Burela | Grand Prix del verano 2024

BURELA: PATRIMONIO, HISTORIA Y CULTURA

Soy pura generación Grand Prix. Antes, fue el ‘Gran Juego de la Oca’. El de Telecinco con Emilio Aragón y Lydia Bosch, ese en el que el tablero se convertía en realidad y los peones en personas intentando no caer en el pozo.

Aunque nunca me convenció el protagonismo de las vaquillas, queda de manifiesto mi gusto por la caída tonta. Esa que no hace daño pero permite que te destornilles de risa sabiendo que sólo ha sido el sinsentido batacazo monumental. Exacto, a lo ‘Humor Amarillo’.

El ‘Grand Prix del Verano’ comenzó a emitirse en el año 1996 aunque, en sus orígenes, todo empezó con un formato llamado ‘Juegos sin fronteras’ (1988). Bajo el fulgor de un concepto europeísta propio de esos tiempos, varias localidades del Viejo Continente participaban en una competición que incluía juegos físicos y de destreza con la premisa de que los concursantes vistieran trajes extravagantes que les dificultaran la faena. ¿Te suena?

Después de este ‘Eurovisión’ de mamporros (en el que, por cierto, nuestro Massiel fue Jaca, ganando el concurso en el año 1990), se creó la versión nacional gracias a Europroducciones. El nuevo programa se llamó ‘Cuando calienta el sol’ y se estrenó el 1 de julio de 1995 en TVE1.

Básicamente, utilizaba los mismos argumentos de lo que vendría después: cuatro pueblos españoles en competición distinguidos por colores, equipos de 30 habitantes encabezados por alcalde o alcaldesa junto a famoso de turno y premio final de 4 000 000 de las pesetas de entonces. Tanto es así que su presentador coincidió con el rostro más popular de la cadena: Ramón García.

‘Cuando calienta el sol’ se emitió sólo esa temporada pero, a cambio, sirvió de preludio a lo que hoy conocemos con unos mínimos cambios: dos pueblos y la presencia de la afamada vaquilla en algunas de las pruebas. Ah, y dos millones más para el pueblo ganador.

A partir de ahí, diez años de éxitos, un total de 210 pueblos, 2.949.000 espectadores y un 27,3% medio de share. Hasta que Ramonchu terminó la relación de amor con la cadena pública, Miriam Díaz Aroca asumiera el reto de sustituirle y Europroducciones rompiera contrato.

El ‘Grand Prix’ volvió en 2007 con Bertín Osborne y en cadenas locales gracias a la compra de derechos por el grupo de televisión autonómica FORTA. Tres años duró la gesta hasta el regreso televisivo más afamado de los últimos tiempos en 2023.

Tras 14 años, TVE se puso nostálgica y activó la palanca de la generación noventera para emitir, de nuevo, uno de los concursos más exitosos de su historia junto a su presentador fetiche, Ramón García. Por suerte, en esta nueva generación, prescindimos de la vaquilla (ahora es un miembro del programa disfrazado, igual tampoco hacía falta estirar más el chicle) y sumamos nuevas pruebas y colaboradores/as que dotan de cierto modernismo a este formato adaptado a la nueva Ley de Protección Animal.

Sea como sea, el ‘Grand Prix’, al igual que sus pueblos, forma parte de nuestro patrimonio cultural y, a las puertas de inaugurar una nueva temporada, desde La Cámara de Arte hemos querido brindar homenaje a las localidades con las que nos echaremos unas bunas risas este verano. Una de ellas, el municipio lucense de Burela. ¡A jugar!

HISTORIA DEL PUEBLO

Burela, al norte de Galicia, forma parte de la comarca de la Mariña Central de Lugo con 9454 habitantes (censo 2023) y una superficie de 8,2 km2. Por cierto, y como parte de la llamada Galicia Cantábrica, sus coordenadas hacen que sea uno de los lugares más septentrionales de la Península Ibérica.

