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Pintura

La pensierosa

COMENTARIO HISTÓRICO-ARTÍSTICO LA PENSIEROSA

ANÁLISIS FORMAL E ICONOGRÁFICO

“Hay que sentir el pensamiento y pensar el sentimiento”

Miguel de Unamuno

Nos hallamos ante uno de los cuadros más afamados del célebre pintor John William Godward (Wilton Grove, Wimbeldon, Londres, 9/8/1861-Fulham Road, Londres, 13/12/1922).

Se trata de una obra ejecutada en formato vertical en la que se desarrolla una escena de exterior, concretamente, en un espacio ajardinado; y dividida en tres planos compositivos, apenas diferenciados.

En el primero, observamos un espléndido pavimento marmóreo que se alza, conformando un pequeño escalón. Entre las juntas de las placas, vemos como crecen una serie de hierbajos. Sobre dicho suelo, se yergue la figura de una hermosa mujer en actitud reflexiva, ensalzada dicha actitud por la pose: de pie, en posición de contrapposto, con la pierna izquierda doblada, al tiempo que la derecha permanece estirada; con el brazo izquierdo, con cuya mano sostiene su cabeza, apoyado sobre un monumento, compuesto por una base cuadrada; fuste cuadrangular, que deja ver el labrado de una escena ecuestre; y un capitel, decorado con motivos de corte vegetal; mientras que el derecho, permanece estirado y agarrando con la mano un soberbio abanico de plumas de pavo real.

En lo relativo al vestuario, la doncella porta una estola o túnica de seda; de manga corta fruncida, adornada con cuentas redondas; y escote cerrado que realza su cuello. Completan el atuendo una cinta doble lisa que entalla la estola en los hombros y su cintura; un mantón o palla liso que cubre sus caderas; las sandalias de cuero que calza; y el peinado, un moño bajo con raya al medio y ondulado en los laterales, ornamentado con una cinta doble lisa a modo de diadema.

Creando el perfecto photocall en el que se enmarca la figura femenina, tenemos el segundo plano, compuesto por la hiedra que crece por un muro marmóreo, que ejerce de separación con el frondoso jardín, conformado por cipreses, que se atisba en el tercer plano.

Es un cuadro muy luminoso, ya que la escena plasmada es diurna y esto influirá en la paleta cromática utilizada, al escoger el artista una gama de tonos que combina la suavidad e intensidad de azules; grises; blancos; rosáceos; verdes; amarillos dorados; rojos; marrones; púrpuras y negros.

Visión general del cuadro

Temáticamente, representa, haciendo honor al título evocador de la obra y bajo el prisma de la cotidianeidad de un tiempo lejano, un momento de reflexión. Un concepto que plasmó hasta la saciedad el pintor John William Godward.

Probable autorretrato de John William Godward en la obra Waiting for an Answer, 1889

Perteneciente a una clase adinerada, empezó su formación artística bastante tarde, ya que su familia no apoyó su carrera como pintor y le hicieron trabajar en la aseguradora familiar. Tuvo la ocasión de mostrar sus aptitudes artísticas cuando comenzó sus estudios de arquitectura con William Hoff Wonter, y entabló amistad con William Clarke Wonter, hijo del anterior, quien le adentró en el mundo artístico.

Hacia 1880 recibió clases en las escuelas de arte St John´s Wood y la Clapham. Gracias al apoyo del marchante de arte Thomas Mclean, que lo encumbró como artista, obtuvo grandes éxitos en sus exposiciones en la Royal Academy de Londres o el Salón de París y consiguió grandes ganancias con la venta de sus obras. Su decadencia como artista vino cuando las Vanguardias hicieron su irrupción, perdiéndose el interés por sus visiones grecorromanas. De hecho, dejó constancia de ello en su propia nota de suicidio: “El mundo no es bastante grande para mí y un Picasso”.

En lo relativo a su producción artística, apreciamos multitud de corrientes estilísticas que casaban con el gusto de la época como el Arte Victoriano; el Neoclasicismo; el Prerrafaelismo o el Realismo, quedando patente en: 

-El arte victoriano que se atisba en la temática. Este tipo de escenas casaron muy bien con el concepto del Arte por el arte y causaron furor entre el público victoriano, ya que se empezaron a realizar multitud de reproducciones de sus obras que fueron adquiridas por la clase media.

-Del Prerrafaelismo toma prestado el uso de tonos de gran fuerza expresiva; y el empleo de un arquetipo de mujer: una belleza de cabello oscuro y de piel nacarada denominada como la rosa inglesa, una mujer pintada con una estudiada y cuidadísima pose a la que viste y peina al modo clásico.

-Del Realismo vislumbramos el detallismo minucioso y la riqueza con la que recrea las texturas y el drapeado de las telas; el labrado de la escena ecuestre; el veteado del mármol del monumento; el desgaste del mármol del muro y el suelo, visto en las juntas de las placas y provocado por el óxido; la suciedad y los hierbajos crecidos; las plumas de pavo real del abanico o la morbidez del cuerpo femenino.

-Y del Neoclasicismo la ambientación grecorromana, apreciándose la influencia de autores como Frederic Leighton o sir Lawrence Alma-Tadema, abanderado del movimiento Neo-pompeian. Bajo este prisma, realizó un estudio profundo sobre arqueología, puesto que interpretó con gran exactitud los interiores romanos; los atuendos o peinados. Aquí, lo vemos exaltado en la tipología de indumentaria que porta la fémina o el paisaje, que recuerda a los paisajes de la campiña italiana, pues esta pieza ya pertenece a la producción de obras hechas en su segundo viaje a Italia en 1911, donde encontrará inspiración tanto paisajística como de estatuaria en la zona de Villa Borghese en Roma.

A modo de conclusión, debemos comentar que el cuadro lleva la fecha de ejecución y la firma del autor en la esquina inferior izquierda.

BIBLIOGRAFÍA Y WEBGRAFÍA

-FOGG, Marnie, Moda, toda la historia, Barcelona, 2019.

-ART RENEWAL CENTER, LA PENSIEROSA, JOHN WILLIAM GODWARD: https://www.artrenewal.org/artworks/john-william-godward/la-pensierosa/11589 (Consulta: 18/7/2025).

-ARTCHIVE, LA PENSIEROSA, JOHN WILLIAM GODWARD: https://www.artchive.com/artwork/the-thoughtful-one-john-william-godward-1913/ (Consulta: 18/7/2025).

-ARTNET, JOHN WILLIAM GODWARD: http://www.artnet.com/artists/john-william-godward/biography (Consulta: 13/07/2021).

-ARTS DOT, LA PENSIEROSA, JOHN WILLIAM GODWARD: https://es.artsdot.com/@@/8BWTDS-R.B.A-John-William-Godward-La-Pensierosa (Consulta: 18/7/2025).

-BARTON GALLERIES, LA PENSIEROSA, JOHN WILLIAM GODWARD: https://www.bartongalleries.com/library/painting/4927/La-Pensierosa/ (Consulta: 18/7/2025).

-BLOG TRIANARTS, JOHN WILLIAM GODWARD: https://trianarts.com/john-william-godward-neoclasico-y-victoriano/#sthash.FcqnVhe3.dpbs (Consulta: 12/07/2021).

-CHRISTIE´S, JOHN WILLIAM GODWARD: https://www.christies.com/lot/lot-6329048 (Consulta: 13/07/2021).

-GALLERIX.RU, LA PENSIEROSA, JOHN WILLIAM GODWARD: https://gallerix.ru/storeroom/1339335200/N/1042911239/ (Consulta: 18/7/2025).

-GET ARCHIVE COLLECTION, LA PENSIEROSA, JOHN WILLIAM GODWARD: https://picryl.com/media/godward-la-pensierosa-1913-a13aed (Consulta: 18/7/2025).

-GOOGLE ARTS AND CULTURE, JOHN WILLIAM GODWARD: https://artsandculture.google.com/entity/john-william-godward/m063pnz?categoryid=artist (Consulta: 12/07/2021).

-GOOGLE ARTS AND CULTURE, LA PENSIEROSA, JOHN WILLIAM GODWARD: https://artsandculture.google.com/entity/john-william-godward/m063pnz?categoryid=artist (Consulta: 18/7/2025).

-MUSEO PAUL GETTY, LOS ÁNGELES, JOHN WILLIAM GODWARD: https://www.getty.edu/art/collection/artists/608/john-william-godward-british-1861-1922/ (Consulta: 12/07/2021).

-SOTHEBY´S, JOHN WILLIAM GODWARD: https://www.sothebys.com/en/artists/john-william-godward (Consulta: 13/07/2021).

-TATE MODERN, LONDRES, JOHN WILLIAM GODWARD: https://www.tate.org.uk/art/artists/john-william-godward-3393 (Consulta: 12/07/2021).

-WIKIART, LA PENSIEROSA, JOHN WILLIAM GODWARD: https://www.wikiart.org/en/john-william-godward/the-thoughtful-one-1913 (Consulta: 18/7/2025).

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Escultura

Las princesas Luisa y Federica de Prusia

COMENTARIO HISTÓRICO ARTÍSTICO DE LAS PRINCESAS LUISA Y FEDERICA DE PRUSIA

Introducción

La escultura Las princesas Luisa y Federica de Prusia, realizada entre 1795 y 1797 por Johann Gottfried Schadow, constituye una de las piezas más emblemáticas del neoclasicismo europeo. En ella, el artista representa a dos figuras de la realeza prusiana —Luisa y Federica— con una sensibilidad sorprendentemente moderna, alejándose de los rígidos códigos de representación aristocrática del siglo XVIII.

La obra no solo destaca por su perfección técnica, sino también por su capacidad de transmitir cercanía, afecto y humanidad, rasgos poco habituales en la escultura oficial de su tiempo. Se trata, por tanto, de una pieza clave para comprender la transición entre el arte cortesano y una concepción más naturalista y emocional del retrato.

