COMENTARIO HISTÓRICO ARTÍSTICO DE EL BAÑO TURCO
«El arte no debe ser otra cosa que belleza y no debe enseñar otra cosa que la belleza».
Jean-Auguste-Domique Ingres
CONTEXTO HISTÓRICO
En la segunda mitad del siglo XVIII se vivió una auténtica revolución, tanto social como en las artes. No obstante, el arte siempre ha sido un reflejo de la sociedad de su tiempo.
Gracias al descubrimiento de Pompeya y Herculano y a la difusión, a través de grabados, de los numerosos objetos de época romana, además a las bellísimas esculturas, se volverá al mirada hacia el pasado grecorromano, visto como el máximo exponente de la moralidad y un ejemplo a seguir para alejarse de las épocas anteriores, de la monarquía absolutista que sentía gusto por el Rococó y de una Iglesia omnipresente con el Barroco como adalid. Frente a la frivolidad Rococó y la agitación barroca, el Neoclasicismo llegó para poner razón y mesura.

Todo esto está influido por la Ilustración, que lleva por bandera la razón por encima de todo. Así, la Grecia clásica y la Roma republicana se convirtieron en los mejores ejemplos para reflejar ese nuevo contexto de la sociedad que se estaba gestando.
Por todo ello, el Neoclasicismo se caracteriza por el orden y la claridad en todas sus manifestaciones. Ya en pintura, esto se une al predominio de la línea sobre el color y a mostrar pocas figuras bien ordenadas en grandes lienzos, siempre con un trasfondo moralizante que exaltaba los valores supremos de la mesura y el deber por encima de todas las cosas.
Dentro del movimiento Neoclásico, Jacques-Louis David será su máximo exponente, creando obras que son auténticos manuales de pintura neoclásica, como su famosa El juramento de los Horacios, donde nos muestra como el deber está por encima, incluso, de la familia.

Precisamente será con David con quien se forme Ingres y asuma esas características pictóricas neoclásicas, eso sí, usándolas en otros temas más alejados de los supremos valores que tanto defendió su maestro.
Jean-Auguste-Dominique Ingres (1780-1867)
A pesar de desarrollar su actividad pictórica en la primera mitad del siglo XIX, momento dominado por el Romanticismo, Ingres siempre se ha encuadrado en el movimiento neoclásico no tanto por sus temas sino por su técnica, aprendida junto a Jacques-Louis David, considerado el padre del Neoclasicismo.

Basándose en los perfiles y volúmenes clásicos, Ingres opta, además de por hacer retratos de las clases altas (cosas que no le gustaba mucho), por pintar a mujeres desnudas bañadas en el exotismo de oriente.
Ese amor lo oriental venía ya de lejos, pues en el Rococó se empezó a reflejar algún que otro objeto procedente de China o de la zona de Turquía adornando a los protagonistas de las pinturas, pero de una forma muy anecdótica. Será la campaña de Napoleón en Egipto la que avive ese amor por todo el mundo árabe y en ese contexto es en el que se se formó y creció Ingres.

Por ello, Ingres se considera una especie de nexo de unión entre ambos movimientos: es neoclásico por la forma de trabajar la pintura, dando importancia al dibujo sobre el color y buscando la belleza sin más; pero romántico por los temas a tratar, con ese sueve erotismod e tientes eoxitocs que baña toda su producción pero sin ese trasfondo político propio de los románticos.
ANÁLISIS FORMAL E ICONOGRÁFICO
Ingres estaba especialmente orgulloso de esta obra, realizada hacia el final de su vida. De hecho, el propio Ingres anota en ella con cierto orgullo “AETATIS LXXXII” es decir “a la edad de ochenta y dos años”.
A pesar de estar firmada en 1832, parece ser que el artista la estuvo retocando un año más.

La fecha de inicio no está tan clara, pues parece que era una idea que venía rondando por su cabeza desde hacía bastantes años. Todo apunta a que, casi medio siglo antes, ya tenía esbozados los personajes, el ambiente e incluso como lo iba a decorar.
En su viaje a Italia a principios de 1800, en uno de los cuadros que se llevó se podía leer, escrito de su puño y letra “se llegaba a una habitación rodeada de sofás (…) A través de canales entraba el vapor que propagaba por la estancia un dulce calor y un agradable aroma (…) aquí esperaban varias mujeres a la sultana después del baño para secar su hermoso cuerpo y frotarlo con las más deliciosas esencias (…) acto seguido, disfrutaba aquí de un voluptuoso descanso”. Este texto, que lleva por título Los baños del serrallo de Mahoma, lo extrajo de una obra que aún hoy no se ha podido identificar, tampoco a su autor.
Lo que sí parece cierto es que se inspiró en las cartas escritas por lady Mary Montagu, esposa de un diplomático que acompañó a su esposo a uno de sus viajes al Imperio Otomano y donde ella misma accedió a uno de esos famosos y exóticos baños turcos.
Según la propia lady Montagu, allí reinaba un ambiente completamente desinhibido “bellas mujeres desnudas en poses diversas (…) unas conversando, otras dedicadas a su trabajo, otras bebiendo un café o tomando un sorbete y muchas tumbadas indolentemente, mientras sus esclavas se ocupaban de trenzar sus cabellos con fantasía”.