Del castro al puerto: la villa de Burela y los orígenes del poblamiento medieval del litoral cantábrico gallego. Carlos Baliñas Pérez; Carlos Andrés González Paz.

Pueblo marinero y pesquero, limita con el Cantábrico al norte y este, además de colindar con las localidades vecinas de Foz al sur y Cervo al oeste. Forjado alrededor de mar y barro, Burela, que en sus orígenes era un humedal, se asienta en la base de los montes Castelo, Vilar, Pena da Guía, A Puída y Berdión. Mención especial a su Cabo Burela, uno de sus principales atractivos del que, por supuesto, hablaremos.

Por la zona se estilan los buenos pedruscos, así que destacada es su situación como uno de los extremos (el otro lo es Ribadeo) de la llamada rasa cantábrica de superficie plana y erosión escalonada. Además de albergar un área geológica de suma importancia en la zona denominada Castrelo en la que confluyen cuarcitas y granitos, formando grandes y curiosos pliegues plegados.

Es en esta especial área geográfica dónde confluye el terreno con la historia ya que, el castro marítimo situado en la parte extrema del cabo fue yacimiento para la arracada y torques que destacaremos más adelante. Algo que resulta muy comprensible teniendo en cuenta que los castros eran asentamientos con viviendas de tipo circular construidas a partir de muros gruesos que podían llegar hasta los dos metros.

Burela
Cabo Burela, Concello de Burela

Todo hace indicar que, del castro se pasó a una villa romanizada que, incluso, albergó terma romana que evolucionó a feligresía rural ya en periodo medieval. Misma época para dos construcciones mencionadas en gran parte de la bibliografía histórica de la población: Pazo de Vilar y Casa-Torre de Burela, ambas desaparecidas pero núcleos importantes en la vida de la jurisdicción señorial de la Edad Media burelense.

Precisamente, es en el área de Castrelo, y más concretamente en la zona denominada A Limosa, dónde todo hace indicar que existió una villa a mare datada en la Alta Edad Media (siglo IV).

Lo que viene siendo un asentamiento de personas que encontraban en el medio marino su razón. Bien es cierto que esta villa (que contó, incluso, con salas caldeadas mediante el sistema de hipocausto) pudo reutilizar un establecimiento romano del siglo I que, a su vez, podía haber sido primeramente un castro. La historia y sus ciclos.

Es en el siglo XII cuando se observa un crecimiento socioeconómico importante y la población suma la iglesia Santa María de Burela y un villar que, junto al castillo y la villa, conformaron los cuatro barrios principales. El primer registro escrito de Burela data de 1096, donde se la menciona como Burellum.

Sin embargo, en el siglo XVI, Felipe II compró la parroquia y la vendió a las casas señoriales de los Bolaño y Osorio. Estos descendientes lucharon durante décadas por el derecho al título del señorío. Finalmente, una Real Orden de Carlos III estableció un turno pacífico en este beneficio. Y, de ese modo, Burela se convirtió en un coto de señorío particular hasta la abolición de los señoríos jurisdiccionales en el siglo XIX.

Y, avatares históricos aparte, hay que volver a incidir en que Burela es una villa marinera, marinera. En el siglo XVI, su puerto ya era un lugar bastante concurrido y aprovechable. Desde 1527, sus gentes se afanaban en la captura de ballenas que pronto se convirtió en una de las actividades comerciales más importantes.

Tanto es así que tuvieron que hacerse con infraestructura especializada, como la atalaya, utilizada para avistarlas. Además de la caza de cetáceos, la pesca costera de sardinas y congrios también ha marcado la historia de la villa que se completó a partir de 1880 con la captura de langosta siguiendo la tendencia de los puertos del Cantábrico y, a buen seguro, la estela de los nuevos gustos sociales de la Edad Moderna.

Burela
Flota de Burela en su puerto a principios de siglo XX. Concello de Burela

En el siglo XVIII, la población de Burela creció y, como consecuencia, la diversificación de funciones en el área portuaria incluyó labradores y artesanos. Aunque la producción local de lino no era suficiente, los comerciantes importaban esta materia prima de Castilla.