Contexto histórico-artístico

A finales del siglo XVIII, Europa vivía un periodo de profundas transformaciones políticas, sociales y culturales. En este contexto surge el Neoclasicismo, una corriente que buscaba recuperar los ideales estéticos y morales de la antigüedad clásica grecorromana. Este movimiento se desarrolló como reacción frente al exceso decorativo del rococó y promovía valores como la claridad, la simplicidad, la armonía y la racionalidad.

En la Prusia, el neoclasicismo adquirió un carácter particular, vinculado al fortalecimiento del Estado y a la representación de los ideales ilustrados. La monarquía utilizaba el arte como herramienta de legitimación política, pero también como medio para proyectar una imagen de virtud, orden y modernidad.

Sin embargo, la obra de Schadow introduce una sutil ruptura dentro de este contexto. Aunque formalmente responde a los cánones neoclásicos, su tratamiento de las figuras —más natural, íntimo y humano— anticipa sensibilidades que se desarrollarán plenamente en el Romanticismo.

Biografía del artista

Johann Gottfried Schadow (1764–1850) fue uno de los escultores más influyentes de su tiempo y una figura central del arte alemán. Nacido en Berlín, se formó inicialmente en el taller de su padre y más tarde completó su educación en Roma, donde entró en contacto directo con el arte clásico y las teorías neoclásicas.

A su regreso a Berlín, Schadow desarrolló una carrera brillante que lo llevó a ocupar cargos institucionales de gran relevancia, como la dirección de la Academia de las Artes. Su obra se caracteriza por una combinación singular de idealización clásica y observación naturalista, lo que le permitió dotar a sus esculturas de una notable vitalidad.

Entre sus creaciones más conocidas se encuentra la Cuadriga que corona la Puerta de Brandeburgo, símbolo de Berlín. Sin embargo, su grupo escultórico de las princesas es considerado por muchos historiadores del arte como su obra más innovadora y personal.

Análisis formal

Las princesas Luisa y Federica de Prusia

Desde el punto de vista formal, la escultura presenta una composición cuidadosamente equilibrada, aunque deliberadamente alejada de la simetría rígida. Las dos figuras aparecen de pie, ligeramente giradas, creando una sensación de movimiento contenido.

Uno de los aspectos más destacados es la interacción entre ambas: una de las princesas apoya su brazo sobre el hombro de la otra, generando una relación espacial y emocional que aporta dinamismo a la composición. Este gesto rompe con la frontalidad tradicional y sugiere complicidad y cercanía.

El tratamiento del drapeado es especialmente notable. Las vestiduras, inspiradas en túnicas clásicas, caen con naturalidad sobre los cuerpos, revelando sutilmente la anatomía sin perder la elegancia idealizada. Schadow demuestra aquí un dominio técnico excepcional, capaz de transformar el mármol en superficies suaves y fluidas.

Las expresiones faciales, aunque serenas, no son impersonales. Cada figura posee rasgos diferenciados, lo que refuerza la individualidad de las retratadas. La obra logra así un delicado equilibrio entre idealización y realismo.

Análisis iconográfico

Las princesas Luisa y Federica de Prusia

La escultura representa a:

Ambas aparecen vestidas con indumentaria de inspiración clásica, lo que las sitúa en un plano simbólico que trasciende su contexto histórico inmediato. Este recurso era habitual en el neoclasicismo, ya que permitía asociar a los retratados con los valores de la antigüedad: virtud, nobleza, equilibrio y belleza.

El gesto de cercanía entre las dos figuras adquiere un significado especial. No se trata solo de una representación de rango social, sino de un retrato de la relación afectiva entre hermanas. Esta dimensión emocional aporta a la obra una profundidad poco común en el retrato oficial.

Asimismo, la ausencia de atributos de poder —coronas, cetros, tronos— refuerza la idea de naturalidad y humanización de la figura aristocrática.

Curiosidades

Uno de los aspectos más interesantes de esta obra es que, en su momento, no fue plenamente aceptada por la corte prusiana. La representación resultaba demasiado natural y poco acorde con la imagen idealizada y distante que se esperaba de la realeza.

Además, se considera que Schadow trabajó a partir de sesiones directas con las princesas, lo que le permitió captar rasgos de su personalidad real. Este enfoque casi “psicológico” era inusual en la escultura de la época.

Actualmente, la obra se conserva en la Alte Nationalgalerie, donde es una de las piezas más admiradas por su modernidad y delicadeza.

Conclusión

La escultura de las princesas Luisa y Federica representa mucho más que un retrato aristocrático. Es una obra que sintetiza los ideales del neoclasicismo, pero que al mismo tiempo los trasciende al incorporar una dimensión humana y emocional innovadora.

Schadow logra crear una imagen que combina elegancia, naturalidad y profundidad psicológica, anticipando cambios importantes en la historia del arte. Por ello, esta obra no solo es fundamental para entender el arte prusiano, sino también la evolución de la escultura europea hacia formas más expresivas y cercanas.

Bibliografía

  • Honour, Hugh. El Neoclasicismo.
  • Rosenblum, Robert. Transformaciones en el arte de finales del siglo XVIII.
  • Catálogos y publicaciones de la Alte Nationalgalerie.
  • Estudios monográficos sobre Johann Gottfried Schadow.

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Escultura

Los primeros fríos

COMENTARIO HISTÓRICO ARTÍSTICO DE LOS PRIMEROS FRÍOS

ANÁLISIS FORMAL

Miquel Blay realiza un conjunto constituido por la figura principal de un anciano con barba, acompañado de una niña, los dos se encuentran totalmente desnudos y sentados en un banco en la versión definitiva, pero hay que mencionar que en la versión inicial iban vestidos.

El anciano muestra una composición casi simétrica con una ligera inclinación de la cabeza, acentuado por líneas rectas y ángulos. La niña sin embargo muestra una disposición destacada por la línea curva, la cual permite representar la conducta de movimiento hacia el personaje central, que se mantiene fijo con los dos pies en el suelo.

En el procedimiento, emplea un grado alto de realismo acompañado de una minuciosidad extrema. Eso se aprecia en la anatomía del anciano, sobretodo en la textura de la piel y la delicadeza y los pliegues de la carne.

También hace falta recalcar el naturalismo excepcional con que el artista consigue reproducir la sensación de frío en las facciones del rostro del anciano, cincelando con todo detalle la contracción muscular en el ademán facial y también en el cuello, en el intento de sobreponerse de la desventura.

Asimismo son muy expresivas las manos, entrecruzadas, como si quisiera insinuar que no hay otra esperanza.

Todo ese esfuerzo, sin embargo, se contrapone con la ternura en el caso de la niña, la cual contiene un rostro proyectado por el artista a partir del sfumatto o non finito, esta es la técnica con la que se logra destacar las formas sedosas de su anatomía.

ANÁLISIS ICONOGRÁFICO

Los primeros fríos
Los primeros fríos

En estas figuras se disipa la consideración de escultura anecdótica por revelar una metáfora de la debilidad del ser humano en estas dos etapas decisivas de su existencia como son la niñez y la ancianidad. El artista catalán buscaba el objetivo de incitar al público a meditar sobre los obstáculos y la dureza de la vida, y por eso se vale de la magnífica expresividad de los personajes.

El anciano muestra una musculatura fuerte, esto indica la energía y el trabajo de los años de juventud; aunque la mirada triste y sumisa que posee, la cual parece que haya aceptado la vulnerabilidad de la vejez. La niña, sin embargo, frágil y cariñosa, presenta una conducta de desamparo y miedo, por eso echa la cabeza hacia el hombro del anciano.

La desnudez de las dos representaciones coopera a dar una importante fiabilidad a este mensaje lleno de simbolismo, a la vez que este aspecto hace que el artista pueda destacar la actitud de desvalimiento.

Miquel Blay con todos estos componentes alcanza a cambiar una escena de afecto y cariño emotiva en una representación embellecida del padecimiento humano.

CURIOSIDADES

Fue premiada con la Primera Medalla en la exposición Nacional de Madrid, esta representación realiza el contraste entre el realismo, el simbolismo y el idealismo que significa la transición del academicismo hacia una modernidad escultórica que se encuentra totalmente formada en la obra de José Llimona y Enrique Clarasó.

También hay que decir que se ve una clara influencia de Rodin en esta obra por el tratamiento del mármol, sobre todo por resaltar la musculatura y usar la técnica del non finito en los dos personajes.

BIBLIOGRAFÍA Y WEBGRAFÍA

-TRIADÓ TUR, J.R; PENDÁS GARCÍA, M.; TRIADÓ SUBIRANA, X.: Història de l’art. Barcelona, 2011.

-MUSEO NACIONAL DE ARTE DE CATALUÑA:

https://www.museunacional.cat/ca/search/content/els%20primers%20freds

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Pintura

The favourite

COMENTARIO HISTÓRICO-ARTÍSTICO THE FAVOURITE

ANÁLISIS FORMAL E ICONOGRÁFICO

 “¡El ocio! He ahí la más grande y bella conquista del hombre”

Remy de Gourmont

Nos hallamos ante uno de los cuadros más afamados del célebre pintor John William Godward (Wilton Grove, Wimbeldon, Londres, 9/8/1861-Fulham Road, Londres, 13/12/1922).

Se trata de una pobra ejecutada en formato horizontal en la que se desarrolla una escena de exterior, concretamente, en un espacio ajardinado con paisaje al fondo; y dividido en dos planos compositivos apenas diferenciados.

En el primero, observamos un espléndido un banco en exedra de mármol veteado, rematado con un busto masculino, y una barandilla que inicia la estructura de una escalera, de la que intuimos un peldaño. En dicho banco, contemplamos sentada, en un estado de placidez absoluto, debido a la languidez de la postura con el cuerpo recostado en el asiento y la expresión de sosiego de su rostro, a una hermosa mujer jugando con pequeño y curioso gato atigrado, al cual vemos persiguiendo una pluma de pavo real que sostiene la joven con su mano izquierda.

