Martirio de Santiago

Ficha técnica

Título: Martirio de Santiago
Autor: Francisco de Zurbarán
Cronología: 1640
Estilo: Barroco
Materiales: Óleo sobre lienzo
Ubicación: Museo del Prado (Sala 010A)
Dimensiones: 252 x 186 cm
Escrito por: CuDiosa

COMENTARIO HISTÓRICO ARTÍSTICO DEL MARTIRIO DE SANTIAGO

CONTEXTO HISTÓRICO

Francisco de Zurbarán (1598-1664) es, claramente, uno de los más insignes brocados del Siglo de Oro español. Os confesaré que a mí, desde pequeña, me atrapa fuerte. Y me hipnotiza aún más. No sé si será por el tenebrismo, por la realidad de sus rostros; o, simplemente, porque pasaba horas remirando sus cuadros en un libro que mi tío escondía en sus estanterías repletas de muchos otros. A mí, me dio por ese. Por su misticismo, por su crudeza, por su (un poco) mal rollo.

Aunque nació en Fuente de Cantos, un pueblo de Badajoz, con quince años se mudó a Sevilla a aprender el oficio. Digamos que, desde el inicio, apuntaba maneras (llegó a conocer a Velázquez) y terminó petándolo atesorando una extensa lista de clientes. Como uno de los principales promotores de la Contrarreforma, se esmera en realizar numerosas obras para iglesias, conventos y colegios religiosos a lo largo y ancho del país.

‘San Serapio’ (128, óleo sobre lienzo, 120 cm × 103 cm). Wadsworth Atheneum, Harford (Estados Unidos)

También ha pasado a la historia como maestro de bodegones debido a la ejemplar disposición de los elementos que le permite crear composiciones perfectas que muestran materia viva, muerta o perecedera. Sin embargo, incluso la representación de frutas o cacharros parece tener un aura religiosa.

‘Bodegón con cacharros’ (1650, óleo sobre lienzo, 46 x 84 cm). Museo del Prado

A Zurbarán se le intuye, se le reconoce y se le siente. Creador de un estilo, que apenas cambió en toda su productiva carrera, destaca por la monumentalidad de los protagonistas de sus cuadros sobre fondos oscuros que realzan la dignidad de los personajes. Con fuerte influjo caravaggista, los fuertes claroscuros logran figuras prácticamente tridimensionales que se adaptan a las necesidades de los encargos y sus usos doctrinales.

Es típico de Zurbarán, como resultado de esos principios, la curiosa manera de presentar cada motivo, ya sean figuras u objetos, con un aislamiento peculiar de las escenas, a veces incoherente, aunque ejecutado con la misma minuciosidad, precisión y cariño, tanto las partes fundamentales como los modestos detalles de naturaleza muerta.

Luna, J. J.: El bodegón español en el Prado. De Van der Hamen a Goya, Museo Nacional del Prado, 2008, p. 167

Zurbarán profesó una pasión devota asociada a lo prodigioso del milagro y sus artífices aunque siempre visto desde un ángulo austero, sencillo, severo y cotidiano.

ANÁLISIS FORMAL

A pesar de lo mencionado en los párrafos anteriores, el ‘Martirio de Santiago’, lejos del fondo oscuro y la figura protagonista en primer plano, pareciera una escena teatral en la que participan varios personajes.

La obra fue, probablemente, parte del retablo mayor de la Iglesia de Nuestra Señora de la Granada en Llerena (Madrid), encargada a Zurbarán y Jerónimo Velázquez. Su estilo se alinea con la llamada “década prodigiosa” del pintor, cuando realizó obras para la Cartuja de Jerez y otras instituciones religiosas.

Zurbarán estructura la escena en una composición diagonal con el objetivo de aportar dinamismo aunque se cuida de no romper esa atmósfera de recogimiento que tanto le gusta. El eje visual principal va desde el verdugo con espada en alto, hasta el ángel que desciende con la palma del martirio pasando por la propia figura central de Santiago.

Su luz es tenebrista, topicazo del genio, con fuertes contrastes entre luces y sombras que modelan los volúmenes. Predominan los tonos terrosos y ocres, con acentos de color en los ropajes contemporáneos de los soldados y el turbante de Herodes Agripa que observa la escena como promotor del desenlace. La luz incide sobre el cuerpo del apóstol, destacando su serenidad y espiritualidad frente a la violencia inminente dotándole, de ese modo, de magnificencia ante el destino fatal.

De hecho, el santo toma posición escultórica en forma de paz y entrega a su destino sin oponer resistencia. Sin embargo, su asesino es representado justo en el momento de alzar la espada que terminará con la su vida.

Siguiendo con su recogimiento característico, Zurbarán opta por una versión contenida y contemplativa del martirio acompañado de un tratamiento elegante de la luz y las diferentes texturas y colores que visten los personajes del cuadro.

Incluso el perro que asoma la cabeza permanece impasible ante la ejecución y en ángel la da por asumida sujetando la que será el símbolo de su coronación como Santo. Ya lo de la cara y el pelo del pequeñín, lo dejamos al margen porque no haría justicia con la historia y producción del genio del barroco. Muy fuerte. Muy feo.

CURIOSIDADES

Santiago fue el primer apóstol en morir por su fe, lo que lo convierte en un símbolo de valentía y entrega mística al destino y voluntad de Dios como bien le gusta a la Iglesia. De ahí que gran parte de la producción para sus «santas sedes» se afanen en representar la vida y muerte de los/as santos/as como muestra y ejemplo para feligreses cargados de pecados y culpas. Los castigos existen, los aceptas y consigues la gloria.

Y una vez muerto, llega la historia (leyenda) que le une con nuestra querida patria y hace que, año tras año, recibamos a miles de peregrinos buscando su perdón y/o agradecimiento a las obras del Señor.

Catedral de Santiago de Compostela (1075-1211). Foto: Santiago Gate

Sus discípulos trasladaron su cuerpo a Galicia, donde fue enterrado en lo que hoy es Santiago de Compostela dando origen a una de las peregrinaciones más importantes del cristianismo: el Camino de Santiago.

Francisco de Zurbarán, por su parte y a pesar de no salir de España en toda su vida, fue apodado como el «Caravaggio español» debido a ese uso ejemplar del claroscuro, técnica fetiche del pintor italiano. Lo curioso es que, probablemente, nunca vio una obra de su inspirador sino que fue a través de los autores que sí habían tenido contacto con sus obras de los que aprendió y copió su estilo.




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