Ya, en época moderna, el desarrollo y avance del pueblo siguió siendo consecuencia de su auge pesquero. Las pequeñas embarcaciones y formas de captura tradicionales dieron paso al auge en la creación de pequeñas industrias locales que facilitaron la creación de puestos de trabajo para los jóvenes de la zona gracias a la modernización de las flotas hasta llegar a la imagen actual de una población que gira alrededor de su puerto.

PATRIMONIO

Patrimonio arqueológico

Es evidente que el encanto de este pequeño pueblo marinero está aderezado por el atractivo de sus playas y paisajes marinos. Pero, en términos de patrimonio, este rinconcillo a orillas del cantábrico alberga un valioso legado arqueológico que nos conecta con nuestros antepasados y revela historias fascinantes.

En las brumas del tiempo, hace más de 3000 años y en Edad de Hierro, los habitantes de Burela ya forjaban su historia. Prueba remota es una punta palmela, datada hacia el 1800 a.C., hecha de cobre, que nos da buena muestra de su habilidad metalúrgica adaptada a la vida cotidiana. No hay que olvidar que estas puntas de flecha o lanzas, además de ser herramientas y armas, también tenían un valor simbólico y, a menudo, se encuentran en contextos funerarios.

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Torques de Burela, Museo Provincial del Lugo

Sin hacer de menos lo que fue el hallazgo de esta primera huella prehistórica, el descubrimiento que lo petó fuerte y puso a este pueblo en el mapa arqueológico tuvo lugar en el año 1945 en el conocido como Chao do Castro.

El hallazgo de un torques (siglos III- I a. C.) marcó un hito en la historia burelense y un señuelo en la historia de la Península Ibérica. Este collar de oro rígido, compuesto por una varita en forma de “c”, decorada con alambres enroscados y filigrana, es un ejemplo único en el noroeste peninsular.

Con un peso excepcional de casi dos kilos (1,812 gramos concretamente) todavía no se tiene claro si fue una ofrenda, una joya votiva o un símbolo de poder. Es probable que se trate de las tres cosas al mismo tiempo. El notable peso de la pieza, de origen celta, es la que marca el ritmo.

Si bien, tradicionalmente, los torques se han considerado adornos de cuello, este podría representar una especie de cetro empleado en determinados actos sociales para resaltar el estatus de su dueño o bien ante una joya vinculada a usos de carácter mágico o religioso.

Apenas nueve años después y, de nuevo por casualidad, un labrador encontró otra pieza atrapada en el tiempo. En este caso, la arracada (un diminuto pendiente áureo) salió a la luz para volver a remover el pasado de las gentes del lugar.

El colgante en forma de riñón, solía servir para adornar las orejas de las mujeres que, miles años antes poblaron la misma tierra. No te dejes engañar por su tamaño modesto, más aún, tras ver la magnificencia del torques. Detrás de esta joya, existe el mismo legado y, cómo no, una pieza de orfebrería prehistórica de gran valor. Como su predecesor, la arracada, hecha de oro macizo, llevaba siglos esperando su momento para brillar.

.Arracada de Burela, Museo Provincial de Lugo

Ambas piezas pueden verse en el Museo Provincial de Lugo, junto con otras joyas y reliquias prerromanas que nos hablan de la creatividad, la tecnología y la espiritualidad de los habitantes que habitaban estos lares hace milenios.

Así que la próxima vez que pasees por Burela, mira al mar y piensa en las personas que lucieron y utilizaron estas arracadas y este torques. Imagina sus risas, sus sueños y sus historias, y recuerda que también unas piezas orfebres enterradas durante siglos pueden contener un mundo lleno de significado.

Mención especial a los múltiples yacimientos de los que ya hemos hablado: los castros de Cabo Burela, Chao del Castro y Castelo, junto con el asentamiento de Castrelo/El Campón, nos transportan a la época romana. El petroglifo del Cabo Burela, con sus misteriosas inscripciones en piedra, despierta nuestra imaginación y nos invita a descifrar su significado.