En lo relativo al vestuario, la doncella porta una estola o túnica de seda; de manga corta fruncida, adornada con cuentas redondas; y escote cerrado que realza su cuello. Completan el atuendo una cinta doble lisa que entalla la túnica en los hombros y su cintura; cubriendo sus caderas una palla o mantón, ornamentado en el borde con motivos vegetales al estilo griego; y el peinado, un moño bajo con raya al medio y ondulado en los laterales.

El segundo plano lo compone, creando el perfecto photocall en el que se enmarca la figura, el espacio ajardinado, conformado por floridas adelfas y cipreses, y el paisaje marítimo que se advierte tras el banco.

Es un cuadro muy luminoso, ya que la escena plasmada es diurna y esto influirá en la gama cromática utilizada, al elegir el artista una paleta de tonos muy suaves, donde armonizan la palidez de los azules; grises; blancos; rosáceos; y verdes; con la fuerza expresiva de los amarillos dorados; rojos; naranjas; marrones y negros

Visión general de la obra

Temáticamente, representa, a tenor del título evocador y bajo el prisma de la cotidianeidad de un tiempo lejano, un momento de placidez y juegos con el minino. Un concepto que plasmó hasta la saciedad el pintor John William Godward.

Probable autorretrato de John William Godward en la obra Waiting for an Answer, 1889

Perteneciente a una clase adinerada, empezó su formación artística bastante tarde, ya que su familia no apoyó su carrera como pintor y le hicieron trabajar en la aseguradora familiar. Tuvo la ocasión de mostrar sus aptitudes artísticas cuando comenzó sus estudios de arquitectura con William Hoff Wonter, y entabló amistad con William Clarke Wonter, hijo del anterior, quien le adentró en el mundo artístico.

Hacia 1880 recibió clases en las escuelas de arte St John´s Wood y la Clapham. Gracias al apoyo del marchante de arte Thomas Mclean, que lo encumbró como artista, obtuvo grandes éxitos en sus exposiciones en la Royal Academy de Londres o el Salón de París y consiguió grandes ganancias con la venta de sus obras. Su decadencia como artista vino cuando las Vanguardias hicieron su irrupción, perdiéndose el interés por sus visiones grecorromanas. De hecho, dejó constancia de ello en su propia nota de suicidio: “El mundo no es bastante grande para mí y un Picasso”.

En lo relativo a su producción artística, apreciamos multitud de corrientes estilísticas que casaban con el gusto de la época como el Arte Victoriano; el Neoclasicismo; el Prerrafaelismo o el Realismo, quedando patente en: 

  • El arte victoriano que se atisba en la temática. Este tipo de escenas casaron muy bien con el concepto del Arte por el arte y causaron furor entre el público victoriano, ya que se empezaron a realizar multitud de reproducciones de sus obras que fueron adquiridas por la clase media.  
  • Del Prerrafaelismo toma prestado el uso de tonos de gran fuerza expresiva; y el empleo de un arquetipo de mujer: una belleza de cabello oscuro y de piel nacarada denominada la rosa inglesa, una mujer pintada con una estudiada y cuidadísima pose a la que viste y peina al modo clásico.
  • Del Realismo vislumbramos el detallismo minucioso y la riqueza con la que recrea las texturas y el drapeado de las telas; el veteado del mármol del banco y la barandilla y el óxido en las juntas; el pelaje del gato; la pluma de pavo real; o la morbidez del cuerpo femenino.
  • Y del Neoclasicismo la ambientación grecorromana, apreciándose la influencia de autores como Frederic Leighton o sir Lawrence Alma-Tadema, abanderado del movimiento Neo-pompeian. Bajo este prisma, realizó un estudio profundo sobre arqueología, puesto que interpretó con gran exactitud los interiores romanos; los atuendos o peinados. Aquí, lo vemos tímidamente esbozado en la tipología de indumentaria que porta la fémina o en el busto que remata el final del banco; pero lo elevará a la enésima potencia en la producción de obras hechas en su segundo viaje a Italia en 1911, donde encontrará inspiración tanto paisajística como de estatuaria en la zona de Villa Borghese en Roma.

A modo de conclusión, debemos decir que esta obra lleva la firma del pintor y la fecha de realización en la esquina inferior derecha.

BIBLIOGRAFÍA Y WEBGRAFÍA

-FOGG, Marnie, Moda, toda la historia, Barcelona, 2019.

-ARTCHIVE, THE FAVOURITE, JOHN WILLIAM GODWARD: https://www.artchive.com/artwork/the-favourite-john-william-godward-1901/ (Consulta: 9/7/2025).

-ARTHIVE, THE FAVOURITE, JOHN WILLIAM GODWARD: https://arthive.com/es/artists/5816~John_William_Godward/works/225760~The_plot_11 (Consulta: 9/7/2025).

-ARTNET, JOHN WILLIAM GODWARD: http://www.artnet.com/artists/john-william-godward/biography (Consulta: 13/07/2021).

-ARTNET, THE FAVOURITE, JOHN WILLIAM GODWARD: https://www.artnet.com/artists/john-william-godward/the-favourite-BOKQU_gmEwKUc47UsbJ3yg2 (Consulta: 9/7/2025).

-ARTORY, THE FAVOURITE, JOHN WILLIAM GODWARD: https://www.artory.com/artists/john-william-godward-1861/the-favourite-NTHBGDJP/ (Consulta: 9/7/2025).

-ARTS DOT, THE FAVOURITE, JOHN WILLIAM GODWARD: https://es.artsdot.com/@@/97FH2H-R.B.A-John-William-Godward-El-Favorito (Consulta: 9/7/2025).

-BLOG TRIANARTS, JOHN WILLIAM GODWARD: https://trianarts.com/john-william-godward-neoclasico-y-victoriano/#sthash.FcqnVhe3.dpbs (Consulta: 12/07/2021).

-CHRISTIE´S, JOHN WILLIAM GODWARD: https://www.christies.com/lot/lot-6329048 (Consulta: 13/07/2021).

-GALLERIX.RU, THE FAVOURITE, JOHN WILLIAM GODWARD: https://gallerix.ru/storeroom/1339335200/N/1631209067/ (Consulta: 9/7/2025).

-GOOGLE ARTS AND CULTURE, JOHN WILLIAM GODWARD: https://artsandculture.google.com/entity/john-william-godward/m063pnz?categoryid=artist (Consulta: 12/07/2021).

-GOOGLE ARTS AND CULTURE, THE FAVOURITE, JOHN WILLIAM GODWARD: https://artsandculture.google.com/entity/john-william-godward/m063pnz?categoryid=artist (Consulta: 9/7/2025).

-MUSEO PAUL GETTY, LOS ÁNGELES, JOHN WILLIAM GODWARD: https://www.getty.edu/art/collection/artists/608/john-william-godward-british-1861-1922/ (Consulta: 12/07/2021).

-MUTUAL ART, THE FAVOURITE, JOHN WILLIAM GODWARD: https://www.mutualart.com/Artwork/the-favourite/6520C79D3F1DC3DC (Consulta: 9/7/2025).

-SOTHEBY´S, JOHN WILLIAM GODWARD: https://www.sothebys.com/en/artists/john-william-godward (Consulta: 13/07/2021).

-TATE MODERN, LONDRES, JOHN WILLIAM GODWARD: https://www.tate.org.uk/art/artists/john-william-godward-3393 (Consulta: 12/07/2021).

-USEUM, THE FAVOURITE, JOHN WILLIAM GODWARD: https://www.useum.org/artwork/The-Tease-John-William-Godward-1901 (Consulta: 9/7/2025).

-WIKIART, THE FAVOURITE, JOHN WILLIAM GODWARD: https://www.wikiart.org/en/john-william-godward/the-favourite-1901 (Consulta: 9/7/2025).

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Pintura

Big Mr. and Mrs. Warmth

COMENTARIO HISTÓRICO ARTÍSTICO DE ‘BIG MR. AND MRS. WARMTH’

CONTEXTO HISTÓRICO

Las musas de Lisa Yuskavage son, en su mayoría, mujeres. Mujeres con apariencia de muñeca inmersas en el humo coloreado del burdel. Incómodo y desagradable para el padre de familia burguesa que borra con insistencia y asiduidad su historial de búsqueda en Internet. Obsceno. Inquietante y, obviamente, provocador. El tiempo y la fama más que suavizar su vulgaridad, la ha armonizado.

Y, ¿cuánto hemos cambiado? Los que criticaban una inspiración que, según ellos, bebía de revistas “guarras”, serán los mismos que ni saben ni se interesan por los archivos de Epstein.

Lisa Yuskavage alcanzó su punto álgido a finales de los 90 y principios de los 2000. En otra generación, en ese punto en el que la sociedad se dividía entre el fin del mundo o una modernidad muy tocha sin vuelta atrás. La pintora (junto a John Currin) encabezó un movimiento basado en la figuración sexualizada a partir del uso del doble sentido. En el centro de la escena, mujeres de grandes pechos y presencia autosuficiente dentro de ambientes soñados pero tangibles.

‘Golden studio’ (2023)

Y, a pesar de todo esfuerzo, me gustaría que reflexionaras sobre qué es lo que termina pasando. Te ayudo un poco: básicamente, lo que ocurre siempre. Que el pensamiento misógino y el auge de la política machista transformaron la crítica contracultural en unas cuantas tetas a modo de simple marca de agua. A pesar de su precisa técnica. Sin tener en cuenta su excelsa su formación ni el nivel de control de pincel y espacio compositivo. En su arte, hay mucho del manual clásico “The Art of Watercolour”, de la teoría del color del Renacimiento, de la suavidad de los tonos empleados en el Rococó y de la corriente surrealista sexualmente erotizada y onírica.

Lisa Yuskavage transmite la contemporaneidad utilizando la técnica y géneros tradicionales. Hace la guerra desde dentro, desde la propia tradición pictórica y sus formas de expresión. Eleva la canónica historia del arte desde la vulgaridad y la crudeza, a la vez que honra la tradición desde una perspectiva rompedora renovándola y asignándole un sentido propio de los tiempos actuales.

