COMENTARIO HISTÓRICO ARTÍSTICO DE MADEMOISELLE CHANEL
CONTEXTO HISTÓRICO ARTÍSTICO
Años 20. Dos mujeres se encuentran en un teatro. Las dos son poderosas y exitosas, cada una en lo suyo. La tercera en discordia es Misia Sert (Maria Zofia Olga Zenajda Godebska), una virtuosa y conocida pianista que regentaba con asiduidad los salones artísticos de París, lo que la ayudó a convertirse en musa y mecenas de muchos tops: Marcel Proust, Toulouse-Lautrec o Pierre-Auguste Renoir.

Partiendo de la base de que los talentos femeninos se huelen, se buscan; Misia resultó ser una de las besties de Coco Chanel. Gracias a esa amistad (porque a pesar de la manipulación heteropatriarcal, las mujeres se ayudan, se impulsan) la que pasaría a la historia como la diseñadora más reconocida de la historia se introdujo en la vorágine artística parisina. Por ejemplo, Coco asumió la responsabilidad de diseñar el vestuario de los famosos ballets rusos de Sergei Diaghilev financiados y promocionados por la propia Misia. Sí, si nos dejan, también sabemos hacer billetes.
Fue durante los trabajos para una de las representaciones de este ballet cuando la diseñadora conoció a la pintora parisina Marie Laurencin como máxima responsable de diseñar y pintar los decorados para “Les Biches”, obra en la que actuaba dicho ballet. Y así nace la magia y la idea de este retrato que, ¡atención spoiler!, termina «regu»…
ANÁLISIS FORMAL
Marie pintó a Chanel de frente, sentada en una pose lánguida, con la cabeza apoyada en su brazo derecho de una forma tan fluida que puede llegar a parecer que Coco vaya a derramarse de un momento a otro. Aunque estaba empezando en este género, para entonces, la artista ya era dada a mezclar animales y humanos, así que el caniche blanco de la modelo le vino de perlas.
No contenta con eso, incluyó un segundo cánido que aparece saltando hacia una paloma que, a su vez, desciende del cielo hacia la retratada en lo que pudiera ser la forma de Espíritu Santo. Puede que un guiño simbólico sabiendo que estamos hablando de la que podría considerarse un icono de feminismo en ese momento o, al menos, imagen de libertad y empoderamiento de género en plena Belle Époque.
En código naif, la artista se sirve de la suave armonía de la conjunción de colores pastel (verde, azul y rosa) reforzada por el contraste de larga bufanda negra que cuelga del cuello del modelo hasta perderse en el borde inferior del lienzo.

Además, el hecho de que la diseñadora pose con su mascota puede rememorar esos retratos ilustres de la Historia del Arte en los que los perritos falderos posaban en brazos de cortesanas y viudas de alta alcurnia.
Hablando de estilismo, y de forma elegante a la par que atrevida, Chanel elige un vestido drapeado para la ocasión que, al caerle por el hombro, muestra seno aunque sin caer en vulgaridades. Así, la conclusión es que, aunque con alto grado de dignidad, se recurre a una representación medio desnuda en lo que podría considerarse una imagen erótica. Dentro de eso, el mundo de Laurencin y sus pinturas es evidentemente femenino, delicado y decorativo.
Las figuras de Marie son lánguidas y de tinte melancólico a partir de un marcado delineado de cejas y unas bocas delicadas que terminan constituyendo su estilo personal.
CURIOSIDADES
Cero dramas pero la cosa terminó como el rosario de la aurora. Digamos que ese sello generalizado que la artista impregnaba en sus obras iba más allá de la técnica pictórica para convertirse en una declaración de intenciones. Pongamos que, al final, todas las modelos terminan pareciéndose a ella. Supongamos que es difícil distinguir los rasgos de las musas de los suyos propios.
Y, por mucha admiración que hubiera, el ego es el ego. Y más si estamos hablando de divas que temen que su impronta sea usurpada.
Coco Chanel se pilló un cabreo de muy señor mío. Tanto es así que renegó de la obra y no quiso ni verla, ni tenerla. Las malas lenguas dicen que, incluso, la colgó boca abajo antes de deshacerse definitivamente de ella para mostrar su repugnancia hacia el cuadro. Y todo porque, según ella, no se le parecía en nada. No tenía su glamour, no era chic.

De la otra parte, tampoco hubo compresión. Furia con furia se paga debió de pensar la buena de Laurencin que se negó en rotundo a pintar un segundo retrato en pro de contentar a la modelo. A cambio se quedó con el original y santas pascuas.
Más allá de la polémica con la creadora de Chanel Nº5, Marie logró mantener una gran amistad con su entorno destacando su vínculo con Guillaume Apollinaire (con quien vivió varios años) Pablo Picasso y Georges Braque. Aunque hay que decir que aún exponiendo con los cubistas, su obra no llegó a pertenecer nunca al movimiento.
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