Así, Burela se convierte en un libro abierto, donde cada excavación revela una página más de su apasionante historia. De hecho, a día concentra buena parte de la flota atunera del norte de España y el puerto más importante del Cantábrico en la pesca del bonito, además de otras capturas importantes como la merluza, la sardina o el jurel.

Por tanto, queda claro que su marcado carácter marinero no es moco de pavo. Sirva de ejemplo, la fama de un curioso museo, ubicado en un barco de 25 metros de eslora, construido en 1967 con distintas maderas de roble y eucalipto. Es el Barco Museo Boniteiro Reina del Carmen que, desde el año 2000, recupera la historia más reciente de la localidad y supone un homenaje a la gente del mar.

Como Museo Etnográfico de la Cultura Marinera, ha sido premiado como Centro Azul de Educación Ambiental y forma parte de la Asociación Estatal de Museos del Mar desde 2010. De esta forma, y una vez más, Burela saca pecho de su historia y reconvierte su patrimonio a través de la recuperación y exaltación de todo tipo de actividades que giran alrededor del mar, de su cultura y de su etnografía.

Burela
Barco Museo Boniteiro Reina del Carmen. TripAdvisor (TikTuk).

Patrimonio arquitectónico

Burela cuenta con un tesoro arquitectónico que ha resistido los embates del tiempo, la Iglesia de Santa María. Su fachada de piedra y sillería, con un campanario que se alza hacia el cielo, es sólo el comienzo de una historia que nos transporta a épocas pasadas y nos sumerge en el misterio de sus paredes. Nunca mejor dicho.

Para conocer su origen, tenemos que remontarnos hasta el siglo XII, cuando ya se mencionaba la existencia de la “iglesia de sancta Maria de Burela”. Aunque se desconoce su fundación exacta, su ubicación podría coincidir con la del templo tardomedieval. Desde entonces, ha sido testigo de la vida religiosa y las devociones de los habitantes del pueblo.

Exterior de la Iglesia Vila do Medio. TripAdvisor (Nutula)

A principios del siglo XVIII, la iglesia experimentó una ampliación significativa. El patrón de la parroquia, Don José Bolaño Osorio, ordenó la construcción de una nave lateral, el presbiterio y la sacristía. Así, el conjunto arquitectónico quedó equilibrado en planta. La fachada principal, con su arco adintelado y espadaña, también data de esa época.

Pero lo que hace que la Iglesia de Santa María sea verdaderamente especial son sus pinturas murales. En su interior, los paramentos están decorados con escenas de la vida de Jesucristo. Estas pinturas, datadas alrededor del 1500, siguen criterios absolutamente góticos. Cada trazo, cada color, nos conecta con el fervor religioso y la creatividad artística de aquellos tiempos.

También descubiertas por casualidad gracias a unos niños que jugaban dentro de la iglesia, nos encontramos frente a una de esas representaciones artísticas que sobrecogen porque, de alguna forma, sientes que te teletransportas a un mundo de fe y misterio muy lejano pero presente y reconocible.

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Interior de la Iglesia Vila do Medio. TripAdvisor (Nutula)

La serie de pinturas representa, lo que viene siendo la vida del Señor a través de escenas de la Pasión, la Resurrección y momentos cruciales de la vida de Cristo. No olvidemos que este tipo de decoración mural dentro de las iglesias actuaban a modo de comics abiertos hacia una población analfabeta que, por supuesto, debía de ser fiel a las enseñanzas religiosas y, por tanto, conocedora de la vida y obra de su Dios.

En este sentido, su disposición sigue el patrón habitual y, en este caso, separadas por cenefas, cada una de las pinturas cuentan un episodio en sentido cronológico y dispuesta del mismo modo utilizando la propia disposición del edificio.

La datación de las pinturas de la iglesia de la que fuera ‘Villa del Medio’ es bastante complicada ya que no existen documentos que acrediten el momento en el que fueron realizadas. El autor García Iglesias hace mención a ese 1500 basándose en otros conjuntos pictóricos murales de estilo gótico aunque no en el caso especial de Galicia.

