primer contacto no fue el físico, sino que el inicio de su conexión vino dada por la observación recíproca de sus respectivas obras, ahí fue como entraron en sus vidas sendos nombres. Si bien distante en lo tangible, esa contemplación mutua del arte de cada una unió muy cercanamente sus corazones en un primer vistazo, y conforme se fueron fijando en diferentes aspectos de las susodichas obras, más se acrecentaba en ellas el deseo de conocerse en persona tanto para poner cara a la creadora como para intercambiar sus perspectivas.
El primer turno de palabra de dicho intercambio en la galería Viridian fue para Déborah, que al hablar de lo que le suscitó la obra de Belén, acudió a las palabras del historiador neerlandés Johan Huizinga contenidas en su libro Homo ludens de 1938, dedicado al estudio del fenómeno del juego como parte intrínseca de la cultura y sus diversas manifestaciones. Déborah, en ese primer vistazo que, como decimos, permitió conocer a Belén a través del canal artístico, se preguntaba cuánto de juego hay, por ejemplo, en sus “Layers”, y ciertamente, como dijo a continuación, en las artes existe en general un factor lúdico importante, un porcentaje de azar que está tras importantes hallazgos a lo largo de la historia.
Entre esas capas endurecidas con resina, Déborah ve mucho misterio, declara textualmente, en la frescura que emana de las combinaciones de materiales, texturas y colores hay algo escondido, y en relación a este concepto trae a colación una idea del filósofo alemán Martin Heidegger, que afirmaba que la verdad de una obra no reside en lo que vemos de ella, sino en lo que desvelamos de la misma, en su “no verdad”. Gracias a esa parte del juego que emana del proceso creativo de Belén y que tan bien sabe transmitir en el producto final, como espectadores, si nos paramos el tiempo suficiente, seremos premiados con una forma de ver el mundo alterna a la normativa, una muy profunda, sincera y verdadera.

Tras una ronda de aplausos, llega el turno de contar Belén lo propio con las obras cerámicas de Déborah, no sin antes reseñar un aspecto muy interesante: cuando escuchó a esta hablar sobre sus piezas por primera vez, Belén descubrió aspectos en los que no se había fijado hasta entonces. Previamente a oír las reflexiones de la artista ibicenca, ella se veía a sí misma, como sus propias hijas le dicen, como una “experimentadora en su taller”, como una científica en su laboratorio, decimos nosotros. Refiriéndose ya a las creaciones de Déborah, emplea otro concepto para abordarlas, el del “homo artifex”, expresión latina que significa “hombre creador”, “artesano”.
Según Belén, en el arte de Déborah late el alma de una artista tan entregada al proceso que, al llegar al resultado, no siente que eso haya salido de ella, no es algo planificado como ocurre en el diseño. Para explicar mejor esta idea, acude, en primer lugar, al término enthousiasmós de Platón, que alude a un momento de inspiración poética donde nos volvemos completamente pasivos, todo fluye como si lleváramos en nuestro interior una divinidad que se expresa a través de nosotros, por lo que no dependería de nuestra voluntad la obra de arte final. En segundo lugar, menciona la creación mística de Kandinsky tal y como la formula en su escrito De lo espiritual en el arte, donde defiende que en toda creación se da una elevación interior que nos permite sintonizar completamente con el yo.
Se pregunta entonces Belén lo siguiente: ¿es la obra de Déborah divina, natural? Ella tuvo muy claro, desde las impresiones iniciales, que sus piezas de porcelana entroncan con el origen de la vida, y fue en ese preciso instante cuando ya se imaginó a la creadora ibicenca fluyendo durante el proceso que originó dichas obras. Esta idea del “flow”, abordada por numerosos psicólogos, nos conduce a un estado de trascendencia del yo antes citado que nos sobrecoge, igual que a Belén le sobrecoge surfear con su familia, como ejemplifica, y en dicho trance sentimos lo que el ser humano comparte entre sí, se desvanecen el tiempo y el espacio en esa conexión total con la humanidad.
De esta manera, sigo citando las palabras de Belén, la obra de Déborah nos devuelve al ser en un momento de nuestra historia en que, como humanos, acostumbramos a ir en sentido contrario, y así lo expresa brillantemente el filósofo surcoreano Byung-Chul Han, otra de las tantas citas que Belén tenía preparadas para la ocasión: “Nos hemos olvidado de mirar hacia arriba, a los dioses, nos hemos centrado en las labores y nos hemos olvidado del ser”. En una palabra, en muchas ocasiones hemos dejado de mirar a la naturaleza para, en el contexto concreto del Arte, poder canalizar adecuadamente lo que sentimos.
EL CADÁVER EXQUISITO GRUPAL
Pasado el diálogo abierto entre Déborah y Belén, y tras unas cuantas intervenciones de notorio interés por parte de los asistentes del petit comité que quedan para el recuerdo de quienes estuvimos presentes aquel 28 de marzo de 2026, ambas tenían preparadas para tan selecto público una actividad en la que todos nos íbamos a manchar un poco las manos: un cadáver exquisito a partir de los materiales que suelen usar en sus talleres. Por si alguien no sabe lo que es un cadáver exquisito, que no se asuste, lo explico rápidamente: se trata de un juego creativo, muy empleado por los surrealistas, en el que intervienen varias personas de tal forma que uno hace su parte y el siguiente la suya sin ver lo que ha realizado el anterior, generándose un resultado final azaroso, divertido y muy interesante.
Así pues, fuimos divididos en dos grupos, y yo formé parte del segundo, por lo que no estaba viendo el experimento que estaba llevando a cabo el primero, de igual manera que este vio ya la obra final ensamblada, no el proceso en sí, que quedó en la sorpresa. Como les confesé a Belén y Déborah, yo que estoy muy poco instruido en la creación artística (soy de teoría pura y dura, vengo de la Historia del Arte) me sentí algo perdido al principio, veía muchas cosas y no sabía con qué arrancarme: trozos de porcelana de colores, resina, pigmentos… Ahora bien, la experiencia fue increíble, disfruté un montón siendo ese homo ludens de Huizinga y dejé fluir la imaginación cual homo artifex. Fue el broche perfecto para tan agradable velada (eso y el vino blanco, todo sea dicho).