Algunos/as lo tomarán como una amenaza apocalíptica, otros/as lograrán apreciar las figuras y formas detrás de los colores irradiados, elegantes y empalagosos. Chicas de clase trabajadora, de barrio, de la calle; que se visten y desvisten con poderío desde una posición de superioridad autoinfligida, que no comprendida. Enseñan sus vergüenzas sin pudor ni provocación. No son escenas intrusivas ni han sido ideadas o pintadas por un hombre. Son majas desnudas sin reclinarse en el diván.

ANÁLISIS FORMAL

En ‘Big Mr. and Mrs. Warmth’, la mujer no está sola aunque su protagonismo es patente. De este modo, la composición presenta a dos figuras dispuestas en primer plano, recortadas sobre un fondo monocromo rojizo que parece actuar como preludio de un suceso incandescente. Al no haber nada más que dos cuerpos en posiciones contrarias, que muestran sorpresa y calma al mismo tiempo; nuestra atención está focalizada en ellos. Además, el espacio está cortado, apurado, sin aire que ofrezca un respiro visual.

Dando buena cuenta de lo banal y kitsch, la mujer viste un mini bikini de lunares brillantes y deliberadamente dispuesto que complementa con un make up de colores estridentes, especialmente en los ojos, siendo la nota discordante en una cara que parece prender en llamas. El detalle de la cadena a la cintura actúa como continuación del cuadro extendiéndose hacia los dominios del espectador a modo de prolongación de la escena. Su expresión es ambigua: una boca abierta que pasa por la sorpresa, el placer y la caricatura. Junto a ella, el hombre es consolado aunque mantiene una expresión perspicaz e irónica que, se intuye, parece asumir un destino trágico. O dominador.

‘Big Mr. and Mrs. Warmth’ (2020)

El audaz tratamiento pictórico de Lisa combina una ejecución muy pulida en el modelado de la carne con zonas de transición cromática suave. El rojo domina pero deja que el cuerpo de la joven se presente ligeramente iluminado usando con gusto el claroscuro de su admirado Caravaggio. Una muestra más de esa formación y conocimiento de las tradiciones clásicas de la pintura al óleo, en este caso, al servicio del contraste con la artificialidad del color y propia escena. Es a partir del propio tono desde el que se unifica la escena y palpa la significación emocional. El rojo evoca lujuria, calor, deseo, peligro, erotismo. WARMATH.

Ya sabemos que Yuskavage no es de las que ofrece una golosina fácilmente degustable. Su creación te reta e inquieta a partes iguales. No queda claro si la imagen se clasifica como erótica o, por el contario, dispone de un sentido crítico. De forma que ambas lecturas conviven y se tensionan.

Obviamente, la figura femenina está constituida para ser mirada, aunque su expresión exagerada rozando lo caricaturesco lucha con la satisfacción de cualquier fantasía. Así que, por qué interpretación optamos. ¿Satisfacemos un puro acto de deseo contemplativo o asumimos un papel enjuiciador basado en la violencia simbólica?

Puede que la pista nos la ofrezca el personaje masculino al funcionar como contrapunto. Él es silencio, secundario y refuerza la inversión de jerarquías tradicionales en la representación de la pareja. A pesar de todo, se muestra divertido sabiendo que, aunque asume una posición sumisa dentro de lo simulado, tiene el poder en el mundo real.

CURIOSIDADES

Teniendo en cuenta todo lo expuesto hasta aquí, no resultará extraño pensar que, parte de su trabajo, fuera rechazado por museos y criticado duramente, especialmente, por figuras conservadoras. Sin embargo, el tiempo pone todo en su sitio y hoy es una de las pintoras figurativas más valoradas del mercado estadounidense. Algunas de sus obras han superado el millón de dólares en subasta. En los tiempos que corren, incluso, puede parecer una cifra discreta para el mercado del arte pero, cierto es que, a diferencia de la mayoría de artistas contemporáneos de su generación, no cultiva una imagen pública espectacular.

No vive en una perfomance constante y eso termina quitándole followers. Da pocas entrevistas personales, evita el protagonismo mediático y mantiene una separación muy clara entre vida privada y obra.

Una de sus frases más citadas es: «I only load the gun», lo que viene a significar que ella sólo carga la pistola. Y lo hace para que sea el espectador quien pulse el gatillo y decida con su acción deliberada a qué significado disparar.

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Pintura

Baile en el Moulin de la Galette

COMENTARIO HISTÓRICO ARTÍSTICO DEL BAILE EN EL MOULIN DE LA GALETTE

CONTEXTO HISTÓRICO

«Baile en el Moulin de la Galette», pintado en 1876 por Pierre-Auguste Renoir, es una de las obras más emblemáticas del movimiento impresionista. En este periodo, Francia se encontraba en plena transición política y social tras la caída del Segundo Imperio y la instauración de la Tercera República en 1870. París, en particular, experimentaba una transformación significativa tras las reformas urbanísticas lideradas por el barón Haussmann, que dieron lugar a amplias avenidas, parques y espacios públicos ideales para la vida social y cultural.

El impresionismo, como movimiento artístico, surgió como una respuesta a las rígidas tradiciones del academicismo. Los impresionistas, entre ellos Renoir, Claude Monet, Édouard Manet y Camille Pissarro, buscaban representar la vida moderna con un enfoque en la luz, el color y los momentos fugaces. Rechazaban las narrativas históricas o mitológicas, prefiriendo en cambio escenas de la vida cotidiana. Este cuadro, ambientado en el famoso salón de baile Moulin de la Galette, captura el espíritu de la época: una sociedad que celebraba la modernidad, el ocio y el placer.

El Moulin de la Galette, ubicado en el barrio de Montmartre, era un lugar muy popular entre la clase trabajadora y los artistas. Era conocido por su ambiente festivo, donde se podía bailar, beber y socializar al aire libre. En esta obra, Renoir inmortaliza un domingo típico en este lugar, mostrando a la gente disfrutando del baile y la conversación en un entorno animado y despreocupado.

BIOGRAFÍA DEL ARTISTA

Pierre-Auguste Renoir (1841–1919) nació en Limoges, Francia, en el seno de una familia modesta. Desde joven mostró un talento excepcional para el arte, trabajando inicialmente como decorador de porcelanas, lo que le permitió desarrollar una sensibilidad por los colores y los detalles. Más tarde, estudió en la Escuela de Bellas Artes de París, donde conoció a otros artistas que, como él, se rebelaban contra las tradiciones académicas.

Renoir fue un miembro central del movimiento impresionista, participando en varias de las exposiciones del grupo en la década de 1870. Su obra se caracteriza por el uso de colores brillantes, una representación innovadora de la luz y un interés por la figura humana, especialmente femenina. Sin embargo, hacia finales de su carrera, Renoir adoptó un estilo más clásico, influido por los grandes maestros como Rafael e ingresando en una etapa más formal y académica.

Renoir destacó no solo por su virtuosismo técnico, sino también por su capacidad para transmitir emociones a través de sus obras. Pintó tanto retratos como escenas de género y paisajes, siempre celebrando la belleza y la alegría de la vida.

ANÁLISIS FORMAL

Baile en el Moulin de la Galette
Baile en el Moulin de la Galette

Técnica y pincelada

Renoir utiliza la técnica al óleo sobre lienzo, característica del impresionismo. Las pinceladas son rápidas, sueltas y fragmentadas, lo que crea una sensación de movimiento y fluidez. Esta técnica permite captar los efectos cambiantes de la luz y el color, dando vida a la escena.

Composición

La composición es dinámica y compleja. En el primer plano, vemos a un grupo de figuras sentadas, en particular dos mujeres que conversan animadamente con un hombre. Este grupo sirve como un punto de entrada visual a la escena. En el plano medio, las parejas bailando crean una sensación de movimiento circular, que guía la mirada del espectador hacia el fondo, donde los árboles y las luces colgantes sugieren un ambiente festivo al aire libre. La disposición de las figuras y la profundidad de la escena logran un equilibrio entre caos y orden.

Uso de la luz

La luz en esta obra es uno de los elementos más destacados. Renoir recrea la interacción de la luz natural filtrada a través de los árboles, que produce un juego de sombras y reflejos sobre las figuras y el suelo. Este efecto de luz parpadeante, casi palpable, es una de las características más apreciadas del impresionismo.

Colores

La paleta de colores es cálida y vibrante, dominada por tonos pastel y matices de azul, verde, rosa y amarillo. Renoir utiliza el color no solo para describir la realidad, sino también para evocar una sensación de alegría y ligereza.

ANÁLISIS ICONOGRÁFICO

Contexto social

La obra representa una escena de la vida cotidiana en el París de finales del siglo XIX. El Moulin de la Galette era un lugar donde la clase trabajadora y los artistas podían relajarse y disfrutar de un día de ocio. Renoir evita cualquier crítica social o comentario político, optando por una representación idealizada y optimista de la vida urbana.

El tema del baile

El baile, como actividad social, es un tema recurrente en la obra de Renoir y otros impresionistas. Simboliza no solo el placer y la celebración, sino también la interacción humana y la comunidad. En este cuadro, las parejas bailando en el centro de la composición representan el espíritu colectivo de la época.

Las figuras femeninas

Las mujeres son el foco de atención en muchas de las obras de Renoir, y «Baile en el Moulin de la Galette» no es la excepción. Las figuras femeninas, con sus vestidos coloridos y sus expresiones animadas, transmiten una sensación de gracia y vitalidad. Renoir tenía una especial admiración por la belleza femenina, que a menudo representaba de manera idealizada.