La razón de que existan pocos ejemplos se debe, mayormente, a los repintados y blanqueados de cal a los que los edificios eran sometidos por temas de higiene y con el pretexto de dejar a las “pestes” fuera de los muros. Es por eso por lo que los retablos desbancaron el gusto por la pintura mural.

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Pinturas murales antigua iglesia parroquial de Santa María de Burela gótico tardío. Turismo Burela

En términos de estilo, destacan los rojos, ocres y azules que crean figuras de considerable tamaño a partir de líneas gruesas pero que, sin embargo, comparten una reposada inexpresividad y estilo arcaico en ejecución y disposición como es lógico y normal teniendo en cuenta datación y periodo. Aunque poco se sabe de quién pudo ser el maestro, lo que sí parece ser claro es que son obras de la misma persona reforzando así ese carácter homogéneo.

Los ropajes de los personajes también refuerzan la teoría ya que, con sus faldellines y sombreros de tipo italiano, por ejemplo, siguen gustos renacentistas (s. XVI).

Pinturas murales antigua iglesia parroquial de Santa María de Burela gótico tardío. Turismo Burela

Después del abandono, la primera restauración de todo el conjunto finalizó en 1994 y, con ella, se recuperó esta ex iglesia parroquial que, durante tantos años, presidió la vida religiosa del pueblo.

Desde entonces, sigue siendo testigo de la devoción de la gente del mar por su patrona, la Virgen del Carmen, a la que sacaban en procesión desde la iglesia hasta el puerto, acompañándola con antorchas y al son de las múltiples sirenas de las embarcaciones para, después, pasearla por el mar.

Fuera de la que conforma su principal atractivo arquitectónico (y el artístico de sus pinturas murales), la mayor parte de los edificios que conforman el patrimonio de Burela son ya casas familiares del siglo XX. Dentro de todas ellas, destacan dos de las que ya hemos hablado: la Casa-Torre en Burela de Cabo y el rehabilitado pazo de Vilar.

La primera propiedad de Fernán Díaz y segunda atribuida a Pedro de Bolaño; aunque de manos en manos a lo largo de los años. Casa Torre desaparecida, en la actualidad, se construyó un edificio en el mismo lugar que sólo conservó el escudo con las armas de la familia y, por tanto, también conocida como la casa del escudo.

Patrimonio artístico

Empecemos por el monumento a las ‘Gentes del Mar’ (1987) a cargo del escultor Juan B. Puchades Quilis como oda al trabajo de esos pescadores y mariscadores que, como marca la historia, han dotado al pueblo de vida por los siglos de los siglos.

La escultura se encuentra en la, también, Plaza del Marinero y representa a un hombre recogiendo sus redes de pesca mientras, a su lado, una mujer carga con los aparejos sobre una barca realizada en granito que parece echar el ancla.

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Monumento a Gentes del Mar. Turismo Burela

Puchades creó esta obra con el hierro como elemento principal con la intención de transmitir la fuerza de estas actividades y el peso que representan en la comunidad. Protagonizado por líneas marcadas y angulosas, esta obra podría encuadrarse en el llamado expresionismo neofigurativo con reminiscencias de la escultura contemporánea del siglo XX, todo ello armonizado artísticamente a través de la forma, los materiales y la técnica a través de una clásica escena costumbrista.

Además, de su ‘Gentes del Mar’, Puchades cuenta con otra escultura urbana en la población que, al igual que la anterior, pretende mostrar una alegoría en forma del reconocimiento al trabajo de los bureleses. ‘Alegoría al crecimiento industrial’, situada en una de las entradas del propio pueblo, viene a ser una columna cilíndrica de acero inoxidable que, gracias a los añadidos y su efecto espejo, puede jugar con la luz como un elemento más en su concepto artístico.

