COMENTARIO HISTÓRICO ARTÍSTICO DE ‘REVERSO’ DE JENNY SAVILLE
CONTEXTO HISTÓRICO ARTÍSTICO
Dile a una de las muchachas que se pega horas y horas en Instagram que “los estereotipos están para romperlos” o que “en la diversidad está la gracia”. ¡Ja! Díselo, también, a las millones de “creadoras de contenido” que transmiten los modelos “normativos” a seguir, a copiar. A conseguir.
Quitemos las comillas y hablemos claro: sea cual sea la etapa histórica, las mujeres (sí, especialmente ellas) han tenido que encontrar su seguridad personal poniendo su cuerpo a disposición del canon. Esto es así.
Pero pocas veces por decisión propia, casi siempre por pura imposición social. Por encajar, por pertenecer; pero, por encima de todo, por el resto y no por ti.

A pesar de lo manido del discurso y de lo amenazante del mensaje, la urgencia social no llega a calar. Y artistas como Jenny Saville son tremendamente necesarias por algo básico: porque más allá de la simple figuración, su obra es un acto de resistencia contra las normas patriarcales que siempre han elegido lo que significa ser mujer. Así que, la pintora encrudece su discurso visual y empodera a un cuerpo femenino para transformarlo en un espacio de poder, de lucha y de transformación. ¡No te disculpes, no te justifiques!
A través de su obra, la artista te sirve la carne cruda sobre la mesa, sin decoro ni artificios. Te pide que seas tú quien la cocine, quien la interprete y quien la sazone. Quien decida si lo que ves te resulta atractivo, incómodo o grotesco. Bello, feo. Sin más.

Que salgan a relucir esos llamados ‘juicios de gusto’ de la estética kantiana, la que sostiene que son subjetivos (no objetivamente correctos), pero no meramente personales, ya que se basan en una capacidad universal y necesaria de la mente humana para experimentar placer o displacer ante la belleza.
Jenny Saville nació en Cambridge (1970) pero desarrolló su espíritu creativo a partir de su beca en Estados Unidos. Como joven inquieta en la mismísima Cincinnati, se metió de lleno en una idea más unificada del feminismo y se dejó seducir estéticamente por la extendida obesidad estadounidense. Dos elementos que fueron cruciales para definir su estilo pictórico sin ningún tipo de remedio.
ANÁLISIS FORMAL E ICONOGRÁFICO
La pintora utiliza la piel de sus modelos para reflejar la luz y las sombras materializando la jugosidad de la carne. En ese mismo espacio, cohabitan la deformación, la violencia física, las cirugías, las cicatrices. Carne viva que transmite y que muestra su verdad a un público que, muy posiblemente, tenga que enfrentarse a sus propios estigmas y miedos para disfrutarla en su plenitud.

En ‘Reverso’ la retratada es la propia autora que, a pesar de la monumentalidad del cuadro, nos mira frágil y ensangrentada. El encuadre busca que el/la que mira conecte con ella, se encierre en su mismo espacio y sienta una cierta claustrofobia. Con esa pincelada suelta y empastada tan característica, juega con representar su propio reflejo en el suelo y, con ello, duplica la carga emocional.
Doble es, también, la moralidad. Una búsqueda entre lo rudo de la escena y la belleza del rostro coronado por unos labios jugosos que, en una boca entreabierta, invitan a fantasear con cuál sería su última palabra dicha.
Las fuertes marcas de pintura roja y la expresión de sus ojos hundidos, nos llevan a pensar que tiene la cara cubierta de sangre pero (¿quién sabe?) igual es carmín. Será el/la espectador quien decida cómo continuar la narrativa. Quien cocine la carne poco, al punto o muy hecha.
Aunque es evidente su inspiración estética en pintores como Lucian Freud y Francis Bacon, el protagonismo que se le otorga a la figura femenina, (tanto en alcance histórico-artístico, así como en su enorme escala) evoca no solo la tradición clásica, sino también a las obras canónicas modernistas de Pablo Picasso y Willem de Kooning.
CURIOSIDADES
Hace apenas un mes, 14 de mayo de 2025 para ser más concreta, la sudafricana Marlene Dumas se convertía en la artista viva más cotizada en una subasta. 13,6 millones de dólares tuvieron la culpa. Y, de esa forma, su cuadro ‘Miss January’, pintado en 1997, le arrebataba el récord a ‘Propped’ de Jenny Saville vendido en 2018 por 10,8 millones de euros (12,4 millones de dólares).
Curioso que ambas obras ahonden en la reinterpretación del cuerpo femenino y su sentido. Con su serie de misses en la que ‘Miss Enero’ se ha llevado la palma, Marlene muestra diez figuras de mujer idealizadas, reveladas a la vez que ocultas, presagiando su obsesión por el cuerpo y la identidad femenina. Y te vendrá bien saber que Marlene es reconocida por sus retratos intensos, emocionalmente cargados y basados en fotografías que le sirven para explorar sexualidad, raza, duelo, maternidad e identidad corporal.

‘Propped’ dignifica a la mujer desnuda. Sentada sobre un pedestal, mira al espectador con una expresión que mezcla desafío, provocación y vulnerabilidad. Su cuerpo es grande y poderoso pero, al mismo tiempo, transmite inseguridad e, igual, una pizca de vergüenza. Se pellizca los muslos, medio oculta sus grandes senos.

A la vez que desafía la armonía del cuerpo y del espacio. Un cuerpo tan grande sujetado por un taburete tan pequeño. Quizá lo mismo que un saco enorme de miedos e inseguridades sobre una excusa o justificación mínima.
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