CURIOSIDADES

  1. El lugar en la actualidad: Aunque el Moulin de la Galette original ya no funciona como salón de baile, el edificio aún se conserva en Montmartre y es un sitio histórico.
  2. Modelos reales: Muchos de los personajes retratados en la obra eran amigos de Renoir o personas que frecuentaban el lugar. Se dice que incluso algunos colegas artistas aparecen en la pintura.
  3. Proceso creativo: Renoir pintó esta obra al aire libre, algo inusual para una composición tan grande. Esto le permitió captar directamente la luz y la atmósfera del lugar.
  4. La versión pequeña: Existe una versión más pequeña de esta pintura, que Renoir realizó como un estudio preliminar. Esta versión se encuentra en una colección privada y es ligeramente diferente en términos de composición y detalles.
  5. Influencia en otros artistas: Esta obra fue una fuente de inspiración para otros impresionistas y sigue siendo una referencia en la historia del arte.

CONCLUSIÓN

«Baile en el Moulin de la Galette» es una obra que captura el espíritu del impresionismo y el ambiente festivo de la vida parisina. Renoir, con su maestría técnica y su enfoque en la luz, el color y la figura humana, logra transmitir una sensación de alegría y vitalidad que sigue resonando con los espectadores hoy en día. Este cuadro no solo es un testimonio de la habilidad artística de Renoir, sino también una ventana a un momento específico de la historia cultural de Francia.

GALERÍA DE IMÁGENES

BIBLIOGRAFÍA

  1. Distel, Anne. Renoir. Harry N. Abrams, Inc., 1990.
  2. Rewald, John. The History of Impressionism. Museum of Modern Art, 1973.
  3. House, John. Impressionism: Paint and Politics. Yale University Press, 2004.
  4. Musée d’Orsay. “Renoir and Impressionism.”
  5. Thomson, Richard. The Private Lives of the Impressionists. Random House, 2007.

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Pintura

Autorretrato en un bugatti verde

COMENTARIO HISTÓRICO ARTÍSTICO DE AUTORRETRATO EN UN BUGATTI VERDE

CONTEXTO HISTÓRICO-ARTÍSTICO

Tamara de Lempicka probablemente es el nombre de la artista que más representa la estética de los llamados Locos años veinte. Cuando evocamos esta época, nos viene a la cabeza la obra literaria de F. Scott Fitzgerald, El Gran Gatsby en la que se refleja un mundo de lujo y diversión pero que es más aparente que real, y que está lleno de fisuras. Aunque este estilo nació en Francia, son las ciudades norteamericanas, especialmente Nueva York, las que se convirtieron en paradigma del art decó.

La sociedad de esta época estuvo marcada, entre otras cosas, por una nueva burguesía adinerada con tendencia a la opulencia y la sofisticación. Aunque fue un momento socialmente convulso, con importantes sesgos y mucha pobreza, una burbuja bursátil hizo crecer una clase social media alta que accedió a un estatus antes reservado solo para la aristocracia; nuevos ricos llenos de optimismo y con un marcado gusto, no solo por el lujo, si no también por la tecnología y el progreso.

Este grupo social rompió con la tradición para convertirse en imagen de un nuevo mundo que nacía tras las cenizas de la devastación de la Primera Guerra Mundial. Pero fue más que una realidad, un espejismo que se rompió con el crack de 1929, cuando el negocio de la Bolsa acabó quebrándose debido a un juego financiero sin escrúpulos carente de normas y de ética.

El art decó fue un estilo artístico que se desarrolló entre 1920 y 1939, alargando su influencia hasta la década de los 50, y que abarcó todas las artes, especialmente las decorativas.

El punto de inflexión, lo encontramos en la Exposición Internacional de Artes decorativas e Industria moderna celebrada en París en 1925. La premisa principal de esta Exposición fue la modernidad y el alejamiento de cualquier inspiración en la tradición o estilo del pasado.

En su propio reglamento de participación se exigía que todo lo que se presentara fuera totalmente nuevo y que no se hiciera ningún tipo de sugerencia a un tiempo pasado que se quería superar, especialmente el academicismo y el historicismo. 

Las ideas fundamentales que fomentaron la exposición, se convirtieron en las premisas clave del art decó: todos los objetos debían tener un diseño, incluso los fabricados en serie y este debía ser adecuado a su función, huyendo de lo recargado y suntuoso.

El concepto del arte decorativo estaba ya en decadencia, y era rechazado por la arquitectura racionalista del movimiento moderno que apreciaba más las formas estructurales y la plasticidad de los materiales de los edificios que la posibilidad de decorarlos y taparlos. Esta concepción se enfrentaba claramente al modernismo o art noveau. 

La renovación y revalorización de las artes aplicadas ya había sido iniciada con el movimiento Arts & Crafts. La base debía ser un diseño sencillo, que en sí, también podía ser bello. Aunque esta idea no surgió en esta exposición, sí que se quedó declarada abiertamente, constituyéndose la base de un estilo refinado y exquisito que se popularizó gracias al éxito de la exposición, que fue visitada por más de 16 millones de personas, convirtiéndose así en clave del éxito del art decó.

Podemos decir que nunca antes se había montado un evento con tan clara intención de anunciar el nacimiento de un nuevo estilo francés. Y aunque se presentó como una tendencia totalmente nueva, en realidad surgió con una gran capacidad de absorción de influencias muy diversas y dispares.

Una de ellas fue el arte antiguo egipcio, debido a que fue un momento de grandes hitos arqueológicos, especialmente tuvo gran repercusión el descubrimiento de la tumba de Tutankamón por parte de Howard Carter y su equipo (1922).

También las vanguardias pictóricas que dominaban la escena artística intelectual dejaron su impronta a nivel estético pero eso sí, carente de fondo, como el cubismo y el movimiento holandés de De Stijl, de los cuales se tomó la línea recta y la geometrización de las formas así como la ausencia de perspectiva tradicional; de la Bauhaus, su concepto del diseño sencillo, geométrico y funcional, y de estilos como el futurismo o el constructivismo heredó el gusto por mostrar un mundo tecnológico representado por el movimiento y la velocidad.

En definitiva, podemos afirmar que el art decó se definió por ser un movimiento artístico que abarcó todas las artes y que alcanzó gran popularidad. Un arte que representaba el lujo y la sofisticación, que no pretendía realizar ninguna crítica social ni transmitir ideas intelectualmente complejas sino reflejar un mundo moderno, optimista y elegante para una clase media alta que se sentía privilegiada.

Por esto, ha sido muy criticado, por ser un arte mainstream, superficial y exento de profundidad, por basarse en la estética, en lo bello, en lo excesivo, y no trasmitir ninguna lectura profunda.

Se caracterizó por el uso de la línea recta y angulosa, por la geometría de las formas, que en ocasiones se inspiraban en las máquinas y creaban diseños aerodinámicos, por la relectura de culturas exóticas, reflejadas especialmente en la ornamentación, y por una paleta de colores brillantes, incluso metálicos.

Si el art nouveau se inspiró en la naturaleza para crear sus formas sinuosas, el art decó lo hizo en las líneas rectas de las máquinas. Si las vanguardias vinieron a conceptualizar el arte, el coetáneo art decó se quedó en la objetualización de la creación de diseños.

Unas creaciones que abarcaron a todas las artes; lo encontramos representado en la decoración de interiores (Eileen Gray), en el diseño de joyas (Louis Cartier) y de moda (Coco Chanel), en la ilustración (Erté), en la pintura (Aleksandra Ekster), la escultura (Cristo redentor de Paul Landowski), en la arquitectura (Edificio Chrysler de William van Alen), e incluso en el cine (Metrópolis de Fritz Lang).

TAMARA DE LEMPICKA

Tamara de Lempicka

Tamara de Lempicka (1898-1968) fue una mujer con una gran personalidad que generó en su tiempo una gran fascinación en torno a su persona. Fue una figura arrolladora, que tuvo que derribar estereotipos  y salir de situaciones verdaderamente complicadas.

Nacida en Varsovia en el seno de una familia burguesa y casada con un empresario de la alta burguesía rusa, huyó de Moscú tras la revolución rusa, cuando su marido pudo salir de la cárcel. Su posición política siempre fue conservadora, incluso antisemita, lo que posiblemente le llevó a no congeniar con los movimientos de vanguardia políticamente posicionados, pero su actitud ante la vida fue moderna y avanzada.

Fue una mujer libre, que vivió su sexualidad sin condicionamientos y que se mostró independiente de cualquier yugo patriarcal. Tomó sus decisiones y fue consecuente con sus creaciones que le dieron un gran éxito, no solo como pintora si no también como diseñadora, tanto en Francia como en EE.UU, durante las décadas de los veinte y los treinta del pasado siglo.

Fue criticada de superficial por realizar una obra decorativa exenta de expresividad y emoción. Este argumento todavía hoy pesa sobre su arte. Pero si una artista debe representar el mundo que le rodea, manifestar la realidad en la que nacen sus creaciones, Tamara de Lempicka esto lo hizo de manera extraordinaria. Nadie como ella ha representado el lujo y la sofisticación de los locos años 20, retratando a hombres y mujeres de la época, caracterizados por un volumen rotundo, unas formas sensuales y un colorido brillante.

Su gusto por la representación humana es heredada del estudio de los clásicos. Especialmente, le influyeron los artistas del quattrocento italiano, y del pintor francés, Ingres. Pero en su formación, las vanguardias tuvieron peso. Como gran creadora que fue, absorbió influencias cubistas, de hecho en sus primeras obras encontramos cuadros realizados totalmente en este estilo. Del fauvismo y del expresionismo aprendió la importancia del color.

Los colores planos y brillantes de sus obras son unos de los aspectos que hacen reconocible su trabajo. También sus encuadres, donde las figuras ocupan todo el formato del lienzo, y por supuesto, el punto de vista con el que mira a sus personajes, que incluye a quien observa hasta el límite donde empieza el cuerpo.

La presencia del desnudo femenino en sus cuadros es constante; una reivindicación del cuerpo de la mujer desde un punto de vista nuevo, en la que este se muestra libre, rotundo y sin complejos. Su gran modelo fue una prostituta parisina, a la cual convirtió, además de en su amante, en su ideal de belleza . 

Lejos de los círculos intelectuales, toda la alta sociedad quería ser retratada por Lempicka; a ellos los pintaba fríos y elegantes, y a las mujeres las retrataba como la nueva mujer, un concepto socialmente revolucionario que mostraba mujeres con una nueva feminidad contraria a la estructura de dama victoriana vigente hasta hora. La propia Tamara de Lempicka fue representante de este nuevo paradigma.