Una mezcla de luminosidad, espacio y materiales que coinciden en una misma pieza con el objetivo de rendir homenaje al desarrollo industrial relacionado, también, con la pesca. Obra moderna y expresionista que sigue poniendo en valor el progreso y la evolución de las gentes que la contemplan.

Alegoría al crecimiento industrial. Turismo Burela

Dejando de un lado la escultura, aunque merecen mención dentro de esta disciplina la ‘Sirena de las mareas’ de María Pérez que, tallada en granito, emerge del mar cada atardecer o la escultura en bronce el artista local Manuel García de Buciños, ‘Hombre del mar’ que representa, una vez más, la lucha y la conexión ancestral de los habitantes con el océano; vamos con algo de pintura.

Desde el año 2017, el espigón del puerto de Burela acoge el Museo de Arte al Aire Libre, conformado por obras del Certamen Internacional de Pinturas Murales AMARTE, que se celebra anualmente coincidiendo con la Feria del Bonito. Una vez más, el arte, la pesca y el mar se funden alrededor de la expresión artística del pueblo.

Por tanto, nos encontramos frente a un museo vivo, ya que cada agosto se incorporan nuevas pinturas relacionadas con el mundo del mar y la villa.

Así que, los muros de Burela renacen cada año a partir de murales que narran historias de la vida cotidiana y la naturaleza realizados por artistas locales y foráneos que han plasmado su creatividad en las fachadas, llenando de color y alegría las calles estrechas. Desde escenas de pesca hasta retratos de personajes ilustres, cada mural cuenta una parte de la historia de la comunidad.

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Museo De Arte Ao Aire Libre Amarte. Turismo Burela

Patrimonio etnológico

Como no podía ser de otra forma, el patrimonio etnográfico de Burela se relaciona, principalmente, con su situación, clima o costumbres. Y, como no podía ser de otra forma también, no sería un auténtico municipio “galegiño” si no albergara algún hórreo. Aunque, hablando con propiedad, en la Marina lucense se denominan cabozos.

Se llamen como se llamen, su función principal es la misma de cabo a rabo de Galicia: servir de almacén de determinados productos para garantizar su conservación y el consumo cotidiano durante todo el año.

Construidos en piedra de la buena y de la recia, en combinación con la madera, incluyen cubiertas en forma de cruz, pináculos o los esgrafiados ornamentales y relieves indicativos de sus propietarios, de la fecha de construcción, etc.

En la Mariña Lucense suelen ser altos, estrechos, cortos y generalmente pequeños, con cubierta de loseta y dos o tres pies de apoyo en función del tamaño de la cámara superior.

Vista panorámica desde Monte Castelo con cabozo.

La peculiaridad de estos burelenses es que, marineros marineros como son, los cabozos se sitúan cerca de su mar buscando un viento que les permitiera estar bien aireados y justificando la importancia de la pesca que, junto a la agricultura, daban forma a la dieta almacenada en estas construcciones elevadas al resguardo de alimañas.

Muy normal y necesario al mismo tiempo, era disponer de un hórreo en casa que asegurara el menú de la familia durante meses hasta la última parte del siglo XX hasta que, con los avances y nuevas modas electrodomésticas, quedaron algo desfasados o arrastrados a otros usos que terminaron en un abandono progresivo, excepto los de nueva planta relacionados con cuestión decorativas y ornamentales; muy cuquis e instagrameables.

Y, para terminar este apartado, ¡qué nos gusta una fiesta en esta nuestra España! Si algo tendrán en común los pueblos participantes en esta nueva edición de Grand Prix es su disposición al gozo y ventura de sus gentes con días especiales en los que celebrar el orgullo de ser de donde se es.

En Burela, celebran sus fiestas patronales, en las que rinden honores a la Virgen del Carmen, la primera semana de junio. Ese mismo sábado, se expande una gran alfombra de flores, que va desde la iglesia hasta el puerto, en honor a la Virgen y a los marineros que van a partir. Y, por supuesto, el domingo deja que su mar sea el protagonista celebrando la colorida procesión en barcos, cita de gran interés para locales y foráneos.