Lo más bonito de este proyecto experimental en conjunto, de este cadáver exquisito, fue que la pieza resultante llevaba como objetivo desde el inicio ser subastada en línea y destinar el dinero recaudado a la Asociación Norte Joven, una ONG cuya misión es tender un puente al futuro mediante el desarrollo personal y la integración sociolaboral de aquellos que se encuentran en situación de desventaja social. A la fecha de publicación de este artículo, la propia Amalia nos ha comunicado que, por falta de tiempo por parte de las artistas, la pieza grupal aún no ha podido ser subastada, se prevé por ahora un día de julio todavía sin determinar. Actualizaremos la entrada cuando el proceso haya concluido.

CONCLUSIÓN
Con las estrellas titilando en el cielo nocturno es como regresé a mi casa tras lo vivido en aquella fantástica velada, rodeado de gente amable, cercana y alegre, que disfrutaron cada minuto del evento tanto o más que yo, si cabe. Vivimos en un mundo que, volviendo a acudir a las palabras de Belén, va a contracorriente, un lugar bonito donde vivir que la acción humana, en beneficio del llamado progreso, ha convertido en algo que se asemeja más a un campo de supervivencia donde la avaricia, el egoísmo y la aceleración auspician un desolador panorama que no da margen al respiro, la paz y la convivencia no solo con los demás, sino también con nosotros mismos. No es casualidad que las jóvenes generaciones estén protagonizando uno de los capítulos más duros y tristemente verdaderos de la salud mental.
Es en los momentos más agobiantes, estresantes y desesperanzadores cuando el Arte, una vez más, acude a nosotros como un ángel de la guarda que, durante el tiempo que le dediquemos nuestra atención, va a guiarnos por un universo que nos permita evadirnos de la realidad sin llegar a abandonarla, pues gracias a la labor de artistas como Belén Barbero o Déborah Abizanda apreciamos caras de la misma en las que jamás nos habíamos parado, o bien lados que sí conocemos, pero que hasta pararnos a contemplar sus creaciones habíamos abordado desde un prisma diferente. El Arte es uno de los mayores bálsamos jamás creados por el ser humano para sí mismo, esa misma raza que, en el reverso de la moneda, se está convirtiendo cada vez más en el artífice de su propia destrucción.
Hundir nuestra mirada en las cavernosas porcelanas de Déborah, que captan nuestra atención de primeras por sus formas, texturas y colores, o en las capas matéricas, en los “Layers”, de los poliedros de Belén, es una acción revitalizante cuya duración puede ir de los pocos minutos a un par de horas sin ningún problema, sobre todo si sois personas observadoras que se fijan en los detalles, como es mi caso. Os dejamos, pues, que sigáis indagando por libre la obra de ambas artistas si os ha gustado lo que habéis visto y leído en este artículo, estamos convencidos de que no os vais a arrepentir. Es un inmenso placer poder cubrir otro evento de Arte contemporáneo tan maravilloso, solo nos queda agradecer, una vez más, tanto a Belén como a Déborah, como, por supuesto, a Amalia, por todo.