La cultura patriarcal del siglo XIX definía a la mujer perfecta como aquella que seguía las consignas religiosas de decencia y se ceñía a ocupar el ámbito doméstico; así eran las llamadas the true woman.

Con el inicio del siglo XX aparece en la contracultura americana la new woman, una mujer libre e independiente, con estudios, que no tiene como objetivo vital el matrimonio y que no se va a limitar al papel de madre. Autores como Sara Grand (The new aspect of the women questions de 1894) o Hernry James (Las bostonianas,  de 1886) a finales del XIX ya mostraron cómo las ideas progresistas iban a redefinir los roles femeninos.

La nueva mujer que representaba la propia Lempicka y que ayudó a difundir, estaba asociada con la juventud, la libertad y la modernidad, por tanto también, con la cultura de masas, el consumismo y la libertad sexual. Las actrices del momento como Josephine Baker o Sara Bow representaron este ideal, que tuvo su reflejo en un personaje de dibujos animados, Betty Boop.

El modelo de mujer evoluciona desde las Gibson Girls de la década de los 90 del XIX hasta las Flappers girls de la década de los 20 del XX. El liberalismo social tras la Primera Guerra Mundial  trajo un deseo femenino de romper con lo establecido y superar la opresión machista. En lo estético, las mujeres se quitaron el corsé, se maquillaron de manera llamativa, se cortaron el pelo, se acortaron las faldas, se enjoyaron y llevaron un vestuario vistoso lleno de plumas y lentejuelas.

Los retratos femeninos de Tamara de Lempicka muestran a estas mujeres modernas, bellas y seguras de sí mismas.

Cuando muestra grupos de chicas las presenta en ocasiones en momentos con un alto contenido sensual; algo que no denota voyeurismo ni fantasía al venir de una mujer; muestra un erotismo sin contrapunto machista.

Tamara de Lempicka en su Autorretrato en un bugatti verde de 1929 se muestra como una nueva mujer, una mujer de su época.

Autorretrato en un bugatti verde

Autorretrato en un bugatti verde fue una obra de encargo para ser portada de la revista feminista alemana Die dame, que pretendía mostrar a una mujer liberada del mundo doméstico y autosuficiente.

En Autorretrato en un bugatti verde aparece representada conduciendo un coche moderno, una actividad antes solo reservada para los hombres, en la que también hace un homenaje a la bailarina Isadora Dunkan, fallecida en un accidente de tráfico. La sofisticación marca la imagen en la que, desde un punto de vista diagonal, se nos muestra a una mujer decidida.

El coche que aparece en Autorretrato en un bugatti verde está incompleto, tan solo muestra los elementos suficientes para reconocerlo, y en el centro el bello rostro de la artista, enmarcado en un casco de piel, con los párpados sensualmente caídos, y unos labios rojos seductores. ¿Quién se puede resistir a este carisma?

Tamara de Lempicka siempre se mostró con una imagen estética perfecta, consciente de la importancia de lo que proyectaba y que lo reflejó no solo en su vestimenta, su maquillaje y sus joyas, si no también en la decoración de su casa. Su personalidad caprichosa e incluso descarada, tenía tendencia a la depresión, y cuando cayó en el olvido, se autoexilió en México, donde vivió hasta su muerte.

Durante la década de los 70 su figura se recuperó, y personajes de Hollywood invirtieron comprando su obra. Verdaderos apasionados de su estética son Barbara Streisand, Jack Nicholson y Madona, que incluye obras de ella en varios de sus videoclips.

La influencia posterior de Tamara de Lempicka es innegable, aunque es menospreciada por ciertas esferas porque su legado es más cercano a la cultura de masas que a ideales políticos, no se puede olvidar que como icono de la modernidad desafió los roles de género en una época llena de jazz, descontrol y lujo.

Posiblemente, esta artista es de los pocos nombres femeninos que se han rescatado de la historia, y se comienza a revalorizar y a exponer, aunque mucha de su obra está en colecciones privadas. Se hace necesario un estudio global sobre su obra y su persona que de momento, todavía sigue pendiente.

«Vivo en los márgenes de la sociedad y, las reglas de la sociedad normal, no se pueden aplicar a aquello que vive al límite»

BIBLIOGRAFÍA

  • PEREZ ROJAS, FRANCISCO JAVIER (2008), La exposición internacional de artes decorativas e industriales modernas de parís de 1925 y la crítica española. Universidad de Valencia, España.
  • ANDREU, JESÚS (2005), Tamara de Lempicka. Barcelona
  • CLARIDGE, LAURA (1999) Tamara de Lempicka.
  • WOLF, N. (2016) Art decó.




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Pintura

La Inmaculada Concepción de El Greco

COMENTARIO HISTÓRICO ARTÍSTICO DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE EL GRECO

Introducción

La representación de la Inmaculada Concepción constituye uno de los temas más recurrentes y significativos del arte religioso español, especialmente durante los siglos XVI y XVII. En este contexto, la interpretación realizada por El Greco adquiere una relevancia excepcional, tanto por su originalidad estética como por su profundidad espiritual.

Esta obra no debe entenderse únicamente como una imagen devocional, sino como una síntesis de pensamiento teológico, sensibilidad artística y experimentación formal. El Greco, con su estilo inconfundible, transforma un tema tradicional en una experiencia visual cargada de misticismo, donde la realidad tangible se disuelve en favor de una dimensión trascendente.

En el contexto de la España de la Contrarreforma, donde el arte tenía una función pedagógica y espiritual, esta pintura cumple un papel clave: no solo ilustra una doctrina, sino que busca conmover, elevar y acercar al espectador a lo divino. La obra, por tanto, se sitúa en la intersección entre arte, religión y emoción.

Biografía del artista

El Greco (Doménikos Theotokópoulos) nació en 1541 en la isla de Creta, territorio entonces bajo dominio de la República de Venecia. Su formación inicial estuvo profundamente influida por la tradición iconográfica bizantina, lo que explica su temprana inclinación hacia la espiritualidad y el simbolismo.

En torno a 1567 se trasladó a Venecia, donde entró en contacto con la pintura renacentista italiana. Allí asimiló el uso del color de maestros como Tiziano, así como el dinamismo compositivo de Tintoretto. Posteriormente, se estableció en Roma, donde conoció el manierismo y desarrolló una mayor libertad formal.

Sin embargo, fue en Toledo donde alcanzó la madurez artística. Instalado en esta ciudad a partir de 1577, desarrolló un lenguaje pictórico completamente personal, caracterizado por:

  • Distorsión intencionada de las proporciones
  • Intensidad emocional
  • Uso simbólico del color
  • Composiciones verticales y dinámicas

A pesar de no gozar siempre del favor de la corte, El Greco fue muy apreciado en círculos religiosos y locales. Murió en 1614 en Toledo, dejando una obra que sería redescubierta siglos después como precursora de la modernidad.

Contexto histórico y artístico

La obra se inscribe dentro del periodo de la Contrarreforma, impulsada por la Iglesia Católica tras el Concilio de Trento. En este contexto, el arte adquirió un papel fundamental como herramienta de enseñanza y reafirmación de la fe.

España se convirtió en uno de los principales defensores del dogma de la Inmaculada Concepción, incluso antes de su proclamación oficial en 1854. Esta devoción se tradujo en una abundante producción artística centrada en la Virgen María.

El Greco, aunque influido por Italia, adaptó su estilo a las necesidades espirituales españolas, desarrollando un lenguaje visual profundamente místico que encajaba perfectamente con las corrientes religiosas de su tiempo.

Descripción general

La imagen presentada corresponde a una de las versiones más complejas y expresivas de la Inmaculada Concepción realizadas por El Greco. En ella, el artista desarrolla una visión profundamente espiritual y dinámica del dogma mariano, alejándose de las representaciones más estáticas y tradicionales.

La escena se sitúa en un espacio indefinido, completamente dominado por lo celestial. La Virgen María aparece en el centro de la composición, elevada sobre un conjunto de nubes y figuras angelicales, mientras asciende hacia una fuente de luz sobrenatural situada en la parte superior. La pintura no busca representar un espacio real, sino una realidad trascendente.

Análisis formal

La Inmaculada Concepción de El Greco

Composición y estructura

La composición responde a un esquema claramente vertical y ascensional, característico del lenguaje visual de El Greco. Toda la obra está organizada en torno a un eje central que guía la mirada del espectador desde la zona inferior —donde se insinúa el mundo terrenal— hasta la cúspide luminosa.

A diferencia de las composiciones renacentistas equilibradas y racionales, aquí encontramos una estructura dinámica, casi en espiral. Los ángeles que rodean a la Virgen no están dispuestos de forma simétrica, sino que parecen girar y flotar en torno a ella, creando una sensación de movimiento continuo.

Tratamiento de la figura humana

La Inmaculada Concepción de El Greco

La figura de la Virgen constituye el núcleo visual y simbólico de la obra. Su cuerpo, alargado y estilizado, responde a los principios del manierismo, en los que la deformación se utiliza como recurso expresivo.

Su postura, con las manos cruzadas sobre el pecho y la cabeza ligeramente inclinada hacia arriba, transmite recogimiento, humildad y éxtasis espiritual. No hay peso ni gravedad en su figura: parece suspendida en un espacio inmaterial.

Los ángeles, por su parte, presentan una gran variedad de posturas y actitudes. Algunos miran hacia la Virgen, otros hacia la luz superior, generando un juego de miradas que refuerza la dirección ascendente de la composición.

Color y pincelada

El uso del color es uno de los aspectos más destacados de la obra. El Greco emplea una paleta rica y contrastada, donde predominan:

  • Azules intensos (asociados a lo divino)
  • Rojos y rosados (vinculados a la humanidad de María)
  • Dorados y blancos (símbolos de la luz celestial)

La pincelada es suelta, vibrante y en ocasiones casi abstracta, especialmente en las zonas de nubes y luz. Este tratamiento contribuye a crear una atmósfera inestable y espiritualizada.