Se ve que para Burela, junio es un mes grande porque empieza bien, y acaba mejor. Coincidiendo con San Juan, la Festa Castrexa alberga dos días de diversión con espacio para la celebración de un mercado castrexo, actuaciones musicales, juegos y obradoiros y degustaciones gastronómicas.

El verano en el municipio es intenso, pasado el gran mes y a finales de julio, Burela entero sube al mirador del Monte Castelo para celebrar su tradicional Romería, donde además de disfrutar de un paraje natural que brinda la mejor vista panorámica del pueblo, los vecinos se lo pasan en grande acampando y comiendo como si no hubiera mañana (típico de Galicia) durante tres días.

Para terminar, histórica su Feira do Bonito que se celebra desde hace más de 30 años el primero sábado de agosto y que sirve para poner el municipio en el mapa gracias a una de sus principales materias primas. Receta va, receta viene, además de ser una cita gastronómica de gran calidad, en 2019 fue declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional.




ÁNIMO, BURELA

El primer texto que leí sobre Burela fue uno escrito por Herminia Pernas (profesora y escritora natal de la villa) y disponible en la propia web del Concello. Es el primero dentro de su categoría de Historia y, desde luego, la elección no me sorprende. Titulado “Un pobo que só sabe traballar” muestra a la perfección el espíritu y carácter que ha marcado su concepción desde tiempos lejanos.

En Burela no presumen de linajes o pasado señorial, prefieren mirar al mar y a sus castros buscando la diversión en los populares gaiteros y murgas. Como dice Herminia, sus antepasados no fueron al casino ni tampoco al teatro; a cambio, trabajan la tierra y aprovechan los recursos infinitos del mar para seguir nutriéndose de una posición privilegiada que ha moldeado su historia desde los orígenes más remotos.

Burela
Puerto de Burela.

Los aires modernos trajeron consigo la necesidad de presentar una historia que entretenga a los turistas y, de paso, los locales se toparon con un relato por muchos/as desconocido. Burela tenía Historia y era necesario darla a conocer, el problema es que los lugares y obras protagonistas de los panfletos revival ya no estaban. Quizá por una mala gestión o, tal vez por desconocimiento y el ansía de elegir el progreso dejando de lado el pasado.

Sea como sea, Burela bien merece una visita y un reconocimiento a su capacidad de adaptación y respeto por lo que la naturaleza les ofreció. Ahora, esperamos que ese espíritu trabajador y luchador de los herederos del torques y la arracada de su mejor versión en “los bolos” o en “los troncos locos”. ¡Mucha suerte!

BIBLIOGRAFÍA

Webs

Concello de Burela Inicio | Concello de Burela

Turismo de Burela Inicio | Turismo – Concello de Burela

Universidad Santiago de Compostela Del castro al puerto: la villa de Burela y los orígenes del poblamiento medieval del litoral cantábrico gallego (usc.es)

Bluscus Qué ver en Burela – Turismo en Burela – Bluscus

Universidad Complutense Vol. 40 (2017) | En la España Medieval (ucm.es)

Museo Provincial del Lugo Inicio | Rede Museística Provincial de Lugo (comunidadermpl.gal)

El Progreso Artistas de A Mariña engalanan el puerto de Burela (elprogreso.es)

Diputación de Lugo Folleto A Mariña.pdf (deputacionlugo.gal)

A Mariña Xornal Queres coñecer as pinturas góticas da igrexa de Vila do Medio de Burela? – A Mariña Xornal – As noticias da Mariña (amarinaxornal.gal)

Mariña Lucense A Mariña Lucense | Burela: de asentamiento castrexo a villa medieval (amarinalucense.gal)

TripAdvisor LAS 15 MEJORES cosas qué ver en Burela (Actualizado 2024) (tripadvisor.es)

Editorial Galaxia O misterio do torque de Burela – Editorial Galaxia

Fusión Asturias Burela (Lugo). Mar en estado puro – fusionasturias.com

OTROS PUEBLOS DEL GRAND PRIX DEL VERANO 2024

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