Uniendo el anterior texto con este de lady Montagu nos da como resultado esta maravillosa obra de vejez de Ingres, en la que sintetiza toda su carrera.
Más de veinte bellas jóvenes desnudas ocupan una estancia interior. Se trata de un baño. Pero no de un baño cualquiera, sino de un sensual y exótico baño turco, donde las mujeres se bañaban juntas, desnudas, además de dedicar tiempo de relax en el lugar.
A pesar de la multitud de cuerpos, no se aprecia para nada desorden alguno debido a que Ingres toma como su máxima las normas de la Antigüedad clásica y lo aprendido en el taller de su maestro Jacques-Lois David.
La escena se sitúa en torno a una piscina, donde las jóvenes se disponen en diversas posturas y actitudes. Unas se bañan, otras se secan, danzan, charlan o simplemente se estiran en divanes y mullidos cojines de exóticas telas y colores.
Para representar a las mujeres no usó ningún modo del natural, sino que se basó en los ciento de dibujos femeninos que inundaban su taller y toda su producción. Para Ingres, el cuerpo femenino desnudo recostado era lo más bello y sensual del mundo, y lo sintetiza en esta obra a la perfección.
Si nos fijamos bien, en esta amalgama de cuerpos se esconden dos de sus obras más conocidas: La bañista de Valpinçon y La gran odalisca.
La primera es fácilmente reconocible en la mujer del primer plano de espaldas que toca un laúd. Es prácticamente un calco de la bañista colocada en este lugar.

La segunda es algo más difícil de encontrar.
Si miramos al fondo, donde una de las jóvenes baila en el borde de la piscina, la mujer que está detrás, tumbada en un diván, tiene una pose que recuerda a la famosa odalisca de Ingres.

«Una de las cosas que distingue a monsieur Ingres es su amor por la mujer. Las mujeres hermosas, esos seres voluptuosos radiantes de salud y de naturaleza sosegada (…) eran su alegría».
Charles Boudelaire
Volvamos ahora al primer plano. Al lado de la mujer del laúd, otra bañista levanta los brazos, casi en gesto de pereza, mientras está recostada en un bellísimo cojín azul. A su lado, la joven que lleva un sombrero enjoyado toca el pecho de otra, mostrando así el ambiente de libertad que habría en estos años según los textos que Ingres consultó.

Hay una teoría de un médico acerca de la joven que se recuesta en el cojín azul. Comenta que, las mujeres preferidas por Ingres, es decir, sus modelos, padecen todas de una enfermedad: tenían deficiencia de tiroides. Según él, muestran todos los síntomas, y donde mejor se ven, es en esta bañista “cuello muy robusto, tiroides con dos labios salientes e hipertrofiados. Dulzura pasiva del rostro con carrillos plenos, labios abultados (…) grandes ojos aterciopelados sin brillo (…) brazos muy redondeados y gruesos, hombros muy carnosos”.
Por cierto, esta bañista que teóricamente padece tiroides, está basada en un retrato de la esposa del propio Ingres, Madeleine, realizó que hizo en 1818.
Sea cierto o no, lo que sí podemos saber es que los cánones de belleza van cambiando con las épocas, y en el momento que vivió Ingres este sería el ideal de belleza. Aunque hay que apuntar que el artista crea su propio ideal de belleza, alargado las formas en unas zonas y redondeándolas en otras a su gusto, la mayoría de las veces no coincidiendo con la imagen real de una mujer.
La escena rezuma exotismo, a pesar de no estar presente de una forma clara. Algunos de los tocados de las bañistas, las alfombras, los cojines o las joyas contribuyen a ello, además del bodegón que podemos ver en primer plano, con jarra, taza, collares e incluso esencias, todo muy del gusto oriental.

Hay que señalar que la obra, originalmente, era rectangular pero que después se transformó en un tondo, por eso nos resultan un poco chocantes algunas perspectivas de las mujeres, que aparecen cortadas.
Como buen alumno de David, la línea y el dibujo predomina sobre todo, dejando al color en un segundo plano, con tonos cálidos que acentúan no sólo la sensualidad de la escena, sino también nos ayudan a trasladarnos al ambiente de la habitación.
CURIOSIDADES
La historia de esta pintura es muy interesante. Parece ser que ya en la época resultó ser bastante escandalosa por la cantidad de cuerpos desnudos dispuestos en sensuales poses.
El primer comprador fue un familiar de Napoleón III quien, a los pocos días de comprarlo, tuvo que devolverlo debido a que a su esposa le parecía poco oportuno tener una obra así en el salón.
El segundo comprador fue Khalil Bey, un antiguo embajador turco que lo incluyó en su colección privada de obras provocadoras a las que solo tenían acceso algunos privilegiados escogidos por él. El baño turco estaría junto al controvertido El origen del mundo de Gustave Courbet, pues Khalil también lo adquirió para su colección.

Y así,una y otra vez, la obra fue siendo rechazada, pasando de mano en mano pero sin quedarse en ningún sitio. Incluso el Museo del Louvre que, cuando se la ofrecieron, la rechazó hasta en dos ocasiones. No sería hasta 1911 cuando Múnich mostró interés en adquirirla cuando el museo parisino accedió a quedarse con ella.
BIBLIOGRAFÍA Y WEBGRAFÍA
- AZNAR ALMAZÁN, Sagrario; CÁMARA MUÑOZ, Alicia; Historia del Arte UNED. 2010.
- DE LA PEÑA GÓMEZ, María Pilar; Manual Básico de Historia del Arte. Colección Manuales UEX. Cáceres. 2008.
- HAGEN, Rose-Marie y Rainier; Los secretos de las obras de arte. 100 obras maestras al detalle. TASCHEN.
- VV.AA. Enciclopedia Arte al Detalle. Siglos XVII-XVIII volumen 2. Rococó, Neoclasicismo, China: dinastía Quing, arte japonés, arte hindú. Círculo de Lectores. DK Ediciones. 2012.
- MUSEO DEL LOUVRE https://www.louvre.fr