Luz y espacio

La luz juega un papel fundamental. No procede de una fuente natural identificable, sino que emana de la parte superior, donde se concentra la presencia divina. Esta iluminación irreal transforma la escena en una visión mística.

El espacio, por su parte, carece de profundidad realista. No hay horizonte ni referencias físicas claras. Todo parece desarrollarse en un plano celestial donde las leyes de la física han desaparecido.

Análisis iconográfico

La Virgen María

La Virgen aparece como encarnación de la pureza absoluta. Su vestimenta responde a la iconografía tradicional:

  • Túnica clara → pureza
  • Manto azul → divinidad

Su actitud introspectiva y elevada simboliza su conexión directa con Dios.

La Trinidad y el ámbito divino

En la parte superior destaca la presencia de una paloma blanca, símbolo del Espíritu Santo, rodeada de una intensa luz dorada. Este elemento indica la intervención divina y sitúa la escena en un plano trascendente.

Los querubines que rodean esta luz forman una especie de corona celestial, reforzando la idea de gloria divina.

Ángeles y querubines

Los ángeles cumplen una función estructural y simbólica:

  • Sostienen visualmente la composición
  • Acompañan el ascenso de la Virgen
  • Actúan como intermediarios entre lo humano y lo divino

Su disposición dinámica contribuye al movimiento general de la obra.

Zona inferior y mundo terrenal

La Inmaculada Concepción de El Greco

En la parte inferior se aprecia un paisaje con arquitectura que puede asociarse a Toledo, ciudad donde trabajó El Greco. Este detalle conecta la escena celestial con el mundo humano.

También aparecen elementos simbólicos como flores (rosas y lirios), que aluden a la pureza y a la virginidad de María.

Interpretación global

La obra no pretende narrar un episodio concreto, sino representar una idea teológica: la concepción inmaculada de María. El Greco traduce este concepto abstracto en una imagen cargada de emoción y espiritualidad.

El alargamiento de las figuras, la falta de espacio realista y el uso expresivo del color no son errores, sino recursos destinados a transmitir lo inefable: la experiencia de lo divino.

Conclusión

Esta versión de la Inmaculada Concepción es una de las más representativas del estilo maduro de El Greco. En ella, el artista logra trascender la representación material para crear una imagen profundamente espiritual.

La obra destaca por su dinamismo, su intensidad cromática y su capacidad para transformar un dogma religioso en una experiencia visual única. A través de su lenguaje personal, El Greco anticipa formas de expresión que no serán plenamente comprendidas hasta la llegada del arte moderno.

Curiosidades

  • Existen varias versiones de la Inmaculada realizadas por El Greco, cada una con variaciones compositivas.
  • Su estilo fue incomprendido durante siglos y considerado “excéntrico”.
  • Fue redescubierto en el siglo XIX por artistas modernos que valoraron su expresividad.
  • Muchas de sus obras se conservan en el Museo del Prado.
  • Su influencia se extiende a movimientos como el expresionismo y el cubismo.

Influencia y legado

La obra de El Greco ha tenido una enorme influencia en la historia del arte. Pintores como Pablo Picasso o Vincent van Gogh encontraron inspiración en su libertad formal y su intensidad emocional.

Su forma de entender la pintura como expresión espiritual anticipa corrientes modernas que rompen con la representación realista.

Bibliografía

  • Álvarez Lopera, José. El Greco: Estudio y catálogo.
  • Marías, Fernando. El Greco: Historia de un pintor extravagante.
  • Wethey, Harold E. El Greco and His School. Princeton University Press.
  • Brown, Jonathan. La pintura en España (1500-1700).
  • Gudiol, José. Doménikos Theotokópoulos.
  • Catálogo oficial del Museo del Prado.
  • Camón Aznar, José. El Greco.




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Pintura

La Buenaventura

COMENTARIO HISTÓRICO ARTÍSTICO DE LA BUENAVENTURA

George de La Tour (1593-1652) es el máximo representante del Tenebrismo en Francia, teniendo su obra una clara influencia de la pintura holandesa y, sobre todo, de Caravaggio.

Poco o nada se sabe sobre su formación y juventud y de su vida en general tampoco hay muchos datos. Se cree que pudo pasar un tiempo en Italia, pero no hay nada que lo avale.

Disfrutó de gran fama en vida, trabajando para personajes tan destacados de la época como el Cardenal Richelieu.

Lo más probable es que nunca salió de su Lorena natal y que esas influencias que vemos en su producción las conociese a través de escritos, pinturas o estampas de diferentes artistas.

De las setenta y cinco obras que realizó, solo unas cuarenta han llegado hasta nosotros y algunas son de dudosa autoría. El tema de la datación de las obras tampoco ayuda mucho, pues solo hay dos de ellas en las que aparece su firma y fecha: Las lágrimas de San Pedro (1645) y La negación de San Pedro (1650) lo que lleva a que la cronología de su obra siga siendo hoy muy discutida.

Las lágrimas de San Pedro.

Podemos dividir su producción en dos grandes bloques: escenas diurnas y nocturnas. 

Las primeras se caracterizan por tener una luz fría y unos personajes colocados de forma casi teatral, retratando escenas costumbristas y en cierto modo jocosas.

En el segundo grupo se ve la influencia del tenebrismo de Caravaggio, pero tratado de una forma muy personal, pues la luz no procede de fuera del lienzo, sino desde dentro, luz aportada por una tenue vela o antorchas que iluminan suavemente a la figura. Este tipo de escenas están más relacionadas con la temática religiosa.

Magdalena penitente con lamparilla, hacia 1640.

Tras su muerte, cayó en el olvido y no será hasta el siglo XX cuando se descubra su obra y ocupe el lugar que le corresponde en la Historia del Arte.

ANÁLISIS FORMAL E ICONOGRÁFICO

La Tour nos muestra aquí una escena picaresca muy popular en el siglo XVII donde cuatro astutas ladronas roban a un joven incauto.

La estratagema es muy sencilla: mientras la anciana lo distrae con la excusa de leerle la mano para conocer su futuro, las tres muchachas aprovechan sus habilidades para robarle todo lo que pueden. Las dos de la izquierda se encargan de la bolsa de monedas que el muchacho lleva colgada a su cintura. A su vez, la otra joven, de tez blanca, corta la cuerda que sostiene un medallón de oro, mientras mira de reojo al muchacho, para cerciorarse que no se está dando cuenta de nada.

Todo parece dispuesto como si fuese una escena teatral y es que muchos estudiosos así la han visto. No solo por la disposición de las figuras, sino por su vestimenta, que no corresponde con la realidad, por lo menos en el caso de las mujeres. 

Se trata de gitanas, mujeres que sobreviven como pueden y que, normalmente, no visten esas ropas tan lujosas y, además, no corresponde con la moda de la época. Por eso se ha querido ver a actores que usan trajes del teatro para representar la obra.

Este tipo de pinturas, de vida disoluta, eran muy populares en el momento, pues los artistas se valían de la parábola del hijo pródigo para poder crear escenas donde mostrar borracheras, peleas o burdeles. Eso sí, debían ir siempre acompañadas de un mensaje moral contra el pecado. Cierto es que La Tour no plasmó la vida disoluta de una forma tan explícita como sí lo hicieron otros contemporáneos, sino que nos lo muestra de una forma velada pero clara.

La parábola del hijo pródigo se recoge en el Evangelio de San Lucas y, en ella, cuenta como un padre dividió su herencia entre sus dos hijos y uno de ellos se la gastó dedicándose a la mala vida:

“Pocos días después, el hijo menor lo reunió todo y se marchó a un país lejano, donde malgastó su hacienda viviendo como un libertino”. Lucas 15; 13.

Esta no es la única obra de esta temática realizada por La Tour. De hecho, parece que formaba pareja con las pinturas de El tramposo, una pareja de pinturas donde se ve a un grupo de jugadores de cartas en medio de una partida donde uno de ellos va a perder todo su dinero gracias a las triquiñuelas del resto.

Volvamos a los personajes.

El muchacho es muy joven y de clase noble, como nos indica el jubón de cuero que viste y el resto de su ropa. Parece ser que podía pertenecer a una serie de colegios que proliferaban entonces, frecuentados por los jóvenes de clase alta. Alrededor de estos colegios, existían locales no tan recomendables para gente de su edad y condición, pues aún no habían llegado a la adultez: tabernas y burdeles eran frecuentados por ellos, entrando en contacto con el mundo adulto de una forma temprana y también sufriendo algún que otro traspiés, como el hecho de ser robados (como vemos aquí) o contraer enfermedades sexuales por frecuentar los burdeles.

Fijémonos ahora en las mujeres.

La anciana sostiene en su mano una moneda, que puede ser el precio por leerle la mano al muchacho o el cambio que la señora le devuelve al joven tras haber hecho su trabajo, aunque parece ser que la primera teoría es la buena pues, para poder leer el futuro en la mano, se necesitaba una moneda con la que hacer la señal de la cruz en la palma antes de comenzar. Si era de oro, mejor que mejor. Mientras, el joven solo atiende a la acción, expectante por conocer su futuro, aunque su rostro no lo refleje.

Toda la acción se limita al juego de manos que sucede en la parte inferior de la escena, en contraste con la aparente tranquilidad de la parte superior. Además, las miradas son claves para distraer no solo al muchacho, sino también al espectador, que se queda fijo en ellas y no presta atención al robo que se está cometiendo delante de sus narices.

Otra teoría sobre la anciana es que, en realidad, se trata de una alcahueta, que ofrecía a chicas jóvenes a estos muchachos de bien a cambio en unas monedas. 

Tanto la anciana como las jóvenes se han identificado como gitanas, además de por la comparación con los grabados de Jacques Callot sobre la vida del pueblo gitano (con el que se cuenta que convivió) por la vestimenta que llevan, sobre todo los pañuelos.

Las jóvenes vírgenes llevaban el pelo suelto y las casadas lo cubrían con una cofia o pañuelo atado en la nuca. Si el pañuelo se ataba bajo la barbilla, como ocurre con la joven del centro, indica que ni era virgen ni casada (lo que refuerza la teoría de que la chica estaba al servicio de la alcahueta). Vamos a fijarnos ahora en esta chica. Contrasta con las otras dos jóvenes, morenas de piel y pelo. En cambio, ella tiene la tez blanquísima y seguramente es rubia, cosa que podemos deducir por sus casi inexistentes cejas. Estas chicas, contaban las malas lenguas, eran muy apreciadas pues, parece ser que en realidad no eran gitanas, sino que eran chicas raptadas de niñas y criadas por ellos. 

Hoy sabemos que hay cantidad de miembros del pueblo gitano de tez blanca, pelo rubio y ojos claros. Pero nos movemos en pleno siglo XVII. Hay que entender el contexto del momento.

CURIOSIDADES

Sobre esta obra, y sobre otras de La Tour, siempre ha sobrevolado la sombra de la falsificación. De hecho, según el historiador inglés Christopher Wright, que estudió la obra a fondo, siempre dudó de la autoría del pintor francés y defendió hasta el final que la obra fue creada en los años 40 con técnicas del siglo XVII.
Esto no era nada nuevo.

Ya ocurrió algo similar con Han van Meegeren, que se dedicó a crear obras y hacerlas pasar por supuestos Vermeer, usando las mismas técnicas para crear los pigmentos, los pinceles y hasta los lienzos que usó el genio holandés. Tan bien lo hizo, que coló una de sus creaciones a un pez gordo nazi que, en su huída al ver que habian perdido la guerra, se la llevo consigo.

Volviendo a La Tour, Wright dice que encontró una clave en la pintura que confirmó su teoría; en el pañuelo de la segunda muchacha podía leerse perfectamente una palabra en francés: MERDE (mierda).

Zona donde, según Wrigth, estaba escrita la palabra «merde».

Desde el MET han desmentido que eso sea indicativo de falsificación y que, seguramente, fue añadido en una restauración posterior, siendo eliminado al llegar al museo.

El tema de cómo esta obra francesa acabó en Nueva York también tiene su aquel.

Se cuenta que en 1942, llegó a manos de un prisionero un libro con obras de La Tour y que, en él, reconoció un cuadro igual al que colgaba de la pared del castillo de su tío. No era otro que La Buenaventura. Cuando la guerra terminó, hizo examinar la pintura por un experto en arte que ratificó la autoría del pintor y su autenticidad.

Fue entonces cuando empezaron las negociaciones, parece ser que secretas, con el Louvre, para que aquella obra se quedase en Francia. Pero, como decía Quevedo (el escritor, no el cantante) “poderoso caballero es Don Dinero” y la pintura acabó en manos del marchante de arte Georges Wildenstein, quien cuentan que pagó una cantidad desorbitada.

La obra permaneció en sus manos unos diez años, siendo solo accesible a quien él quería, pasando después al MET, que la presentó en 1960.

Fue entonces cuando estalló la bomba ¿Cómo era posible que el Louvre se hubiese dejado arrebatar semejante obra maestra? Pues no hay respuesta sobre ello. Ni más convincente ni menos, pues ni el Ministro de Cultura del momento ni el Director de la sección de antiguos maestros del museo dijeron nada. Simplemente se lamentaron por la pérdida.

Nadie se puede explicar cómo habían podido expedir el permiso de exportación de la obra tan alegremente.

Sea como fuere, el resultado es que La Buenaventura está en el MET y el Louvre se quedó compuesto y sin obra.

BIBLIOGRAFÍA Y WEBGRAFÍA

HAGEN, ROSE-MARIE Y RAINER; Los secretos de las obras de arte: 100 obras maestras al detalle. Taschen.

MUSEO DEL PRADO.

https://www.museodelprado.es

THE METROPOLITAN MUSEUMS OF ART (MET)

https://www.metmuseum.org




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Pintura

El hijo del hombre

COMENTARIO HISTÓRICO ARTÍSTICO DE EL HIJO DEL HOMBRE

CONTEXTO HISTÓRICO ARTÍSTICO

Hablando de contexto, hay que tener en cuenta que cuando Magritte pinta esta obra ya contaba con 60 palos. Lo que significa que, como surrealista de pro, se había pasado el juego. Su lenguaje visual estaba tan consolidado y era tan reconocible que poco le importaba si la gente entendía lo que quería transmitir o, más bien, se quedaba “a por uvas”. Algo que, generalmente, es lo que sigue pasando.

“Um, Umm, qué interesante resulta este cuadro. Sin duda, se hace palpable que el artista quiere transmitir algo, lo siento. Esto es el arte”. Pues mira, a veces no tiene por qué serlo. No sintamos vergüenza de ver y expresar lo que vemos sin más cortapisas porque no todo tiene por qué tener un significado transcendental. Magritte, precisamente, basó su carrera en pintar lo que no está, lo que nos vemos, o lo que no sabemos interpretar. ¿Quizá, la nada? O, por el contrario, ¿el todo? Sea como sea (y en sus propias palabras): “todo lo que vemos esconde otra cosa”. Y eso, precisamente, es lo que distinguió su obra de gentes contemporáneas: aferrarse a mostrar lo que no estaba.

“Para mí la idea de un cuadro es la concepción de una o varias cosas que pueden hacerse visibles mediante mi pintura… La idea no es visible en el cuadro: una idea no puede verse con los ojos”.

René Magritte
René Magritte posando en 1965 junto a su obra ‘Fuerza de la circunstancia’ (1958).

En este ‘El hijo del hombre’ juega con la idea de autorretrato prescindiendo de lo imprescindible, su rostro. A cambio, vemos una gran manzana “granny” desafiando la norma tradicional y otorgando protagonismo a un objeto cotidiano que, además, de estar presente en otras obras del artista ¿puede? hacer alusión al pecado original. O yo qué sé, o qué se yo. Un fruto que forma parte del imaginario de y corrobora el título de la obra como una posible alusión a Cristo. Sea como sea, sigue la firme intención del pintor belga por tapar y ocultar caras. Y, aunque lo negó en varias ocasiones, puede que si llegas hasta el final de esta entrada, descubras un “posible” significado de peso. Si es que eso es suficiente para una mente surrealista de más.

Dicho lo cual, el atractivo de ‘El hijo del hombre’ no está en lo que se ve a simple vista, sino en lo que impide ver. Interpretaciones aparte, lo que es un hecho es que existe cierta tensión entre lo visible y lo invisible. Será por eso que esta obra es una de las más reproducidas y comentadas dentro del denominado arte moderno. Puede que Magritte no busque mostrarnos el mundo, sino hacernos titubear al explicar lo que creemos ver.

ANÁLISIS FORMAL E ICONOGRÁFICO

El estilo de Magritte, especialmente en la última etapa de su carrera, es fotográfico, publicitario. Por eso, la estructura es simple, frontal y estable; lo esperado en un retrato tradicional. Muy estático. Una figura parada en el centro con verticalidad bien marcada sobre un horizonte que equilibra y da profundidad al conjunto. Es gracias a esa simplicidad compositiva por la que la manzana logra su propio protagonismo raruno y sobrevalorado.

Detrás de la figura con bombín, un murete corta el espacio a la altura de sus caderas y, al fondo, puede intuirse un mar y cielo nublado. Igual el personaje está en un paseo marítimo. O no. Recordemos que lo importante aquí es el arte de ocultar. No estamos en un interior íntimo, pero tampoco en un paisaje abierto del todo. Desde luego, falta «info». La escena nos sitúa en una zona intermedia que podría interpretarse como una antesala entre lo real y lo ficticio. En el ‘Mito de la Caverna’ de Platón a medio camino entre la naturaleza y el mundo de las ideas.

Siguiendo esa intención fotográfica sin mucho adorno, la paleta es principalmente neutra (grises, negros, azules apagados), con un acento cálido sobre la corbata rojiza y la nota de color del verde brillante de la manzana. Así que, además de su posible significado, formalmente, la manzana no solo tapa sino que es la que decide y dirige el foco de atención de quien observa la obra. Por su parte, la luz es homogénea, sin pizca dramatismo o juego de luces.

Todo es real. Hay un hombre plantado de frente. Un espacio. Incluso, un mar y un cielo. Sin embargo, la manzana que flota e inunda el espacio consigue que, a través de un recurso sencillo y mundano, el espectador se convierta en cómplice y ansíe poder ver. Saber y completar lo que, considera, incompleto.

CURIOSIDADES

Quizá el refrán “cuando el río suena, agua lleva” no es el más acertado para empezar a contar esta historia pero es que, en toda ella, es bastante creepy. No se sabe mucho de la infancia de René pero para qué queremos más. Lo que se sabe es fuerte y, sin duda, un trauma que marcó al pintor (y a su expresión artística) de por vida. Magritte creció en un ambiente no muy saludable ni estable mentalmente. Su madre, que se afanaba en intentar suicidarse una vez tras otra, vivía encerrada en una habitación a recaudo de su padre que quería evitar la tragedia. Papelón del bueno.

‘Los Amantes’, René Magritte (1928)

Un día cualquiera, su madre, finalmente, se escapó y, tras estar deambulando perdida y sin destino, fue hallada muerta en el rio Sambre. Eso es verídico. Ya otra cosa es la fabulación que dice que el propio Magritte vio como recuperaban el cuerpo de las aguas con un camisón enrollado en la cabeza que ocultaba su rostro.

A pesar de que el propio Magritte desacreditó, en varias ocasiones, la interpretación de que ‘Los amantes’ (en sus dos versiones) estuviera influenciada por aquel mal recuerdo, se sigue manteniendo que otras obras suyas como ‘La astucia simétrica’, ‘La invención de la vida’, ‘Homenaje a Mack Sennett’ o ‘La filosofía en el dormitorio’, podrían haberlo estado también.




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